Domingo, Abril 05, 2020
   
Texto


Rincones en abierto

'En su día grande, la Caridad sigue en un taller de Murcia'

En julio de 2019, la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena, partía hacia Murcia para ser restaurada con el compromiso de que fuese a estar en Cartagena en noviembre del año pasado. Estamos en su día, 3 de abril de 2020 – Viernes de Dolores, y de manera incomprensible aún sigue allí acumulando meses de retrasos y con la grave desconsideración de no haber tenido la más mínima previsión con los ciudadanos de Cartagena.

Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, con la Virgen de la Fuensanta sí que hubo más tacto y desde hace ya un mes salió del taller. Así, nuevamente la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma incumple flagrantemente con Cartagena y tendrá que explicarnos qué ha podido fallar para que nuestra Patrona siga en un taller de Murcia en su día grande de los años más tristes que se recuerdan.

Desgraciadamente, tampoco hay novedades de la presentación anunciada del Plan Director de la Catedral de Cartagena Santa María la Mayor encargado a Juan de Dios de la Hoz por la Diócesis Cartaginense.
Si bien entendemos que no es aconsejable hacer una presentación física, con voluntad se podría hacer una presentación telemática o por videoconferencia, y así cumplir con los ciudadanos de Cartagena en estos días de tanto dolor y desconcierto.

 

'Este tren de Auschwitz'

Fueron muchos los trenes que llegaron a Auschwitz durante aquel aciago 1943, pero el último –según nos cuenta la famosa película- era solo de judíos. Antes los había habido de comunistas, gitanos, contrarios políticos…

Sí, aquellos eran 'solo' judíos. Hombres, mujeres y niños, vinculados por esa condición étnica o religiosa. No todos fueron  asesinados: solo los que no resultaban útiles para el trabajo forzado: las mujeres, los niños, los depauperados… o los viejos.

Ahora ya no existe ese atroz genocidio racial. Ahora, en nuestra sociedad occidental consideramos la dignidad del hombre como “persona”, como individuo-social, con plenitud de sus derechos sociales y políticos, sin consideración de su sexo, ni condición social, ni color de su piel, ni  creencias, ni  inclinación sexual, ni su edad …

Bueno, todo eso era 'hasta ayer'. Porque desde 'ayer', aunque continúa sin considerarse raza, sexo (con sus variantes), creencias, etc., sí se valora otra característica humana: la edad, en orden a priorizar la asistencia médico-hospitalaria en el ámbito de la tremenda pandemia que estamos sufriendo, y que en España tiene una de las peores consecuencias.

Ya es prácticamente oficial la 'recomendación' a las unidades  médicas de UC, de los hospitales  de 'priorizar' la atención en virtud a la 'esperanza de vida de los pacientes'.

Cuando aquellos patéticos trenes arribaban a su trágico destino final veíamos (en la película) cómo se formaban varios grupos, según el destino predeterminado: Unos a los campos de trabajo; otros a mal morir en aquellos siniestros barracones… Los viejos, enfermos o depauperados directamente 'a la ducha' .

En nuestros magníficos hospitales, de los que estamos legítimamente orgullosos desde hace muchos años, no tenemos  ni campos de trabajo, ni 'siniestros' barracones , ni mucho menos  duchas de gases venenosos .

Las mujeres (hasta los 65 años), los niños, los pobres (hasta los 65 años), los ricos ( bueno, esos no se yo…); los rojos y los azules (hasta 65 años); los creyentes, los agnósticos, los ateos (hasta los 65 años); los de la LGTBI (hasta los 65 años);los de cualquier raza (hasta los 65 años), etcétera. Todos ellos tienen asegurada la mejor asistencia posible.

¡Más, ay de los han cumplido los 65 años de edad! Ellos, enfermos en número superior a las posibilidades de las abarrotadas UCIs van a entrar en una evaluación bastante empírica en la que le asignarán un número (parecido, por cierto, a la estrella amarilla que aquellos desgraciados de Auschvichtz llevaban en la camisa) donde podrán '2 años, o 5 años y 6meses, o 15 años…'. Y ese número les va a señalar su 'futuro asistencial', vamos, el equivalente  a la alternativa entre los campos de trabajo, el camastro en el barracón… o, directamente, la ducha.

No es lícito señalar el futuro -como veíamos-, las posibilidades de un paciente por el sexo, la condición social, económica, sexual, religiosa, racial… ni cronológica.

Solo el médico, 'ese médico' enfrentado a una terrible decisión, puede asignar un tratamiento u otro: Ante su responsabilidad… y sus juramentos. Sin 'instrucciones' superiores, sin '”protocolos', sin 'sugerencias'… 

 

'Procesiones en casa'

En estos días de penitencia voluntaria… y tribulación forzosa, los habitantes de esta CARM (Comunidad Autónoma de la Región de Murcia) vamos a tener el consuelo de poder rememorar la Pasión y la Resurrección de Nuestro Señor a través de la TV 7, la emisora 'de todos nosotros'. A través de ella podremos asistir mediante 30 reproducciones al 'revival' de los desfiles procesionales de Cartagena, Murcia, Lorca, Jumilla, Cieza, Alcantarilla, Yecla , Cehegín y Alhama. Lo más representativo de la Región.

Mediante esta acertada iniciativa de la Tv regional tendremos la oportunidad de emocionarnos de nuevo, ante la Virgen, en la madrugada de Viernes Santo, en la encrucijada de las ”4 esquinas”; y el precioso Resucitad (en Murcia- ciudad, claro) O los insólitos desfiles bíblicos lorquinos, únicos en el mundo ; o la Pasión de Yecla; o el Jesús Prendido de Jumilla…entre otros.

Podremos ver también la entrañable e infantil procesión “de la burrica”, en la que miles de cartageneros “nos” iniciamos en la pasión procesionil, ya para siempre….

En fin, acertada iniciativa que nos va a permitir asistir a través de la Tv de las más señaladas procesiones de nuestra CARM… Bueno, de muchas de ellas, ya que ninguna de las tres más importantes de Cartagena (de ”Interés Turístico Internacional) va a ser emitida. Ni Miércoles Santo, ni Jueves Santo, ni Viernes Santo…

Pero si nos defrauda la ”emisora de todos”, siempre queda la cartagenera.

Y la esperanza.

   

El encierro y el gobierno de la nave

La mayoría de los marinos hemos vivido confinamientos más duros que el que ahora vivimos en España. Largos viajes en el reducido espacio habitable de un buque aislado en el océano. Días y días de sol y moscas que hemos aprovechado para leer y aprender.

La mayoría de los marinos hemos soportado la zozobra de un temporal que amenazaba con echarnos a pique. Escoras que barrían el camarote, pantocazos como pequeños seísmos durante los cuales el buque se estremecía. Largos días oscuros. Así hemos aprendido a respetar la mar y temer al viento que la causa. Y sabemos que las personas revelan su condición en esos momentos difíciles, dramáticos, en los que nos estamos jugando el futuro. Nadie tiene que enseñarnos, por tanto, el valor de la autoridad basada en el conocimiento, la profesionalidad y el temple.

Nadie conoce mejor que nosotros los estragos que provocan los cobardes y los insolidarios que se esconden de su deber. Y nadie más capacitado que nosotros para distinguir a quienes saben, ordenan y aplican la mejor opción para evitar el naufragio y salvar la nave con los menores daños. Por eso no estamos alarmados por el virus ni angustiados por el encierro. Por eso estamos acongojados por el gobierno de la nave, inquietos ante la palabrería de quienes no saben qué hacer. Esos presidentes, ministros y ministras, consejeros y consejeras que exhiben sus galones, pero hablan y actúan como si fueran mozos de cubierta. Los que en su vida no han hecho otra cosa que vivir del cuento comprado con veinte euros de marxismo. Esos irresponsables de aquí y de allá que con el buque en peligro siguen discutiendo sobre la desaparición de un queso el mes pasado. Esos oficiales (funcionarios), agazapados como siempre en la indiferencia del que sólo espera órdenes, pero no duda en evitar que actúen los demás. Eso es lo que nos preocupa. Con buen tiempo y la mar en calma, todos, o casi todos, somos buenos navegantes. Las manías se toleran sin esfuerzo. La nave va, los marineros pican y pintan las cubiertas, los marmitones y cocineros preparan la pitanza, los oficiales atienden sus guardias mientras en la máquina todo funciona como un reloj.

El país progresa. Pero cuando nos alcanza la tempestad, la escora aumenta en cada bandazo y las olas rompientes barren las cubiertas, aparece el miedo egoísta que algunos escondían, los oficiales presentan su saber, el jefe demuestra lo que es y el capitán desvela su auténtico valor. Si no hubiera temporales, todos serían marineros. Lo mismo pasa con los políticos. Aguantamos su vacuidad en época de bonanza. Callamos ante sus disparates y nos reímos de su simpleza. Pero ahora, con la crisis, los vemos desnortados, mentirosos, incapaces. Recitan obviedades infantiles mientras tiemblan ante la realidad. No saben y se han rodeado de ignorantes para ocultar su mal saber. Hay excepciones, claro, muchas afortunadamente en el sector marítimo-portuario, pero estamos alarmados. No por el virus ni por el encierro, sino por el gobierno de la nave. De seguir así, naufragaremos una vez más.

 

'Triaje... ¡Socorro!'

Muchos de nosotros, ante accidentes o dolencias 'no críticas', hemos pasado por los triajes de nuestros hospitales, de nuestras salas de Urgencias. Allí, generalmente, un miembro de Enfermería atendía nuestro caso, comprobaba la gravedad o no de las dolencias y nos remitía  al médico de guardia, o a una cama de observación, o a una de de 'resucitación', o cuidados intensivos, según el caso. Por eso, cuando, tras leve espera, éramos llamados a la unidad de triaje acudíamos a él aliviados, confiados… Ahora, en esta situación de profunda alarma social, de terrible desgaste sanitario, de dramático peligro social, la situación ha cambiado; al menos en lo que se refiere a la pandemia viral que estamos sufriendo.

Con el preocupante diagnóstico (o presunción de él) de la coronaviriasis comienza una clasificación , acción obligada por la patética y materialmente  imprevisible limitación de medios asistenciales. En el caso que la situación sea considerada 'leve' seremos confinados en nuestra casa; pero si no es tan leve ocuparemos una cama 'normal' de un hospital normal, o de uno de los que ha sido necesario habilitar…  o una colchoneta.

La cuestión cambia si nuestra patología se convierte en grave; si tenemos  problemas respiratorios, disnéicos, neumónicos… Porque ellos, en muchos casos, requieren la ”respiración asistida”, la intubación, la sedación (¡la buena, la realizada con el propósito de salvar…!). El problema consiste en que hay una grave desproporción entre los pacientes que requieren  esos medios y los medios existentes, que no pueden ser fácilmente improvisados.  Es el dramático momento en que hay que elegir, en que hay que realizar un 'triaje patético…'.

Como en un naufragio… A un bote de salvamento atestado, en el que solo es posible incluir a un solo náufrago, se aproximan, nadando dificultosamente tres personas: una joven, un niño y un señor 'mayor'. El marinero, apoyado en la borda del bote mira compungido  a los tres, y  eleva a uno de ellos al interior del bote…¿A quien?.

Son tres vidas humanas, en plenitud d sus derechos civiles; en plenitud de su dignidad social, de su valor moral, de su filiación a Dios (para los creyentes). El pobre marinero, en un instante, contempla  la aterrada cara del niño, la suplicante de la joven, la asimismo aterrada y compungida del viejo…. ¿A quien?

Si la motivación fuera económica, habrían pocas dudas: Si la motivación fuera social, prevaleciendo el interés de la sociedad sobre el individuo, también estaría bastante claro… Pero si se valorara al náufrago como individuo social, como ser portador de valores eternos, la cuestión también estaría clara:

El marinero (o el que instala la “respiración asistida”) no puede elegir por motivos de sexo, color, religión, ni edad: Ha de ayudar al primero que se le acerque.

PD: Este dudoso 'triaje' puede recordar al que hacían en los campos de concentración, en  la II Guerra Mundial: “éste a trabajar en las fábricas; éste a la ducha; aquel, directamente a la fábrica de jabón…”

 

   

Pág. 1 de 75

 

 

Prohibida la publicación de fotografías de este diario digital con la marca 'CYA' en cualquier publicación o en Internet sin autorización.

 

 



Login Form

Este sitio utiliza cookies de Google y otros buscadores para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y analizar las visitas en la web. Google recibe información sobre tus visitas a esta página. Si visitas esta web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies. Para mas informacion visite nuestra politica de privacidad.

Comprendo las condiciones.

EU Cookie Directive Module Information