PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Estúpidos

Alguien dijo que no hay opiniones estúpidas, sino estúpidos que opinan. Yo me tomo la libertad, por estúpido, de opinar, ¿de qué? del estadio semi etéreo en que ha entrado la España de pandereta en la que vivimos, del postureo mediático de cuatro tontos contemporáneos que nos abanderan los designios del país, de la bacanal política de ocho chorizos que vagabundean entre siglas de partidos y sindicatos vetustos y, que se han enriquecido a costa del trabajo de los españoles de a pie, los mismos que han acabado con una clase media trabajadora y resolutiva, que a consecuencia de su esfuerzo y trabajo este país se mantenía a duras penas en pie.
¡Estúpidos! Con vuestras algaradas de mercadillo, con vuestras excusas de lampiño, con vuestros actos de pillaje habéis provocado que el desahuciado intelectual, el parasito social,  el chocarrero que antes descubría su propia arrogancia en su fracaso por las esquinas de cualquier plaza, ahora se crea el rey del universo y el salva patrias de guardia, habéis conseguido con vuestra mediocridad humana contagiar de herrumbre la política que tanto ha hecho por este país en las últimas tres décadas, con la deshonrosa excepción de Zapatero y su reata.
Así y ahora nos vemos en un teatral lienzo donde el Bosco emocionaba a los artistas del teatro de lo absurdo, de la estupidez hecha realidad.
Un encerado político donde la estupidez y la desmesura se entrelazan con la tragicomedia del momento. Aquí y ahora se ha equivocado el pueblo, la máxima de que  nunca se equivoca, yerra de pleno y de plano. Ya nos equivocamos en mayo, prueba de ellos son las parodias a las que nos vemos sometidos, a los discursos de charlatanes de feria en los pueblos y ciudades, a las acciones de los frustrados y las venganzas primitivas de personajes sin pasado y acechando el protagonismo patológico que la cocción del papel y de las urnas, aderezado con un poco de fortuna y con la demacrada inteligencia de los opositores al noble empleo público de la gestión política, han convertido el escenario político en una teatro de marionetas.
¡Estúpidos! Habéis permitido que  los ángeles caídos resurjan en un  aquelarre de estupideces, anegando de orines fétidos lo que pretendían y prometían regar de frascas aguas, en nuestra noble y siempre heroica por valiente, nación española.
¡Estúpidos! Habéis conseguido que los antisistemas, los anarquistas de hace cuatro décadas y los mismos de hace ocho tomen el pulso al desarrollo del país. Presentan una engañosa apariencia de vodevil, un olor a pop-art, una extensión infinita en cuantos a campos teóricos de desarrollo intelectual, y todo lo chabacano que se le quiera incluir, hacen de ésta, una obra cubista surgida de las urnas,  la más desmesurada por estúpida y absurda.
Así que dentro de mi errante y trivial escritura, y como sois ¡estúpidos!,  aprender que; el sistema es el conjunto ordenado de normas y procedimientos que regulan el funcionamiento de un grupo o colectividad.  Son reglas, principios que tienen relación entre sí. El antisistema se opone al desarrollo de los preceptos, de las comunes reglas del comportamiento, del respeto y sobre todo, de los principios y los valores que han hecho históricamente de España la gran nación que es. Estos que viven en la desestructura abogan por las repúblicas bananeras. El “Sion” no es Italia, ni EEUU, ni Alemania, sino Venezuela y Cuba, lo decrepito y la bochornoso, o lo contrario de unidad, paz y libertad, cenit de los pueblos desposeídos y errantes.
Lo que no muy antaño se denominaba anarquía y sonaba peyorativo, ahora se interrelaciona con lo opuesto al sistema. Anarquía es un concepto que hace mención a la ausencia de poder público. Puede estar relacionado con el movimiento político que propone la existencia de una organización social que no sea jerárquica o con un conflicto en un Estado consolidado que se ha debilitado, en este caso por estar corrompido por una parte de los representantes políticos, y además, que ningún partido hegemónico ha tenido arrestos, por no decir cojones a extirpar.
La estupidez se ha impuesto y no deja de ser una explosión insensata pero articulada en plena ebullición, y en su armonioso desequilibrio. Es inabarcable, es grosera y barroca, y busca dar por tierra con cualquier prejuicio que los actuales actores políticos y el pueblo hubiera poseído y  tener sobre límites racionales. Así, como en una estúpida obra de teatro de Spregelburd o Becket se superposicionan los diálogos, acusaciones y declaraciones, hay un exceso de protagonismo escénico,  escindido entre los múltiples espacios de actuación mediáticos  hasta saturar los escenarios de detalles y recados que se escapan por descomposición y ostracismo al ciudadano.
Como en una burla, estamos expuestos al juego de los personajes de la propia sátira política, se su antojo y capricho. Este circo se ha convertido en un espacio de pensamiento deslucido y grotesco, pero que a la sazón cumple perfectamente con un objetivo y un escenario, el de “no simbolizar nada”. No hay concesiones ni originalidad. Los recursos establecidos funcionan por desvalorización y ridiculización de los propios personajes y de sus motivaciones.
Nos embauca la extravagancia, con reducción de envidia y egoísmo. La modestia, que se macera con la soberbia y la falsa honestidad y El pánico, aliñado con la pereza como consecuencia del temor latente del ingrato, hacen junto a multitud de vicios horizontales que invaden las relaciones sociales como la incomunicación, la mentira y la incapacidad en sí, un alberge para la mediocre ficción del alma estúpida que atacan el principio de coherencia y argumento.
La estupidez corresponde claramente a los objetivos satíricos de denuncia, bajo la forma típica de una combinación de moralidad y ficción, de compromiso con la verdad y a la vez carencia de precisión ideológica. Hay moralidades a la carta e instantáneas. En clave con la Ley Natural y Parodia en la Heptalogía de Hieronymus Bosch de Rafael Spregelburd en el que se basa este artículo;  El camino recto constituye la LEY. La desviación, el PECADO. Es la desviación del pecado lo que revela la LEY. Así que siempre me ha fascinado la Estupidez. La mía, por supuesto; y eso es una causa suficientemente grande de ansiedad, incertidumbre y desazón. Pero según el historiador italiano Carlo Cipolla…, hay cinco leyes de la estupidez; 1-Siempre subestimamos el número de gente estúpida. 2-La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la persona. 3-Una persona estúpida es alguien que ocasiona daño a otra persona, o a un grupo de gentes, sin conseguir ventajas para ella misma, o aun resultando dañada (definición concreta del estúpido). 4-La gente no estúpida siempre subestima el poder de causar daño de la gente estúpida. Constantemente se les olvida que en cualquier momento, y bajo cualquier circunstancia, el asociarse con gente estúpida invariablemente constituye un error costoso. 5-Una persona estúpida es la persona más peligrosa que puede existir. Y este es el verdadero problema, que estos estúpidos son encima peligrosos.
Me hago extensión del filósofo Livraghi. Si usamos cada uno de nosotros la matriz de la estupidez sobre ejes cartesianos para estudiarla y elaborar la aplicación de la Teoría de Cipolla…, en todas sus múltiples variantes posibles, nos acojonariamos. De hecho, aparece en escena el bandido inteligente y al final podemos redundar en una clase magistral sobre la estupidez, de los que forman parte una incontable lista de representantes políticos. De todos los colores y aspectos, con maletín o con mochila, con corbata o descamisao, rapados o con melena recogida, limpios o desaseados…, jóvenes o viejas… irascibles o serenas
Las gentes inteligentes generalmente saben que lo son, los bandidos también son conscientes de su actitud, y aun, las gentes desafortunadas tienen una sospecha profunda de que no todo está bien. Pero las gentes estúpidas…, estas no saben que son estúpidas, y esta es una razón más determinante porque son extremadamente peligrosos.
Pero, ¿soy también estúpido? He pasado test de inteligencia con razonables resultados. Desafortunadamente, estas pruebas nada demuestran. Alguna alma me ha dicho que soy inteligente, pero eso tampoco me demuestra nada. Pueden ser muy consideradas y al contrario, podrían estar intentando usar mi estupidez para sus propios fines... También podrían ser tan estúpidos como yo… Me quedo con un pequeño asomo de esperanza pues. Muy a menudo soy consciente de cuan estúpido soy, o he sido. Y esto indica que no soy completamente estúpido y veo lo que se avecina, sin remedio y sin solución.
“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas” (Bertrand Russell). ¿Quién está seguro de todo y quién no tiene dudas?

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