PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Ciertos son los toros

Dicen que en la tauromaquia, encontramos la mejor representación de la existencia humana. Y así, el lenguaje se sirve del propio código del arte de la lidia como metáfora que refuerza sus enunciados. La vida es muy parecida a una corrida de toros y usa a propósito su lenguaje, Fernán Gomez decía que en la plena juventud y hasta la madurez se está en el ruedo; que en el borde entre la madurez y la ancianidad, en el callejón, viendo los toros desde la barrera; y que en la ancianidad se ven desde el tendido.

Así, jugando con las metáforas, me viene a la mente el Maestro Ortega y Gasset con su sentencia sobre el arte del toreo actual, "Ahora no se torea. Hoy se hace estilo, y así como el artista oculta la falta de densidad humana con el artificio, los toreros de hoy ocultan en el estilo la ausencia de arte." Si bien no llega a ser una pesadilla por lidiar con la tragicomedia, sí un mal sueño en directa metáfora del poder mal entendido. Así despejamos la figurativa incógnita de la política nacional, regional y sobre todo local, de sus diestros y cuadrillas, del artificio, del enmascaramiento y sobre todo de la ausencia de clase, hoy lejos de la elegancia política que nos merecemos, o no…, quizás tengamos lo que nos merecemos.

Y por metáforas que no “verónicas” ni “naturales”. Había, en el centenario albero de la trimilenaria ciudad Departamental, allá en los lindes del Cuartel de Antigones en la falda del cerro de Despeñaperros, una de las eméritas cinco colinas que dan forma al corazón cartagenero, antes romano, antes cartaginés, antes ibero, antes…, -y cuatro tontos catalanes se creen el culo del mundo…-, un maletilla, que se encargaba en el coso a proveer de aromáticas viandas al respetable. Poco a poco, fue ganando en osadía y atrevimiento y con la casualidad como aliada, se veía lidiando el destino de los allí reunidos. Así fue descendiendo desde los palcos altos y las gradas del tercer otero centenario de Miguel Caballenas anclado en los cimientos del milenario Anfiteatro, a los palcos más bajos y a su grada cubierta y por último, vendía sus arrojos y osadías en tendidos y barreras. Así la suerte le catapultó, muleta en mano y haciendo oficio de gran maestro de la lidia –eso apuntaba- a los medios en iracunda faena donde uno de los mansos aparentaba bravura y trapío pero las cornadas de la vida, de los errores y las transgresiones la había convertido en amansada res, pero a pesar del faenón, la suerte de matar no le fue propicia al diestro de fortuna y fue indultada, la res…, ésta, ultima sus días de lidia en una dehesa allá por las tierras de Catilla a la que Machado diera “plectro” en su poesía.

Poco a poco, se fue organizando su cuadrilla, y con un crisol de colores y adornos plateados en sus taleguillas se encerró con los seis toros en brava lidia en demanda de la “Alternativa”, todo se aventuraba grácil y laureado, un coro de palmeros cantaban y festejaban al son del buen vino, un ejército de reporteros cubrían la carrera del maestro, en la propia “Repla”, en chiqueros, en el patio de caballos, en la barrera, en la Puerta Grande del coso, en el paseíllo, durante y tras el mismo, todo era fiesta y jarana, hasta que hubo que coger el capote y echarse al ruedo, los mansos se habían ido y empezaron a salir los Tulio, Pablo Romero, Miuras, Victorinos, Zalduendos, algún Torrealta, Domeq e incluso Torres.

La faena a poco de empezar se trastocó en penosa lidia, los que acompañaban aplaudiendo y coreando al son de las palmas fueron adornando las faenas con pañuelos, las autoridades, alguacilillos, sanitarios y representantes de la autoridad miraban con temple la faena e inmutables esperaban el natural desenlace, la cogida que se adivinaba.

No era lo esperado, un brindis al sol en la suerte de banderillas tras la de varas en un acto sobre el caballo de la mano del monosabio, no era suficiente, e incluso, algún descabello al aire junto a amagos de chicuelinas y revoleras tampoco, además de alguna manoletina y desdén, no eran suficiente para tan difícil faena.

La mirada perdida del diestro buscando la complicidad del ánimo y del aplauso, la irónica fotografía con el aliento menoscabado, las rancias desavenencias progresivas con la multicolor cuadrilla ensombrecida por su altanero protagonismo, y todo adornado con un tétrico pesar espiritual que las esencias chulescas de maestros consagrados como Aranguito, Triviño, Morito, Calero, o el mismo Gavira hacían el aire más denso sobre el albero marcado por la esencia parmente de Don Victor. La faena se fue deteriorando, quizás producto de la soberbia, quizás producto de la inquina desmedida, o simplemente porque para la lidia hace falta esencia, alma y humildad. Templanza y sobre todo respeto a las gradas y al morlaco de turno, apear de que esto no lo tenga. En el ruedo y en el albero político, no solo por querer y forjar un par de faenas, éstas aseguran una larga y propicia lidia, ¿dónde se quedaron los míticos políticos de antaño? Como dijo el ilustre Alcalde madrileño, Enrique Tierno Galván. “El torero sigue siendo mítico y, cuando expresa la valentía el pueblo se enardece y los viejos entusiasmos reaparecen”. Pero sin olvidar, como dijo alguien,  que un héroe no es más valiente que un hombre normal, solo es valiente cinco minutos más.

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