PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Otra lección de dignidad

Decía Confucio: "Cuando estamos frente a personas dignas, debemos intentar imitarlas. Cuando estamos frente a personas indignas, debemos mirarnos a nosotros mismos y corregir nuestros errores." Y ahí radica el espíritu de este artículo, en aplaudir en papel electrónico, en dar un grito silencioso en nuestro castellano impoluto sobre la dignidad de nuestro protagonista, al que intentamos imitar día a día. Manuel Asensio Montilla, persona humilde donde las haya, trabajadora y dadora de ejemplos. No es casualidad que esta cincuentenaria generación haya roto moldes, el esfuerzo y la constancia, adornado con un sentido serio de la responsabilidad son las suertes de tan singular arte.

Este sustantivo, que establece el respeto y estima que una persona tiene de sí misma y merece que se lo tengan las demás personas, choca con la mediocridad humana en la que nos vemos envueltos, producto de la falta de preparación actual y envidias que, la vulgaridad ha inundado por doquier. La dignidad de Manolo se establece en estrecha correspondencia con el mérito y condición de él, y así, se erige su entidad como persona respetuosa y seria, que no es otra, que la que se refieren a la formalidad de las personas a la hora de cumplir con los compromisos adquiridos, y eso hoy es complicado de ver.

Así Manolo, inició un camino complicado en una carrera contra el tiempo, aquellos años de la transición no eran fáciles para nadie, sin embargo, gracias al esfuerzo, a la educación adquirida y aprendida en su familia, Manuel Asensio fue culminando exitosas etapas amparadas en constancia y el trabajo, ya que nadie le regaló, ni a día de hoy, le regala nada.

Ejerce, no sin pocas zancadillas, el cargo de inspector jefe de la Policía Local de Cartagena desde 2009, aunque lleva más de 30 años de servicio activo en la Policía Local. Además, es Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y, además, ejerce como profesor asociado de la Universidad de Murcia. Fruto de su experiencia y sapiencia es conferenciante sobre temas profesionales y colaborador en publicaciones técnicas criminólogas. Su afición al deporte en general y a las técnicas de defensa personal completa su equilibrio personal. Y además su horizonte es defender las libertades y los preceptos democráticos, casi nada, y otros fariseos y fariseas dándonos lecciones.

Así que, como decía el periodista británico Philip Gibbs, "si hay algo que he aprendido, es que la piedad es más inteligente que el odio, que la misericordia es preferible aún a la justicia misma, que si uno va por el mundo con mirada amistosa, uno hace buenos amigos” y ese es el paradigma de este personaje con mayúsculas que enriquece nuestra cantera local, otro cartagenero ilustre, otro notable y con esa cita remarco sus tres guías: «Trabajar, Respetar y Motivar».

Como a toda persona vinculada a los cuerpos de seguridad y las FAS, las menciones y reconocimientos civiles suelen tener otro aroma, otro sabor, quizás más dulce, y sin duda, una de las que más merecidamente luce es la Gran Cruz de Caballero de Santiago, y lo demuestra eficientemente con su implicación en El observatorio de víctimas y medios de comunicación.

Desde el 2009, siguió aguas a la restructuración del cuerpo de Policía Local de Cartagena a su antecesor, pero siempre a más, y producto de ese esfuerzo cabe destacar la colaboración con los demás cuerpos de seguridad que ha sido constatada en la Ciudad Departamental, y sobre todo la imagen ciudadana del Cuerpo. Destaca su carácter dialogante, su compañerismo, su independencia de criterio, imprescindible para mantenerse airoso, y su defensa de una renovación interna para mejorar la especialización y la imagen pública de los agentes, lo cual ha conseguido y con nota, a pesar de las zancadillas. Como decía Aristóteles; “El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”, fundamental hoy en una sociedad bastante politizada.

El socialista Joan Lerma especificaba acertadamente que “Los cambios sociales y económicos de las sociedades industriales han provocado un alarmante retroceso de los valores éticos: honestidad, solidaridad, sentido del deber, reconocimiento del esfuerzo leal y del trabajo bien hecho”. Y esto es lo que choca con Manolo y otros grandes personajes de nuestra Trimilenaria, que mantiene la honestidad, la solidaridad y un alto sentido del deber, a pesar de las trabas políticas con las que se suelen tropezar en el camino, quizás ese sea uno de los principales problemas que nos encontramos en esta ciudad. Los intereses del partido de turno que usan las fuerzas de seguridad locales como verdaderas huestes personales, casi feudales, donde se sitúan aquellos que Pio Baroja describía, dentro de las siete clases de españoles, como “los que aparentan que saben y los que triunfan sin saber”. Injerencias negativas del político de turno en un mundo profesional dónde los efectivos llegan a esos cinematográficos 300.

Por otro lado, y más destacable si cabe, es la obra humanitaria de Manolo que llega más lejos, siempre acompañado de su conciencia con nombre de mujer en perfecto engarce dorado y acompañamiento. Colaborador incansable con la Parroquia de San Diego, con las ONG´s  involucradas en el desarrollo del Casco Antiguo y la integración social, con las ONG´s de los propios policías locales que hacen de su profesionalidad un esfuerzo extra en un siglo XXI lleno de desgracias. Todo un hito.

Desde que hace alguna década y producto de la mediocridad política que nos adormece, y del propio cinismo popular, muestra de ello son las campañas en las urnas que parecen más comparsas de payasos, la seriedad y la responsabilidad se han convertido en defectos, resulta que estos personajes, tan necesarios, hoy más que ayer, están de más en nuestra anodina sociedad. Son luchadores dentro y fuera de su particular albero, y siempre la mesura y la humildad han sido su estandarte, como decía el polifacético Pascal Balise; “La grandeza reside en saber reconocer su propia pequeñez” y eso hace Manolo, nos hace grandes a todos y no merece ser lapidado como San Esteban por ignorantes de farándula en este, nuestro renovado Sanedrín.

A pesar de que la amistad sea un igualdad armoniosa como decía Pitágoras. Es determinante que, los que ocasionalmente tenemos la oportunidad de elevar al éter críticas, apártennos nuestras vanidades y también hagamos acto de contrición y reconozcamos públicamente las grandezas ocultas en esta sociedad de los personajes que pasan de puntillas dejando un enérgico y exitoso rastro.

 

Humildemente me despido con una frase de Favaloro a modo de metáfora. “Proceder con honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo”. Humildemente…

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