PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

'Non nobis domine non nobis sed nomino tuo da gloriam'

'No para nosotros Señor, no para nosotros, sino para la gloria de tu nombre'


“Caballeros Templarios” , no, no se trata de hacer génesis ni historia de los “Pobres soldados de Cristo” que allá en 1118 nacieron bajo las directrices del primer gran maestre Hugo de Payns, como inspiradores de tramas esotéricas y novelas de caballerías, tampoco pararme en sus hazañas transmitidas ni en secreta custodia inventada o no del Santo Grial, tampoco pretendo hacer anotaciones sobre la gran figura de la Pasión de Cristo y que los sobrenaturales relatos teatrales han hecho icono templario como fue María de Magdala, aunque como bien escribe o co-escribe Juan Rodríguez, Comendador General de Murcia de la SOMECT y profeta fuera de su tierra; ¡Cuántas ideas diferentes despierta el simple hecho de ver este nombre, ideas, sentimientos, pasiones, incógnitas, recelos, envidias, inquietudes…!, y aprovechar para describir a este personaje de la actualidad más contemporánea de la historia de esta región como digno heredero de virtudes y moralidades templarías, pozo de sabiduría, rigor y templanza, abocado a una empresa dura a la vez que agradecida, la “SOLIDARIDAD”.

Muchos personajes se han aprovechado de este crisol de emociones que produce la Orden del Temple, con más o menos éxito, pero la realidad de hoy es otra, no muy distinta a la iniciada en el siglo XII por Payns, la misma filosofía, el mismo esfuerzo, los mismos sentimientos solidarios; la defensa de la moral, de la ética y sobre todo la imperativa marca de nacimiento templario, la SOLIDARIDAD junto al sacrificio por el servicio a la sociedad y el afán de mitigar sus miserias. La SOMECT (Soberana Orden Militar Española de los Caballeros Templarios) se fundó sobre los ideales básicos que dieron origen a los primeros nobles caballeros que en el Medievo se entregaron en la defensa de los “Valores Cristianos”, hoy tan deteriorados y a la fe, a través de cultivar las ocho Beatitudes; “Humildad, Obediencia, Justicia, Templanza, Nobleza de Corazón, Piedad, Sabiduría y Fuerza” para fomentar ese afán de humanidad, y así mantienen el “solidario pendón” muy alto intentando mediante colaboraciones e intervenciones comprometidas dentro de la sociedad, atenuar el sufrimiento de algunos hermanos, y su mísera, que no es otra que el reflejo de la sociedad actual en pleno siglo XXI, todavía, y a Dios gracias quedan “Gentes” así en nuestra sociedad y en nuestras latitudes.

Una máxima templaría es la ayuda, y no hay duda de que para poder ayudar a los demás es necesaria una preparación educacional, pero más importante aún, un desarrollo alto y sin resquicios de la moral y de la espiritualidad. Se necesita una conciencia cristiana seria y sin fisuras, de austeridad y de equidad en la distribución de la riqueza, algo que los antepasados Templarios llevaron a una perfección inigualable, una doctrina primorosa. Por eso no todos podemos engrosar tan nobles filas, un actual caballero Templario debe proceder a una autocrítica, de una profunda introspección, y encaminarse a una particular didáctica del espíritu, y sobre todo evaluarse sin prejuicios y con humildad, santa palabra hoy tan menospreciada, y todo ello desde la soledad interna y sincera de nuestra alma que define esos valores que le permita conocer en qué nivel moral y espiritual está para ofrecer esa ayuda a los demás.

En esta permanente doctrina y catequesis de valores templarios, la “Fe” se establece como un “Don”, pero es también una virtud que se puede alimentar, y cuanto más se alimenta más crece y de ella emana la esperanza, cuando creemos que todo está perdido, que ya nada va a cambiar, que todo lo que hagamos no servirá de nada, solo la esperanza nos puede ayudar e inspirar el camino hacia adelante.

Parábolas, metáforas, alegorías, relatos… El Salvador que cínicamente atormentamos hace tres mil años producto de las miserias de la humanidad, no siempre viene a nosotros rodeado de ángeles, vestido de blanco y anunciado por trompetas, casi nunca, son permanentes alegorías de esperanza, muchas veces viene como un pobre peregrino, o una persona necesitada, o sin un rumbo definido, como aquellas personas que no saben porque están en este mundo, esa es la realidad del necesitado. “Los pobres soldados de Cristo” recordaron y recuerdan que la pobreza material no es la única, la pobreza de espíritu también existe y puede ser peor que la de la propia materia, protagonista directa de la perdida de la fe y de la esperanza, y sobre todo del fracaso humano disfrazado en desdichas, depresiones, avaricias, negatividad, drogas, alcohol, etc.

Tras un mensaje de esperanza y con un lema por bandera que no es otro que la unión y la humildad, este ejercito de honorables descendientes templarios, mantienen su máxima con la realidad de sus actos, “La unión de esfuerzos multiplica los logros” y con un ideal compartido se hacen más grandes que los propios retos y problemas, todos los caminos serios y honestos son el camino de todos, también el nuestro y hoy igual que ayer nos siguen dando ejemplos de nobleza humana y esto no es otra cosa que esperanza para una sociedad dañada.
Tras el verano, el último sábado de septiembre en el Convento de los Franciscanos de Almansa en la provincia de Albacete el tiempo se tomará un respiro, las antiguas capas blancas con la cruz patada roja volverán a bailar con el viento, los componentes de esta honesta y honorable Orden volverán a rendir cuentas a la historia, sirvientes o aspirantes, escuderos, caballeros priores, comendadores maestres, todos formalizarán otra convención, todo será tras un viernes secreto de Vela de Armas, tras una silenciosa y profunda reflexión ante Dios y uno mismo como extensión de Él y de sus regios votos, aguardando la llegada vespertina del sábado donde la preclara espada templaría sentenciará tan glorioso juramento. El Levante vuelve a sentirse templario diez siglos después, tan y tan cerca de Jerusalén, ¿ha dejado de serlo? “No para nosotros Señor, no para nosotros, sino para la gloria de tu nombre".

 

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