El Hondón, su espinosa herencia

Escrito por Escrito por Andrés Hernández Martínez.

Se ha informado por pasiva, que no por activa, de que no hay peligro fuera de la zona contaminada de las antiguas instalaciones de Potasas en la ciudad portuaria, diariamente vemos las pilas de tierras de un azul blanquecino que se asoman de forma insolente al peregrino conductor y peatón que transita en demanda de su natural y rutinaria existencia, trabajo y demás quehaceres…, allá camino de La Unión. Ahora, nuestro insigne Ayuntamiento, asigna la reparcelación de estos terrenos después de diez años de dimes y diretes y otra, y la más importante, su limpieza, algo nada fácil y ni mucho menos rápido.

Dentro de la zona contaminada se aprecian descarados restos de tierra contaminada de la antigua factoría, principalmente compuesta por fosfoyesos, que a vola-pluma se trata de residuos derivados de la producción de fósforo, proceso realizado sobre ácido fosfórico y fertilizantes, no se trata de narrar un informe químico ni radiológico pero la fosforita tiene en su composición metales pesados como el arsénico, plomo, mercurio y cadmio que pasan directamente a los fosfoyesos por no existir ningún tratamiento que los elimine, así como material radiactivo natural que constituyen un obstáculo para su posterior utilización. Materiales que mantienen a pocos niveles radiactivos su natural existencia terrestre como es el Radio, en particular el llamado 226.

Toda persona, todo organismo viviente y todo material está permanentemente expuesta a la radiación y, en la mayoría de los casos, la principal fuente de exposición es la propia naturaleza. Aunque no hay informes radiológicos que indiquen que existe riesgo de exposición a radiaciones ionizantes en los apilamientos de fosfoyesos del Hondón (tampoco hay datos que determinen lo contrario), así como de la estructura estratigráfica de la zona, ciencia geológica de doble enfoque, además de contribuir a la planificación de la conservación del medio ambiente. Lo cierto es que, según informes estadísticos en lugares contaminados, por seguir un camino empírico, las concentraciones de uranio y radio-226 en muestras tomadas en pilas de fosfoyesos en zonas como las de Río Tinto en Huelva, se encontraban elevadas 10 veces más para uranio y 60 veces más en radio-226 de lo habitual, además de otros minerales pesados. No es materia de alarma, ya que incluso a dosis promediadas, los fosfoyesos se utilizan para la corrección de suelos afectados por una elevada salinidad pero, sí de continua vigilancia y por supuesto preocupación dado el destino de los terrenos, viviendas.

A pesar de todo, no tengo dudas, o sí, de que la administración, igual que con los vertidos al Mar Menor, gestiona como la Real Academia de la Lengua, con lustre y brillo la situación, me aborda la inquietud de lo sobrevenido en Huelva en las propias marismas donde las balsas de fosfoyesos están apesadumbrando el impacto medioambiental, máxime cuando hay que dar seria solución a la extinción de los mismos, en este caso el soterrado del material contaminado. Se ha logrado en Huelva, en la única zona de las afectadas que ha sido rehabilitada por la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía que ha revegetado la zona, recubriéndola directamente con una capa de medio metro de tierra vegetal, sembrándose fundamentalmente con especies gramíneas y leguminosas. Al igual que en la zona anterior, se establecieron pequeñas colinas en las que se implantaron especies arbustivas y arbóreas pero no se ha construido, otro tema es el de las filtraciones hídricas de la que esta tierra es copiosa y su diseminación subterránea natural, la inquietud es tangible y no parece tema de alarma medioambiental, eso es lo curioso, aunque para eso, doctores tiene la Santa Madre Iglesia, como se suele decir y bien pagados como la de la copla.

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