PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Chatarrería

El pastor fundamentalista estadounidense Charles Stanley dijo: “El apetito de la mente se parece mucho al del estómago, que se acostumbra a la comida que le damos y desea más de la misma”. ‘Asinque’, dejar que las ideas incorrectas, alteradas, distorsionadas e interesadas se alojen en nuestro pensamiento y en sus profundidades mentalistas y conductistas que diría un psicólogo, nos alterarían la percepción del bien y del mal, de lo correcto y de lo incorrecto, de lo importante y lo banal, de lo honrado y lo  degradado, ¿les suena? Sí, ese es el denominador común que soporta este país desde hace décadas en todos los tejidos, políticos, empresariales, educativos…, impera la falta de valores, la falta de pensamiento y comprensión, el todo vale, y la ley del mínimo esfuerzo para conseguir los máximos resultados con regocijo económico. Así aparecen los delincuentes de camisa y corbata como usurpadores de la confianza, los nuevos iluminados que como antaño, venden ungüentos de placebo y filosofías dieciochescas. Los chicos de marca, con vida fácil que viven como parásitos a costa de los demás, poniendo la guinda inoportuna y haciéndose destacar, pobres de alma por ineptos pero astutos y embaucadores.

Otrosí. Las elecciones no las ha ganado Rajoy ni el PP, este partido y sus gentes en general están bajo sospecha y con imperiosa necesidad de sanearlo. El mero hecho de mantener personajes de dudosa moral de la gestión política en las altas instituciones los hace cómplices de la duda, de la incertidumbre y de la sospecha. El relativo ascenso de este partido ha sido colateral por los hechos consumados de los nuevos “regeneradores progresistas”, los mismos que no han definido que es el progresismo, sino a su interés, los que han jugado con el mercadeo de las palabras y como charlatanes de feria han basado en el descrédito y la ambigüedad circunstancial del lugar del vocerío, la filosofía política que querían escuchar, sus hechos han sido los mismos que han denunciado y perseguido, el compadreo y la beneficencia cercana y cuasi familiar, la venganza chocarrera, y sobre todo, el dispendio en la gestión por incompetentes y soberbios, y ojo, no hay color ni desviación política, rojos y azules, extremistas y moderados, nacionalistas y localistas, el populismo en su cenit más alto, y eso en poco más de un año lo hemos vivido en España, en Murcia y en Cartagena, los gestores han pecado, al contrario que el rey Midas, en convertir en chatarra todo lo que han tocado, conquistado como suyos los éxitos devengados de los anteriores gobiernos,  y acusado lo negativo hacia lo anterior, lo dicho, mediocres chatarreros de la gestión.

Al final, la sensación de vértigo ha reverenciado al menos malo, como ha sido el caso Popular. Ha pasado factura a la soberbia y la falta de humildad socialdemócrata alejadas del interés del votante, un fracaso de escándalo que exige, por dignidad, huidas y destierros. Han dilapidado la altanería de los nuevos ricos políticos nacidos del sufrimiento de la crisis tardo-burguesa de esta década, salvapatrias que han hecho ‘circular’ “la burla empleada por el ignorante acomplejado para sentirse sabio”, que diría Jodorowsky, hoy en la génesis de su fracaso, de su mentira, ya que, quien rápido sube más rápido cae, y encima, haciendo zozobrar a los últimos baluartes del comunismo en España. El pueblo, con sus votos ha hecho pagar las mochilas fracasadas que acomodan Ciudadanos en sus filas. Lo de diciembre fue un espejismo de ansias frustradas, de malogrados devaneos y pensamientos impuros. Lo de junio, sin ser triunfante, ha sido más real y sentido que visceral e imaginario y no dibuja un escenario fácil. Pero de la chatarra se hacen útiles eficaces y vigorosas materias primas y esa es nuestra esperanza, alejar lo mediocre, la mentira y la verborrea de este país, de esta región y de esta tres veces milenaria ciudad hoy mancillada por la trivialidad. Restablecer la decencia y la cordura y sobre todo el respeto, hoy perdido por nuestros/sus ‘líderes de barro’, okupas y ocupas que nadan en la soberbia, pero bucean en la mediocridad humana y eso no lo pueden disimular.

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