PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

Decencia e indecencia

Usamos el rico idioma de Cervantes al gusto y como nos interese, nos acaloramos, usamos sin mesura calificativos y adverbios modales que nos caracterizan a nosotros mismos en contra del prójimo. No tenemos decencia y llamamos al contrario indecente. No sabemos de respeto y calificamos de irrespetuoso al opuesto o, no tenemos educación ni la hemos conocido y llamamos mal educado al prójimo. somos más o menos desafortunados en nuestras acciones verbales y más o menos enfermos de protagonismo, de celosa chulería, que es de lo que se trata, de psiquiátrico, pero con pasaporte.

‘Asinque’, visto el vocabulario que se maneja en los foros parlamentarios en el siglo XXI, vistos los personajes sin clase ni elegancia política que nos representan y vista la reata de acémilas que viven de nuestros impuestos, de los que desafortunadamente, aquí “sí que somos todos”, hoy hablamos recurrentemente de “decencia” por los indecentes espectáculos plenarios trimilenarios, los socialistas, los nacionalistas y hasta los populares y de la ansiada honestidad, de la que hay tanta necesidad en la España de Sánchez Mejías. “¿Cómo puedes exigirle a nadie que lleve una vida decente si tú no te riges más que por tus impulsos?” Naguib Mahfuz. Nobel de literatura que me lo ha puesto a ‘güevo’, que diría ‘El Sémola’.

Dice la que pule y da esplendor al vocabulario, no a las formas ni a la educación de las personas, ya quisiéramos, que la “decencia” es el aseo, la compostura y el adorno correspondiente a cada persona o cosa. También el recato, la honestidad y la modestia. Por último, cita la dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado de las personas, hoy deficiente por generalidad en nuestros representantes. Consecuentemente, la indecencia es la falta de decencia o de modestia que nos anega, o un dicho o hecho vituperable o vergonzoso, engañar al votante y no estar a la altura es indecente.

Tengo que reconocer que, al cabo del día, al cabo de la hora e incluso al cabo de un minuto, mi mente viaja por indecentes pensamientos, por indecentes paralelismos y por indecentes deseos, tanto que, si fuera un “mea pilas”, estaría en contrición permanente, pero lo asumo como mi propia e imperfecta condición humana, donde la honestidad y el respeto, aderezado con sarcástica critica forman el bálsamo de redención ante el prójimo, soy indecente pero lo disimulo, o al menos lo intento.

Claro está, eso no pasa con todos, las ansias de protagonismo, el vacío espiritual, la superficialidad y la banalidad humana asoman por doquier, y lo pagamos los españolitos de a pie presenciando vergonzosas, indecentes y deshonestas actitudes y aptitudes en clave política y derivados.

Paradigmas. Lo de Sánchez en Ferraz ha sido de indecencia denodada, un espectáculo cómico taurino de altos vuelos, que nos demuestra la baja calidad, la nula clase y la falta de elegancia política de estos señores y señoras, perdón compañeros y compañeras, quien nos diría que ha tenido que ser Felipe y no el hermoso el que hiciera el lance del último tercio de la corrida.

Tampoco no es nada decente que tras la que está cayendo en el PP, donde la falta de honestidad y decencia es sublime, Rajoy, en un acto de generosidad marcial y más “teniendo donde ir”, no abandone el barco en beneficio de todos, aprovechar el lance taurino sociata, el paseo con mulillas del “Godot” para dar una lección de moral y decencia, dejar el cargo en transición y recuperar la confianza perdida, y dejarse de chulerías de mercadillo. Que el PSOE esté agonizando, no significa que el PP este sano, de hecho, gracias a estas enfermedades han nacido nada decentemente, realquilados como Ciudadanos o parásitos contemporáneos como Podemos, y esto son hechos, además de facilitar la nada decente enfermedad venérea que provoca los independentismos consolidados nacionalistas y las pueriles pataletas populistas provinciales.

Pero no se queda aquí en rabietas, tener a presidentes de comunidades señalados por los jueces y fiscales, en proceso o desproceso de investigación no es decente. Tener en los parlamentos de las taifas a analfabetos integrales no es decente ni moral, y tener, a conejales con la falta de clase como los que abundan, simplemente es, indecente. Como dijo Emilio Lladó; “No es tolerable que el imperio de la indecencia domine en la política”, y lo domina.

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