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HISTORIAS DE ALUMBRES XIII: La ermita del Calvario de Alumbres

Durante muchos años he sentido la necesidad de desentrañar el misterio que escondían las ruinas del lugar que siempre hemos llamado la Ermita del Calvario, sin embargo, hasta no hace mucho tiempo seguía sin tener ni un solo indicio que me condujera a la búsqueda de su origen y razón de ser.

Es verdad que como la mayoría de los críos del pueblo de mi generación, alguna que otra vez estuve allí arriba por cualquier razón, pero sólo recuerdo haber visto una pequeña construcción ruinosa, el techo derruido y las paredes medio derribadas, donde tiempo atrás hubo un oratorio según decían nuestros antepasados.

A los historiadores que nos gusta ceñirnos a la verdad, aunque a veces no la digamos toda porque entre otras razones queramos evitar herir ciertas sensibilidades, a la hora de escribir sobre un acontecimiento o lugar, procuramos hacerlo desprovistos del apasionamiento que puede conllevar el relato de un hecho o lugar entrañable que te señala directamente al corazón, o sencillamente a tu forma de pensar, todo ello con el fin de ser lo más fiel y correcto posible en el relato histórico.

A todo esto, no se puede negar que Alumbres es uno de los pueblos más antiguos de la comarca, y que para llegar hasta aquí, casi cinco siglos después de iniciarse el poblamiento, ha tenido que atravesar por difíciles momentos que a veces amenazaron su existencia, y ello le ha hecho acreedor de cierto respeto y simpatía de los pueblos de alrededor y por extensión del Ayuntamiento de Cartagena, aunque a veces no se manifieste con la nitidez que se merece.

El caso es que, la comunicación oral sobre todo y alguna que otra publicación escrita, indujo a la mayoría de los alumbreños a realizar su propia interpretación sobre el origen y la historia religiosa de la construcción del Calvario deseosos de que se valoren sus cosas, su historia, su contribución al progreso y su sacrificio solidario.

Sinceramente nunca he sido amigo de las historias sin argumentos, y por ello he guardado mucha cautela con  un asunto de una naturaleza tan sensible como la que trato en el presente artículo.

Siempre he procurado tratar con el máximo respeto a las personas y sus ideales, sobre todo si ese tratamiento es correspondido, y me consta que muchísimos, la inmensa mayoría, de esos alumbreños/as que son fieles creyentes y no descreídos como yo, respetan mis opiniones y mis escritos como yo lo hago con ellos y con sus ideas.

Valga este preámbulo para introducirme en el fondo del artículo que no es ni más ni menos que el origen y la historia del santuario del Calvario de Alumbres.

 

Origen de la Ermita del Calvario.

Me he permitido la licencia de realizar un dibujo de lo que yo creo que fue la planta del edificio religioso del que hablamos y que sólo es una idea personal según los restos que he visto.

Los restos del oratorio, según mi punto de vista, ofrecen los siguientes datos:

Se trataba de una construcción de planta rectangular, de unos 6 m de largo por 4 de ancho, (el interior es de algo menos 5,20 x 3,20 aproximadamente) levantada sobre muros de piedra y cal de unos 40 cm de grosor, a la sala principal estaba adosado un pequeño compartimento en la esquina noroeste de 1,70 x 2,30 aproximadamente. El interior de la construcción estaba enlucido con gruesa capa de yeso. Por los restos de teja que hay esparcidos por el lugar el techo debió de estar cubierto de ese material.

Tuvo dos vanos abiertos en la pared orientados al Sureste, y otro mirando al Norte, y aunque todo indica que uno, o los dos huecos del Sureste debieron de ser puertas de acceso, no tengo claro qué función pudo tener el de la pared Norte, y por tanto, esto que digo, hay que tomarlo como una conjetura.

 

Según los resultados de las investigaciones que he realizado sobre el Calvario, este oratorio fue construido por iniciativa de un grupo de mujeres que fueron calificadas como “Asociación de Mujeres Piadosas” a finales del siglo 19, siendo párroco del pueblo Fernando Gallego Pérez y coadjutor de la parroquia Miguel Puche.

Días antes de su inauguración diversos medios informaban de la construcción del edificio religioso en lo alto del Monte Calvario sufragado por medio de “…limosnas de aquellos vecinos y especialmente  del Sr. Cura…”

El sábado 8 de noviembre de 1890, sería un día importante para los fieles alumbreños, pues ese día “…tuvo lugar la bendición del nuevo oratorio dedicado a la Virgen de la Soledad, ante la inmensa concurrencia de fieles que a presenciar dicho acto acudió al monte”.

Al día siguiente, domingo, fue un día de júbilo y gozo para estos alumbreños, después de celebrada una función religiosa en la iglesia del pueblo con toda la solemnidad que estos casos requieren “…salió una magnífica procesión con dirección al monte, llevando en andas a la nueva y preciosa imagen de la Soledad, acompañada del clero, autoridades y la mayor parte de los vecinos del pueblo”.

Durante todo el trayecto de la comitiva hacia el monte, se escucharon el constante repicar de las campanas mezclado con los acordes de la banda de música del Regimiento España y los repetidos estampidos de los cohetes que se lanzaban al aire “El inmenso gentío que a la Virgen acompañaba, y el aspecto del monte cuajado de innumerables personas, formaba un maravilloso concierto y daba al pueblo un aspecto nunca visto de alegría.  Hasta la naturaleza parecía formar parte en esta fiesta luciendo un espléndido sol, y sin que la más ligera nubecilla se atreviera a aparecer sobre el horizonte por temor de empañar el hermoso color azul de la bóveda celeste”.

Cuando la procesión llegó a la ermita ésta se encontraba engalanada en abundancia con llamativos adornos y profusamente iluminada, y después de colocar  a la Virgen en su camarín se le dedicó un cántico de acción de gracias (Te Deum) y una salve a cuatro voces con acompañamiento de armonio (armonium). Por la tarde volvió a repetirse la salve a cuatro voces y el lunes por la mañana se celebró una misa a tres en el nuevo santuario.

El cronista terminaba su informe con palabras de elogio a las devotas mujeres que habían hecho posible el oratorio y el acto de exaltación religioso y cómo no, al cura del pueblo “Loor al virtuoso párroco D. Fernando Gallego y al joven y digno coadjutor D. Miguel Puche, que infatigables en el desempeño de su sagrado ministerio, procuran a toda costa librar a esta población del indiferentismo religioso, que cual enfermedad contagiosa invade pueblo tras pueblo, comprometiendo la tranquilidad y bienestar de sus vecinos”.

De esta manera tan poética terminaba el cronista su relato, manifestando su total satisfacción con la fiesta religiosa que había contemplado en esos días, seguramente de forma activa.

Después de ésta no he encontrado ninguna otra noticia de la Ermita del Calvario de Alumbres, lo que me induce a sospechar que el experimento no tuvo mucho éxito y a los pocos años pudo abandonarse el oratorio, aunque de la lectura de algunos párrafos del escrito se pueden sacar algunas conclusiones.

Es verdad que no es mucha la materia que hay expuesta como para considerar cerrado el tema, pero sí se presenta al menos una explicación racional al origen del santuario, que es bastante más de lo que hasta ahora se conocía.

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