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Historias de Alumbres (XIV): Los molinos de viento

Aunque sólo queda en pie el molino del Tío Paco el del Garabito, se sabe que hubo otros dos más en el pueblo, uno desaparecido y el otro casi destruido.
El molino espartero en principio, estuvo dedicado a la molienda de cereales, que fue el origen de los molinos de viento, y posteriormente es posible que fuera adaptado para picar esparto.
El molino desaparecido, es el molino del Rango o de Salud, que estaba ubicado donde hoy están construidos los chalet y dúplex de La Hoya.
El molino de “La Señorita”, está casi destruido en su totalidad y se levantó unos doscientos metros más al Este del molino espartero, en las estribaciones del monte del Tío Gil, al lado de las “Casas de la Señorita “.

Breve historia.

Rodeado de chumberas y rocas, el molino, hoy conocido como molino espartero, ha sido durante muchas generaciones un lugar de juegos diversos para los chiquillos, y muy en especial para los residentes en el Zaraíche, para los que sin duda, se trata de un lugar muy querido. Entre aquel molino y aquellas palas, muchos chiquillos empezaron su “aprendizaje” de hombres mayores de su época, fumando en círculo como los indios los “Celtas Cortos” y los “Ideales”, que alguno de ellos le birlaba a su padre.

 

En aquellos tiempos, los críos conocían muy poco las andanzas caballerescas de D. Quijote y Sancho Panza, en torno a los molinos de viento, así que, gracias a la poderosa imaginación infantil, por aquél molino pasaron los indios Pies Negros, los Apaches, los Comanches, los Yanquis, Billy el Niño, Joaquín Murrieta, Zapata, Pancho Villa, y tantos otros personajes legendarios llevados a las pantallas del cine y admirados y jaleados por los chiquillos.

Sin embargo, en esta época de salvaje economía global, en los que lo que más importa no es el hombre, no es el ser humano, sino el máximo beneficio económico, en el menor tiempo posible, no es de extrañar que haya personas e instituciones que dejen que se pudran o se caigan de viejas algunas de las cosas que tienen un valor meramente cultural y/o sentimental, y en el caso de los molinos de viento, nada más ilustrativo que lo que he mencionado anteriormente. Por lo tanto, en este contexto es extraño también encontrar gente dispuesta a defender uno de los más maravillosos ingenios mecánicos de nuestros antepasados, que supieron aprovechar la energía eólica por medio de la construcción de los gigantes imaginarios de “El Quijote de La Mancha”, de nuestro entrañable Miguel de Cervantes.

Tampoco se puede olvidar, que las entrañas del montículo sobre el que se levantó el molino, albergaron a numerosas familias que en principio carecían de medios para guarecer a los suyos en una vivienda digna, por lo que desde que la memoria me alcanza, e incluso desde mucho antes, según testimonios de personas mayores, y algún periódico de la época, al menos desde el primer cuarto del siglo 20, siempre hubo muchas familias habitando su cueva-vivienda en las laderas del montículo. En 1956 había unas 40 personas viviendo en ellas repartidas en varios grupos familiares.
Por último no quiero dejar de decir que esos viejos y destartalados edificios de los molinos de viento, entre cuyas ruinas se guardan tantos y tantos recuerdos inolvidables de juegos y travesuras infantiles, es preciso conservarlos y protegerlos.

 

 

Antigüedad de los molinos.
El molino más antiguo. He leído muchas cosas sobre los molinos de viento en general y en mis investigaciones sobre los de Alumbres en particular, me ha llevado a constatar que ya en la mitad del siglo XVIII había en la Diputación de Alumbres 3 molinos, de manera que la noticia más antigua que tengo de ellos es de un acta de 1738 que dice así “Viose en este Ayuntamiento un memorial de Sebastián Muñoz vecino de esta ciudad y morador en los Alumbres, en que pide se le autorice fabricar un molino de viento harinero. El escrito nombra las peñas con que linda por levante con el camino de Porman, por maestral con tierras de Miguel Callejas, por poniente con Casa de Josepha Rodríguez, por medio día con casas de Francisco Díaz y Martín Hernández. Entendido que resta acuerdo por el que D. Pedro Rosique reconozca dicho campo y informe siendo de perjuicio la libranza que solicita”.
Este Sr., aunque propietario, parece que no residía en Alumbres, al igual que otros tantos propietarios de tierras y otros bienes de la época.

En el Catastro de Ensenada de 1755, al molino se le asigna una producción anual de 48 arrobas.
Parece que la descripción de estas tierras concuerda con las del molino del que según Carlos Galiana se denominó de Perico el Garrabinero y que nosotros conocemos como molino de La Señorita, y por los datos que se tienen es el más antiguo de los tres.

El segundo molino harinero que se encuentra en el censo de 1761 es el que Juan Bautista Antón tiene en sus tierras de Alumbres, que le producen 40 arrobas de harina de trigo y que importan 240 reales de vellón al año. Este Juan Bautista es escribano y aunque no queda claro, parece que no reside en Alumbres y lo más lógico es que lo hiciera en Cartagena o en la diputación de San Antón donde tiene varias propiedades, y además obtiene otras rentas procedentes de diversas tierras y casas arrendadas en Cartagena y en otras diputaciones de su término.

Éste parece ser el que los alumbreños de mi generación denominamos con toda simplicidad, el molino. Sobre el molino espartero de Alumbres, Carlos Romero Galiana, que además de médico fue un enamorado de los molinos de viento, le llama Molino de Paco el del Garabito y dice que “Es el único molino espartero del que tiene referencia. La única referencia que tengo de él es por tradición oral facilitada por un antiguo cliente de muy avanzada edad. Me contaba que su padre le habló en repetidas ocasiones, que el tío Paco el molinero, salía por el pueblo a vender el esparto picado por el molino en un carrito tirado por dos perros: el Moro y el Garabito”.

En ningún caso he encontrado referencia alguna a actividad que no sea moler harina, en cualquiera de los tres molinos de viento de la Diputación de Alumbres. Sin embargo, Carlos Romero Galiana, que fue un experto en la materia, dice que “Podemos suponer que este molino, primitivamente harinero, sería transformado con posterioridad en un molino de batanes para picar esparto. El único dato objetivo que poseo para suponer ese cambio, es que en la cara interna de la torre no aparecen los mechinales correspondientes a los dos marranos”.

Por el mismo censo de 1761 se que en la Diputación había entonces un tercer molino harinero ubicado en tierras propias a nombre de Juan Barcelona que producía 48 arrobas de harina, e importaban en arrendamiento 288 reales de vellón al año. Este señor, además, tenía propiedades en El Lentiscar (casas y tierras de secano y regadío) y finca en Los Camachos. Todos los datos que poseo indican que este molino estaba situado en Los Mulas.

En el siglo XVIII la propiedad estaba en manos de unos pocos y los propietarios acostumbraban a poner sus tierras, casas, molinos y otros bienes en alquiler, por lo que se sabe que los tres molinos mencionados estaban arrendados, y aunque se conocía a los propietarios, no se sabe quiénes eran los arrendatarios.
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Para terminar quiero aclarar que la función inicial de los molinos es la de moler harina, y que el molino del Rango, que es el desaparecido, era de extracción de agua, y según los expertos, los molinos más antiguos de esta clase empiezan a hacer su aparición a mediados del siglo XIX, por lo que muchos de ellos se construyen ya metidos en el siglo XX, así que el único desaparecido en Alumbres hasta ahora resulta ser el de menos antigüedad.


Nota: Los párrafos escritos en entrecomillado y en cursiva son expresiones más o menos literales de documentos o libros consultados.

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