PERIÓDICO DE SUCESOS, TRIBUNALES y TRÁFICO DE LAS COMARCAS DEL CAMPO DE CARTAGENA Y DEL MAR MENOR                                                                         booked.net

A la Patrona desde el joven sentir cofrade

Pregón del Miércoles de Ceniza pronunciado en la Real Basílica Menor de Nuestra Señora de la Virgen de la Caridad ante la patrona de la ciudad:

Santísima Virgen de la Caridad, excelsa Patrona de Cartagena. Un año más, las cuatro cofradías cartageneras, encabezadas por sus respectivos hermanos mayores, nos postramos a tus pies, en esta esplendorosa Basílica para ofrecerte nuestra devoción, nuestro inmenso cariño y nuestro trabajo cofrade; para transmitirte la noticia de que por las calles y plazas de nuestra trimilenaria ciudad, marrajos, californios, resucitados y del Socorro, todos a una, como auténticos hermanos, volveremos a representar la Pasión, Muerte y Resurrección de tu hijo, ese hijo que ahora vemos reclinado entre tus rodillas, muerto tras los muchos sufrimientos que padeció y una desgarradora crucifixión, pero que en la luminosa y radiante mañana del Domingo de Resurrección, saldrá triunfante y vencedor.

Hoy, Miércoles de Ceniza, tras largos meses de espera desde que finalizara la Semana Santa pasada, los cofrades cartageneros nos hemos reunido en cabildo en nuestras cofradías y hemos decidido, otro año más, sacar nuestras procesiones adelante. Otro año más, en que Ante tí, Madre, nos congregamos, implorando tu bendición y solicitándote la venia para salir a desfilar.
Música y a la calle. ¡Cuánto llegan a significar estas palabras para un procesionista y cofrade de corazón! Con ellas, se da el pistoletazo de salida a una carrera, de la que segura estoy, todos saldremos victoriosos. Por delante tenemos 40 días repletos de pregones, presentaciones de revistas, actos de culto en honor a nuestros titulares, tríduos, la misa en honor al Cristo del Socorro, la Salve Grande california, el Miserere marrajo, el Resurrexit...

Pronto me despertaré un domingo temprano con ese alegre redoble de tambor que anuncia el pasacalle de los ‘judíos’ y su ‘Perico Pelao’; pronto agitaré en el aire mi bufanda al tiempo que los Granaderos salen del castizo Callejón de Bretau y tararearé en mi cabeza ese entrañable ‘Micaela fue a los toros, se cayó de la barrera y su madre le decía ¡pobrecita Micaela!’; pronto me convertiré en una experta meteoróloga, consultando el tiempo de cada día y rezándole a San Pedro para que no deje caer ni una gota durante ninguna procesión, ya sea encarnada, negra, morada o blanca.

El reloj marca la una de la madrugada y me dispongo a vestirme con mi hábito de penitente. Nervios de última hora, apretones de manos y abrazos que transmiten el deseo de que todo vaya bien y la procesión transcurra sin incidencias. Comienzan a sonar los primeros re- dobles de tambor y los monaguillos balancean con cariño los incensarios, que comienzan a desprender esa ligera bruma e intenso aroma, provocando ese ambiente tan mágico que envuelve el inicio de cada procesión. ¡Qué delicioso cosquilleo que se siente al descender por la rampa de Santa María, ya seas penitente, portapaso o nazareno!. Ya estamos en la calle, el pueblo cartagenero aplaude al paso del desfile. Cartagena huele a rosas, claveles y gladiolos, perfume que perdura a lo largo de esos 10 maravillosos días.

La Salve, ese momento tan íntimo que nos une con nuestra Madre; nadie que la haya presenciado alguna vez, ya sea cartagenero de nacimiento o de adopción, se extrañará si afirmo que se trata de un momento cumbre en nuestra Semana Santa, y que incluso hasta el no creyente, no puede evitar estremecerse durante la apoteósica entrada de las Vírgenes en la Iglesia de Santa María Gracia.
Santísima Virgen de la Caridad, en pocas semanas volverá a congregarse ante tu presencia este pueblo de Cartagena con motivo de tu onomástica.

El Cristo Moreno y la Virgen de la Soledad del Consuelo, partirán en un austero Vía-crucis penitencial encabezado por sigilosos alumbrantes a través de las calles de la ciudad, culminando con las primeras luces del alba, que dan paso a un esplendoroso Viernes de Dolores.

La cantera de pequeños cofrades californios, quienes sin duda, el día de mañana seguirán fielmente la estela dejada por sus mayores, recrea la entrada de Jesús en Jerusalem durante la tarde el Domingo de Ramos.

Seis puñales atraviesan el corazón llameante de la Santísima Virgen de la Piedad. El pueblo entero de Cartagena se echa a la calle para contemplarte a tí, consoladora de los afligidos, que te hallas caminando a paso firme y cadencioso, junto al leño de la cruz mientras sostienes entre tus brazos a tu amado hijo.
San Juan, San Pedro y Santiago, partiendo al unísono con el fulgor que les caracteriza desde sus respectivos emplazamientos militares, vaticinan la llegada del día grande encarnado. Miércoles Santo, coloridas capas de entusiastas penitentes ondean por las calles de Cartgena, abriendo paso a un Jesús Prendido ante la mirada de sus fieles discípulos y a la Santísima Virgen del Primer Dolor, cuyo rostro de sufrida agonía e imponente entereza preludian el trágico final.

La oscuridad en las calles y el tintineo que provocan las lágrimas de los hachotes, indican que es Jueves Santo. El espectador silencioso contempla la llegada de Nuestra Señora de la Esperanza que, tras recogerse en Santa María, da paso a los granaderos y sus pasacalles, anunciando con jolgorio y alegría que llega el turno de los marrajos.

La luna llena eclipsa desde el cielo con sus destellos. Jesus de Medinaceli, Cristo cautivo y desalentado, acepta con resignación el peso de la Cruz. Las primeras luces del alba son testigo del Encuentro entre Nuestro Padre Jesus Nazareno y su madre, la Santísima Virgen Dolorosa, en la calle de la Amargura, ante la mirada de su Discípulo Amado y la Santa Mujer Verónica.

Ya es Viernes Santo y la tristeza y amargura nos embargan. La suave melodía de los violines y el tambor con sordina, anuncian la llegada del Cristo Yacente, devastado, inerte después de tanto sufrimiento, y de su madre, la Santísima Virgen de la Soledad, apenada y rota de dolor por la muerte de su hijo. Ambos, dan paso a la ligereza con que transcurre la procesión del Sábado Santo. Soledad de los Pobres, ¡cuánta tristeza y dolor contenido evoca ese gesto en tu rostro!. María de Cleofás y María Magdalena consuelan tu llanto, pues, como decía la profecía ‘Al tercer día, resucitará’.

Los primeros rayos de sol asoman tras las puertas de Santa María de Gracia, que se abren de par en par dejando salir al ultimo cortejo procesional de nuestra Semana Santa. ¡Cristo ha resucitado y ha vencido a la muerte! María Magdalena y sus discípulos son fieles testigos de ello. Virgen del Amor Hermoso, que tras esa mirada limpia y serena escondes felicidad y paz al saber que tu hijo Jesús ha ascendido a los cielos. El pueblo de Cartagena entona con emoción la última Salve y tú, otro año más, te llevas sobre tu manto nuestros pétalos de amor y nuestro corazón, poniendo el broche de oro a la Semana Grande de Cartagena.
Y ya, Virgen María, no me queda más que despedirme de tí, no sin antes implorarte que nos bendigas y que veles desde el cielo para que reine la armonía, la sensatez Y la unión en el seno de cada una de nuestras cuatro cofradías, así como en la relación entre ellas. Nuestras procesiones son únicas y como tal, debemos marchar todos en un único sentido.

Te ruego también, Madre, no te olvides de nosotros, los jóvenes cofrades, pues somos presente y futuro de nuestra querida Semana Santa. Trabajamos con empeño desinteresado e inmensa ilusión por nuestras respectivas cofradías y Agrupaciones, buscando siempre confraternizar con nuestros hermanos, comprometiéndonos día a día a crecer como una comunidad cristiana fraterna y, sobre todo, unida. Ilumínanos el camino Virgen María y ayúdanos a saber tomar el testigo de cuantos nos anteceden.

Santísima Virgen de la Caridad, tus procesionistas (marrajos, californios, resucitados y del Socorro) nos hallamos ante ti para entonar, todos juntos, la primera Salve en este tiempo de Cuaresma que hoy comienza. Canto que emana desde lo más profundo de nuestro ser, como explosión unánime de fe y muestra del inmenso amor que sentimos hacia ti, Madre Bendita, demostrándote que, pese a la diferencia de colores, somos hermanos y que estamos unidos frente a todas las adversidades, luchando con incansable dedicación y espíritu cofrade por sacar adelante nuestras procesiones y tratando de engrandecer, más aún si cabe, una de las tradiciones más maravillosas con las que cuenta esta bendita tierra de Cartagena: su Semana Santa.

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