Miércoles, Febrero 19, 2020
   
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Todo está "ferpecto"

Un virus que no se propaga no es serio

Lo comenté con otras grandes fiestas y también incluyo al Carnaval ahora. Está muy bien publicar cinco mil revistas oficiales y tropecientos mil folletos de mano del programa de actos este año, pero si no hay una buena distribución…

Soy un ‘machaca’ recordando que el 75% de la población cartagenera reside en el exterior de la ciudad y por eso son pueblos y barrios donde más gente hay. No todo es la ciudad, en absoluto. Muchos ‘urbanitas’ se sorprenderían de la vida propia que existe ‘ahí fuera’. Por eso, no basta con poner el cartel de la fiesta de turno en las paradas del autobús, en absoluto. Lo que es la publicidad física (el mundo virtual todavía no lo ha conquistado todo) es mucho más y por eso siempre abogo por una distribución inteligente y amplia.

El Carnaval de Cartagena es de las grandes fiestas la que más gente ha incorporado en los últimos tiempos. Es lo que hemos percibido en Cartagena de Hoy en nuestros algo más de diez años de andadura, en los que hemos sido el medio de comunicación que más ha apostado por esta fiesta y lo hemos hecho dando contenido a los artículos, pues consideramos que un evento de categoría no se debe reducir sólo a colgar fotos. Es mucho más. Tiene su historia y su intrahistoria. 

Por eso, cuando se acercan las fechas de su celebración, nos apena no ver los programas de los actos en barrios y diputaciones. Se pierden visitantes potenciales y es un desperdicio de papel. Algunos dirán que el reparto por un gran municipio en territorio como es Cartagena implica mucho dinero. No sé. Nuestro diario está viajando continuamente de una población a otra y no es tan complicado. El primer paso es planteárselo. Después, si no hay recursos económicos y lo tiene que hacer la propia organización, hay que tener a colaboradores con vocación de servicio y fijar rutas. Estamos de acuerdo en que el Interés Turístico Nacional es el gran objetivo, pero no olvidemos el interés municipal.

Lo dije en otras fiestas, lo digo ahora y lo seguiré diciendo mientras, en nuestra habitual presencia por los pueblos cartageneros, observe que muchos de sus residentes no tienen ni idea de cuándo se celebra el gran carnaval ni qué ofrece. Lo que no se propaga apenas existe.

Es mi opinión, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está ‘ferpecto’.

 

‘¿Quién dijo miedo?’

Año nuevo y más de lo mismo. Las muertes de mujeres a manos de sus parejas no se frena. Está muy bien la labor de educación de la sociedad de cara al mañana, pero en el plan de actuación del hoy algo sigue fallando y mucho.

Las relaciones de pareja tienen una singularidad muy especial, pues se puede terminar odiando a la persona que tanto has querido y ahí el roce que tanto cultivó el cariño se convierte en una situación de máximo riesgo. Lo malo es cuando la parte racional de nuestro cerebro se aparta y aflora la irracional. Entonces, por desgracia, todo puede ocurrir.

Tan mala y repugnable es la violencia en la pareja del hombre hacia la mujer como a la inversa o en parejas del mismo sexo. Sin embargo, es evidente que los datos reflejan que las que pierden la vida son ellas. Hay más fallecidas por la violencia machista que víctimas por ETA en sus años de andadura.

Sigo pensando que no hay miedo a ‘perder los estribos’ por parte de los varones y no me refiero sólo a los casos que acaban con muerte, sino a otros más domésticos, que muchas veces son la antesala de los trágicos.

Si su hija inicia una relación amoroso con un hombre no existe manera de conocer si ese varón tiene antecedentes en materia de violencia en relaciones de pareja. Y digo bien lo de antecedentes con ’s’. Entiendo que un caso puntual se pudiera llegar a considerar algo puntual o accidental (?) y que no se haga público, pero cuando hay reincidencia… Sí, quien repite es por algo y ahí por mucho que me digan lo de la privacidad de datos, no se puede dejar que una inocente caiga en manos de ‘un delincuente habitual’.

Mis trasiegos casi diarios por los juzgados me han permitido conocer muchas situaciones domésticas y en alguna ocasión he visto a una familia sorprendida porque cuando han denunciado una agresión es cuando han descubierto el palmarés del hombre. “¿Por qué no se puede saber antes?”, me preguntaba una afectada. La respuesta, en base a mi experiencia en este terreno, es que la ley en España es muy protectora con los acusados y condenados. En cambio, falta sensibilidad con las víctimas, que según el diccionario es ‘la persona que sufre un daño o perjuicio’.

Y voy más allá. No haría falta ser víctima. Si no estoy equivocado, la ley es lo que en su día se estableció para castigar a las personas que se salían de las normas de la sociedad. Pues eso, que quizás no estaría mal sacar a los reincidentes del anonimato generado por el gran proteccionismo legislativo. Que no está bien ‘marcar’ a nadie, pues puede ser, pero doy preferencia a salvaguardar al inocente. Lo mismo resulta que una ‘condena social’ es más efectiva que la judicial.

Si un hombre sabe que actuar con violencia hacia la mujer le puede llevar hasta que la sociedad conozca lo que ha hecho (y repetido), quizás tuviese más miedo, esa sensación que a veces atenaza más que una cuerda. Lo mismo se podría plantear con los violadores, con los traficantes de droga, con los estafadores, con los ladrones y con los agresores habituales. Repito: habituales. No lo veo nada mal pensando siempre desde el punto de vista del inocente, de la persona que hace su vida sin maldad hacia los demás y que, por lo que oigo, en su mayoría no termina de entender eso a lo que llaman justicia. Vamos, que me agarro a lo de ‘tolerancia 0’ y no a la ‘tolerancia 0 que luego es en la realidad tolerancia 1, 3 ó 7’.

También quisiera aclarar que si un hombre es acusado y sale absuelto, no cuenta en este planteamiento. Y de los casos en que la mujer presenta una denuncia falsa (que las hay), pues ‘leña’ judicial contra ellas (incluso, de oficio) por lo que perjudican a las auténticas víctimas.

Sin embargo, lo mismo resulta que en todo lo que planteo estoy equivocado (no en vano es sólo una opinión) y resulta que todo está ‘ferpecto’.

 

Funcionarios por la descentralización

No es un campaña, simplemente una idea o propuesta. Los vecinos del municipio no terminan de entender que más de la mitad del presupuesto municipal tenga como destino cubrir sueldos de empleados públicos, cuando la idea base de 'rascarse el bolsillo' para pagar impuestos es el de tener servicios y en este terreno no existe proporción.

No voy a entrar aquí en el conflicto actual entre el gobierno municipal y sus trabajadores, que para eso están las mesas de negociación y los respectivos representantes. Los tiros van por otro lado.

La irrupción de la era tecnológica ha supuesto una importante reducción de puestos de trabajo en muchos sectores. Un servidor lo ha sufrido con la llegada de internet, que redujo en más de setecientos los trabajadores de los medios de comunicación en la Región. También han sido víctimas la banca, correos, las áreas de administración de innumerables empresas y el pequeño comercio, que ya no tiene como enemigo solo a las grandes superficies sino también a las ventas por la gran red. Bajo el (discutible) cartel de que las nuevas tecnologías facilitan las tareas laborales, lo que realmente están ocasionando es la reducción de la mano de obra.

En la administración pública, sin embargo, el efecto ha sido mínimo, pese a que también se apuesta por estas tecnologías a través de gestiones telemáticas. Ahora las facturas y muchos documentos van por esa vía, a lo que se suman las justificaciones de las subvenciones destinadas a las asociaciones en Cartagena, lo que está resultando, según me cuenta algunos, un auténtico trastorno porque muchas de estas personas (de labor voluntaria y altruista) no son duchos internautas y, por lo que también alguno me apunta, el sistema a veces da problemas.

Pues bien, salvo que un servidor esté confundido, si hay más trabajo telemático es de suponer que se reduzca la faena administrativa, que es el área al que me refiero, pues hay otras en las que lo que faltan son efectivos, pues ahí sí es necesaria la presencia física, como policías, bomberos o sanitarios, por poner unos ejemplos.

Me centro en ese área administrativa y en mi 'cansina' idea de una auténtica descentralización municipal. Es decir, no hay que reducir plantilla, sino llevar a cabo una reorganización que afecte de forma positiva a todos los vecinos, especialmente a los que residen fuera de la ciudad (un 75% de la población). Se podrían destinar más funcionarios a las juntas vecinales de barrios y diputaciones, que servirían de ayuda para muchos residentes y colectivos para gestiones administrativas y de otro tipo, pues recordemos que actualmente la buena voluntad de cientos de vecinos es la que saca adelante fiestas, actividades culturales o la apertura y cierre de locales sociales, cuando estas funciones en la mayoría de municipios son llevadas a cabo por los ayuntamientos y su personal.

Así, unos garantizan su puesto de trabajo y otros ven más voluntad de una real descentralización. Bueno, y si encima se dota de más presupuesto y autonomía a las juntas vecinales, la felicidad sería ya la 'repera'.

Es una idea que lanzo en base al asiduo contacto que el periódico Cartagena de Hoy mantiene con los vecinos no urbanos, pero lo mismo resulta que estoy equivocado, que es una quimera y que todo está 'ferpecto'.

   

Los vecinos bien merecen un autobús a su disposición

Un bus que las asociaciones puedan utilizar de forma gratuita para efectuar desplazamientos dentro del municipio, lo que facilitaría organizar visitas a exposiciones puntuales o acontecimientos de interés. Es la idea que lanzo y que considero que potenciaría mucho la interrelación entre barrios y diputaciones de Cartagena, además de un mayor conocimiento de los cartageneros de muchas brillantes iniciativas que se llevan a cabo.

Por ejemplo. Santa Lucía ofrece cada año el conocido 'Belén de la Semana Santa', que con figuras de igual tamaño ofrece las escenas de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Con ese 'autobús de los vecinos', una asociación de El Algar, por ejemplo, podría organizar un desplazamiento que permitiría a más personas conocer ese trabajo que ofrece la ACD El Pinacho. Lo mismo puede suceder con la exposición de belenes del mundo que acoge hasta el 31 de enero el campus de la UCAM en Los Dolores, con alguna de las muestras de bolillo, con la feria del libro de algún pueblo, con el museo etnográfico de Los Puertos o con cualquier otro foco cultural que tenga lugar en algún punto del municipio. En grupo es más factible movilizar a los vecinos que en coches particulares.

Sería un servicio de uso reducido, como dos o tres horas como máximo, que cada asociación interesada podría solicitar para tal día de tal a tal hora con un mínimo de participantes. Si estuviese ya cogido por otro colectivo, entonces tendría que buscar otro momento.

No todos disponen de coches particulares o de personas que los trasladen y si bien la conexión por bus de la ciudad con las afueras es buena, apenas existe de forma transversal entre los núcleos de población.

Con lo que pagan los vecinos de barrios y diputaciones (el 75% de la población) en impuestos no creo que la idea sea económicamente inviable y sí sería un hecho concreto de actuación descentralizadora.

Es una idea que lanzo, pero lo mismo resulta que estoy equivocado, que es una quimera y que todo está 'ferpecto' como está.

 

 

¿Falta de respeto a los vecinos? (5): puntualidad

Cuando comienza el año es habitual pedir deseos y un servidor pensó en la paz en el mundo, en ver acabada la regeneración de la bahía de Portmán o en que acabase el centralismo cartagenero hacia sus pueblos, pero me acordé que mi familia siempre me inculcó que no pidiera 'imposibles', por lo que lo simplifico a algo más doméstico, que se respeten los horarios anunciados en los innumerables actos que se van a celebrar este año.

Puede parecer una tontería esa petición, pero resulta que después de tantos años recorriendo las fiestas y actividades culturales de los municipios de Cartagena y de La Unión es una de las quejas más habituales que nos llega de los asistentes. No me refiero a alguno en concreto, en absoluto, lo digo en general y quien se 'pique'... por algo será.

Entendemos que una actuación tenga cinco minutos de retraso de cortesía. Incluso, diez o quince en casos extremos, pero hemos llegado a vivir bastantes de una hora y más. En algunos lugares nos explican que es para que los asistentes, mientras esperan, consuman en la cantina de turno. Es un error. Quien quiere tomarse algo acude antes y lo que apena es ver a personas (muchas de avanzada edad) 'clavadas' en una silla demasiado tiempo. En alguna ocasión hemos visto alguna 'fuga' y también hemos escuchado como nos decían que no iban a uno u otro lugar porque "nunca empiezan cuando dicen".

Respetar la hora que uno mismo fija es respetar al público al que va dirigido y ahí reconozco que admiro al director teatro Francisco García Vicente, organizador del certamen teatral de Portmán. Las obras comienzan siempre a la hora establecida. "Es una muestra de respeto al público", me dijo cuando le pregunté por esa rigurosidad.

Lleva toda la razón y pienso que es un ejemplo a seguir, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está 'ferpecto'.

   

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