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Clase magistral de Pío Baroja... y de Rajoy

Hace ya meses que comenzó a navegar y difundirse por la Red una reflexión histórica, la meditación hecha palabra del insigne literato español Pío Baroja. Corrían los primeros años del siglo pasado cuando los historiadores situaron habitualmente a un elenco de literatos, mal llamados de la 'Generación del 98', en tertulias y reuniones con profundo aroma a tabaco y conocimiento, hoy perseguidos ambos en este mundo superficial de apariencias y favores.

Dicen que el dramaturgo gallego Ramón José Simón Valle Peña, más conocido como Ramón María del Valle-Inclán, por los que entonces estudiábamos literatura con aquellas notorias enseñanzas de la dictadura que realmente duran y duran y duran…, nos suena de algo, hoy… nada, vacío…, desidia…, decía que, en el Nuevo Café de Levante, en la acera izquierda de la calle del Arenal, según se entra por Sol –apuntan las crónicas madrileñas-, era un espacio de entusiastas de las artes en todas sus extensiones. Se realizaban las más importantes tertulias literarias y artísticas con lo más granado de los intelectuales y virtuosos de aquella rancia y sobrenatural generación, como los pintores Ignacio Zuloaga y Beltrán Masses. Los también pintores, grabadores y además escritores expresionistas Gutiérrez Solana y Santiago Rusiñol. El proclive escultor Mateo Inurria, o el dibujante Rafael Penagos, entre otros.

Al parecer, un 13 de mayo, justo 58 años antes de nacer el abajo firmante, el ilustre y reservado Pío Baroja se refirió al momento aquél, como adivinando el futuro y hablaba de los españoles y de sus distintas clases. Así, el novelista vasco sorprendió a todos diciendo: "La verdad es que en España hay siete clases de españoles... sí, como los siete pecados capitales. A saber: Los que no saben; Los que no quieren saber; Los que odian el saber; Los que sufren por no saber; Los que aparentan que saben; Los que triunfan sin saber, y Los que viven gracias a que los demás no saben.

Siguen diciendo las crónicas apócrifas que en la tertulia se encontraban Miguel de Unamuno y Benito Pérez Galdós, el de “Los episodios Nacionales”, por los progres de la ESO, que aplaudieron a Baroja, sobre todo por el último punto, estos últimos se llaman a sí mismos "políticos" y a veces hasta "intelectuales", apostilló el de San Sebastian. No cabe duda que ante tal elenco de sabiduría, catalogar de genial la reflexión sería una bagatela por mi parte, va más allá.

Esta reflexión nos la hacemos desde hace alguna década más de una persona irrisoriamente intelectual en este país y más aún, acercándonos a las fechas del Sufragio Universal trasladado a la vulgaridad en la extensión municipal y regional. Estas reflexiones me llevaron a memorizar algo que aquél profesor de literatura de cuyo nombre no quiero acordarme, en mi pubertad, comentó…, era como una adaptación del vasco ilustre sobre la palabra “golfo/a”. Indagando…, Baroja se preguntó en un artículo publicado en 1900 por ese significado, cuando hasta 1914 no se incluyó en el diccionario tal acepción posiblemente por Menéndez Pidal derivándola de golfín.

Tratando de penetrar en toda su complejidad, Baroja define al golfo como "un hombre –hoy también mujer, golfa- desligado por una causa cualquiera de su clase, sin las ideas ni las preocupaciones de ésta, con una filosofía propia. El golfo no es patrimonio exclusivo de una clase social; está el golfo pobre, el miserable, pero también existe el golfo medio y el golfo -o golfa- aristocrático, luego tocaremos al político. “El golfo es un residuo de las distintas clases sociales”, concluye diciendo Baroja. En un articulo de 1987 exponía; “El golfo no tiene ni familia, ni domicilio, ni actividad conocidas, el golfo no es un mendigo, ni un ratero, ni un desocupado; es una forma que ha nacido de nuestro raquítico medio social."

Una palabra nueva en los albores del XX, pintoresca, de esas que se inventan y corren de boca en boca, de esas que señalan algo desconocido hasta el momento, una cosa nueva, una idea más gráfica, más exacta, más descarnada, y ahora desgastada por el uso. El golfo era un tipo nuevo que surge de nuestro gastado fondo social y ahora está afianzado en el. Es más trágico que cómico, por sus trabajos y sus esfuerzos, no quiere satisfacer sólo sus necesidades, si no que también sus pasiones y sus vicios, estos sobre todo. El novelista establece su diferencia entre "el que odia" y “el que filosofa", las dos tipologías las adscribe en la burguesía y también en la aristocracia y ahora, ya en pleno siglo XXI y con nuestra recalcitrante clase política, la agrego yo al entarimado social actual, por algo es uno de los principales problemas de la sociedad española, por algo será que no pasan de moda el golfo y la golfa y encima cada día hay más, de alguna manera tanto el rey como el Presidente del congreso como el del gobierno apuntalan la idea de recuperar una gran clase política, ¿oído cocina?, empecemos por dar ejemplo donde gobierna el PP, sin ir más lejos aquí.

¿Y toda esta retahíla de literatura barata, que diría algún concejal o concejala de la ESO cartagenera?, bueno…, eso ya es decir, es a cuento del nuevo Gobierno, por fin empezamos a remontar y lo mas granado, o casi…, se hace con las riendas del país, atrás quedaron las improntas talentosas del príncipe de las tinieblas y de su horda de necios y necias en búsqueda de poder, no todos valen para todo y menos para dirigir un país, una región o un municipio, y en eso todavía en Murcia y Cartagena están alejados, aquí todavía se pagan hipotecados silencios otorgando destacados cargos cono direcciones generales y demás a personajes deslegitimados políticamente, aquí todavía se ofrecen cargos destacados, dícese consejerías y concejalías sin mirar la “aptitud” o el talento, o la competencia, sí la “actitud” sumisa. Ahora deberán los del PP tomar nota y limpiar el campo de inútiles, que se dice, y en la región y en la ciudad departamental los hay a espuertas.

Joder con la ley electoral que nos aboca al despilfarro ético, pensando en Madrid me acojono, sí, y menos mal que la cabeza parece que esta amueblada en Madrid, pues los estadistas murcianos se han quedado en Murcia, como no podía ser de otra manera, pensaba acojonado mirando a Gallardón y a Ana Botella que, si casualmente, la excelentísima alcaldesa de Cartagena se hubiera o hubiese marchado, aún más a Madrid, se hubiera nombrado a su número “dos” de la lista, personaje público donde los haya, Alcalde de Cartagena, y en la vida la hubiera visto mas gorda don Nicolás. Menos mal que Dios existe y mantiene un poco la decencia. Decencia que va por barrios, y el barrio obrero socialista está en capilla, quizás con las derivadas del nuevo congreso vuelvan las oscuras golondrinas de antaño y también se remocen los rancios abolengos parasitarios, falta nos hace.

¡Lo dicho Comendador¡, a ver si la eficiencia, la sabiduría, la elegancia profesional, el ahorro, la austeridad, la inteligencia y la destreza nos llega también a la región y sobre todo a la ciudad que falta nos hace en muchas instituciones locales y regionales, no solo políticas, también sociales, religiosas y sobrenaturales….

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