Lunes, Mayo 29, 2017
   
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‘¿Ha fracasado Podemos?’

Aunque habrá más tiempo para analizar de forma pormenorizada los resultados del 26J, cabría preguntarse sobre el posible fracaso del proyecto de Podemos tras la perdida de más de un millón de votos de los que obtuvieron por separado este partido e IU-UP el pasado 20D.

A mi modo de ver, la respuesta dependería de otra pregunta ¿pretendía Podemos convertirse en la herramienta de canalización del descontento que culminó con el estallido indignado en calles y plazas el 15M, o sólo romper el bipartidismo como un partido más, con un mensaje transversal pero recogiendo sobre todo apoyos de la izquierda ante la derechización del PSOE y la falta de representatividad de IU? Si se trataba de lo primero, el fracaso tras dos años de andadura es claro. Si se pretendía lo segundo, sería sólo un fracaso relativo provocado por el exceso de expectativas, dado que se mantiene aún el apoyo de millones de votantes y el bipartidismo se puede considerar roto o muy maltrecho.

Sea como fuere, desde la mayoría de estamentos del partido se habla sobre todo de causas externas como el incremento de la abstención, el triunfo del mensaje del miedo generado por los partidos tradicionales y determinados sectores mediáticos, el incomprensible apoyo a un PP acosado por la corrupción, lo difícil del triunfo al primer intento, o incluso el efecto del Brexit los últimos días de campaña. Según las declaraciones del propio Echenique, no se encuentra una explicación clara a lo sucedido, y apenas se mencionan o analizan los errores propios cometidos, ni las posibles responsabilidades derivadas de ellos. Los resultados de Cartagena y de la Región de Murcia, donde el PP obtiene su mayor apoyo en todo el estado, son especialmente indicativos y dolorosos, y merecen un capítulo aparte. En cualquier caso, tras conocerse los resultados la noche del 26J se apelaba desde Madrid a que el futuro es de Podemos, y a seguir trabajando explicando y abriendo más el proyecto para vencer en próximas convocatorias.

Para quienes desde dentro hemos seguido y participado en la evolución del partido desde su proceso constituyente, existen sin embargo muchas más causas o motivos para los no tan ‘sorprendentes’ resultados. Porque la realidad de los datos demuestra que al PP la corrupción ya le había pasado factura el 20D y la polarización de la campaña sólo vino a provocar una apreciable fuga de votos de Ciudadanos hacia la formación de Rajoy, más sólida para resistir el esperado avance de ‘las izquierdas’.

Tampoco el PSOE salió bien parado, con el peor resultado de su historia, así que ¿dónde están los votos pronosticados por las encuestas para Unidos Podemos? Más allá del manido debate acerca de si la confluencia suma más o menos habría que reconocer que los vaivenes de una imagen a veces conciliadora y a veces demasiado agresiva de Pablo Iglesias no ha ayudado demasiado, como tampoco los mensajes ambiguos o la casi nula presencia de IU en la organización estratégica de la campaña, plagada de los clásicos mensajes de Podemos, de sonrisas o de arrebatos patrióticos algo alejados de los postulados clásicos de parte del electorado tradicional de izquierdas que en esta ocasión decidió quedarse en casa.

La apelación al mensaje socialdemócrata revindicado tradicionalmente por el PSOE tampoco ha debido ser fácil de entender por quienes ven a la socialdemocracia parte integrante de un sistema contra el que se decía luchar y que ahora parecía abrazarse en pos de una imagen de mayor moderación. Pero siempre fue más que difícil remar en varias direcciones a la vez, y no fue el mensaje de moderación lo que catapultó las expectativas de Podemos y el apoyo de buena parte del mundo activista y de gente procedente del 15M en sus inicios. Y es aquí, en la génesis de Podemos y sus vinculaciones con el 15M donde hay que regresar para entender mejor algunos motivos del desapego de parte de sus potenciales votantes.

Podemos creció sobre la indignación generada desde aún antes de aquel mayo del 2011, catalizando el deseo de muchos y muchas de encontrar una vía complementaria a la lucha en la calle, una vía para entrar en las instituciones, pero no para integrarse dócilmente como parte de un sistema que se pretendía sustituir, un sistema que “no nos representaba”. En sus principios organizativos se autodefinía no como partido, sino como “Plataforma de empoderamiento popular y ciudadano”, a través de una metodología horizontal y asamblearia que combinaría las asambleas presenciales de los Círculos con la participación telemática apoyada en el desarrollo de las redes. Pero la realidad fue que una vez finalizado el proceso constituyente iniciado en Vista Alegre, la horizontalidad y el asamblearismo preconizados fueron sustituidos por una estructura jerárquica cada vez más fuerte y concentrada, ocupada por una pléyade de nuevos aspirantes a políticos profesionales, deslumbrados o en el mejor de los casos ilusionados con entrar en el juego de representar a la gente más que en trabajar para crear las estructuras, herramientas y medios que le permitieran representarse a sí misma. Este proceso ha ido dejando parte de gente en el camino y ha alejado la posibilidad del desborde participativo que se preconizaba, de alcanzar esa revolución social real que desde las plazas se reclamaba y se soñaba aquel 15 de mayo del 2011. La estrategia de sacrificar horizontalidad por jerarquía para conseguir una falsa operatividad, se ha mostrado además ineficaz para aumentar la base electoral, y ha tenido como efecto colateral el debilitamiento del movimiento social y la reivindicación en la calle desde la irrupción de Podemos,

¿Qué hacer ahora? Complicado. Lo único claro es que sin un buen diagnóstico raramente se cura ninguna enfermedad, y no se recuperará lo perdido sólo con un voluntarioso ejercicio de paciencia y perseverancia en la metodología empleada, ni con una firme oposición desde el Parlamento al presumible gobierno conservador que se formará. No servirá tampoco un mero cambio formal que no profundice en recuperar buena parte de la metodología y el espíritu de aquel 15M inclusivo y alejado de lideres al que tanto se menciona, pero con el que tanta distancia se ha ido tomando en la práctica.

Es urgente en este proceso de reflexión colectiva dar la voz y el protagonismo a la gente, a sus militantes y simpatizantes, a través de las asambleas presenciales de sus Círculos y sus Asambleas Ciudadanas, apenas consultadas hasta ahora sólo para ratificar algunas decisiones o estrategias ya tomadas previamente desde arriba. Es urgente recuperar el concepto de que los cargos orgánicos son más representativos que ejecutivos, y de que es posible el trabajo colaborativo horizontal e inclusivo tanto en el aspecto del establecimiento de propuestas como en el de toma de decisiones. Es necesario pasar del “somos un instrumento en manos de la gente” de Pablo Iglesias en el cierre de campaña, a ejercerlo en la práctica. Porque sólo con estas y otras medidas similares se ampliará la base participativa y con ella el apoyo electoral a un proyecto que en esencia no era ‘para la gente’, sino ‘con la gente’.

Incluso así será dudoso que pueda recuperarse el pulso, el tren de la historia no pasa a conveniencia.

 

 

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