Lunes, Mayo 29, 2017
   
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La Cofradía del Cristo del Socorro y aquel lejano verano del 36

Hablar del trágico 25 de julio de 1936 en Cartagena supone adentrarse sin lugar a dudas en el capítulo más oscuro y tabú de la historia de la Cofradía del Cristo del Socorro. Nos consta que el movimiento anticlerical –surgido tras el estallido de la contienda civil- se iniciaría en nuestro casco histórico alrededor de las cuatro de la tarde, siguiendo el expolio acontecido durante la mañana en las distintas diputaciones rurales cartageneras. Durante ese tiempo (alrededor de cuatro horas, según Casal) serían asaltados los templos de Nuestra Señora de la Asunción (Catedral Antigua), Santa María de Gracia, Nuestra Señora del Carmen y el Sagrado Corazón de Jesús (San Diego), salvándose parcialmente la iglesia de la Caridad (aunque no la corona de la Patrona) y la capilla del colegio de San Miguel, esta última gracias a la protección del consulado de Francia.

Las autoridades locales del Frente Popular, conscientes de los saqueos que se estaban produciendo durante esa mañana en las afueras comisionarían al cronista Federico Casal para que recuperara un número limitado de obras artísticas de los templos de la ciudad, actuación ésta muy restringida (ya que alcanzaría sólo a tres parroquias). Acompañado por catorce milicianos miembros de las Juventudes Comunistas y Socialistas y en un clima de total caos que se vivía en las calles, Casal lograría recuperar para el futuro Museo Municipal un reducido número de bienes patrimoniales, entre ellos algunos de la vieja Catedral. Concretamente lograría recuperar del templo de la Puerta de la Villa dos cuadros del siglo XVII del pintor cartagenero Francisco Aguilar, cinco imágenes de Salzillo (los Cuatros Santos y Santa Cecilia), la talla de la Virgen del Rosell y los tapices del lateral derecho de la Capilla del Cristo Moreno “…los del lateral izquierdo habían desaparecido”. El plazo igualmente para realizar esta labor también sería ínfimo, expirando en la tarde del día siguiente, 26 de julio, a las 16 horas.

Nos consta que la Catedral Antigua fue uno de los primeros complejos religiosos del casco histórico asaltados, mucho antes que el templo de Santa María de Gracia (cuya recuperación de bienes fue ínfima), sin embargo las actuaciones vandálicas no alcanzarían en julio ese calibre desmesurado que aconteció en otras iglesias. Analizada la situación desde el rigor historicista, podemos concretar que todo el conjunto catedralicio -incluida la Capilla del Duque de Veragua y su histórico retablo- sería en un principio relativamente respetado, debido en parte al fuerte arraigo popular y simbolismo que arrastraba en la ciudadanía el templo y en particular el Cristo Moreno (supersticiones y leyendas al margen).

Sin embargo sí observamos como los asaltantes en ese fatídico 25 de julio se cebaron con la importante biblioteca catedralicia, propiedad de la Congregación Hijos del Inmaculado Corazón de María (Padres Claretianos), rectores del templo. Ésta sería expoliada y sacada mayoritariamente al exterior (inicialmente Cuesta de la Baronesa hacia abajo) donde tras ser recogida nuevamente por la chiquillería sería quemada junto al atrio del templo en una enorme hoguera, aunque ello no fue ápice de que algunos títulos se salvaran por parte de particulares.

Según relata Casal, la iglesia sufriría diversos expolios durante aquél trágico verano, pero sin llegar a la destrucción masiva de imágenes, altares, etc., provocado por saqueadores que se introducían por boquetes que abrían en los tejados del templo. Sin embargo, este hecho se cortó de raíz por orden expresa del municipio, mandándose a unos obreros que sellaron dichos coladeros.

Aludiendo a los testimonios orales todo apunta a que la devastación interna de la Catedral Antigua se realizaría el 2 de septiembre tras la llegada de una brigada procedente de Albacete y su instalación en el recinto. El desligamiento local y cultural de los recién llegados, ajenos al fuerte arraigo de la población hacia el templo –de la cual sí eran conscientes las milicias autóctonas- serían los factores cruciales que llevarían a la realización (o permisividad) de la destrucción o expolio de todo su interior, incluyendo la talla del Cristo Moreno, la Virgen de la Cama y el hermoso retablo de la Capilla del Duque de Veragua. Las pérdidas de todo el conjunto catedralicio unido a los daños de los bombardeos ascenderían económicamente a 770.000 pesetas de la época, perdiéndose el templo y el convento anexo y quedando destruidos según Cañabate “…nueve retablos de madera ricamente labrada y dorada, quince imágenes de talla, numerosos cuadros, ornamentos, cálices, copones, misales y candelabros, quince grandes arañas, la magnífica sillería coral, un armonium grande, sus vidrieras y todas sus campanas.”

De todo esto hace ya ochenta años. Venga con ello el recuerdo de todos los hermanos del Socorro.

 

 

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