Lunes, Septiembre 25, 2017
   
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El negocio de matar el Mar Menor

Somos muchas las personas que tenemos recuerdos de un Mar Menor, quizás más apacible que el de hoy; un espacio de veraneo donde barracas a pie de playa, balnearios, embarcaderos de madera, unos cuantos pisos en alquiler y algún restaurante donde tomar caldero después de un baño en sus aguas templadas de las que siempre esquilmábamos algunas almejas, berberechos y caballitos de mar en pequeños cubos de hacer castillos en las estrechas playas de arena; en contraste con la nueva imagen del turismo que se desarrollaba a marchas forzadas en La Manga.

Ya por entonces este pequeño mar, sufría la aportación de las aguas de saneamientos que no existían en los pueblos ribereños, y por las distintas ramblas (Beal, Ponce, Carrasquilla) aportes de residuos mineros. Era la laguna; recipiente de las escorias del gran negocio de la minería.

Ese Mar Menor más apacible sería más idílico pero como negocio dejaba mucho que desear; así que se planificó, el gran desarrollo urbanístico de los 80 y 90: Paseos marítimos, puertos deportivos, espigones, urbanizaciones … el modelo a seguir es La Manga, Benidorm, Torremolinos, Torrevieja. Los castillos de arena de los pequeños cubos se convirtieron en un desarrollo urbanístico desmesurado, anchas franjas de arena para que los críos construyan castillos sin limitación de suelo urbanizable. Las arenas de las regeneraciones de playas se las llevaban los temporales de invierno que enterraban praderas de algas, y entonces construyeron espigones para aguantar la arena, que influyeron sobre las corrientes provocando zonas de aguas estancadas. Pero el negocio del boom inmobiliario fue un éxito descomunal que mermó ya mucho las condiciones del Mar Menor.

Pero como todos los negocios que sólo buscan la rentabilidad de lo inmediato, éste se truncó con la burbuja inmobiliaria y la crisis económica. La laguna sufriría su segunda gran agresión y las personas que pedían medidas para frenar tanta palada de hormigón eran tachadas de enemigas públicas para el desarrollo regional.

Para las élites económicas, que se fastidie un negocio es tan solo una oportunidad para empezar otro. Si el suelo no se puede construir, si se puede labrar. Además se cuenta con la complicidad de un gobierno regional que nos dará agua por activa o por pasiva. Se abren pozos ilegales, se roturan regadíos más ilegales, se echa basura y se cagan en los libros de agricultura. Y el Mar Menor no puede más, y sufre indigestión de nitratos, fosfatos, salmueras y lo que no se cuenta. Que, por cierto, llegan a la laguna por más ramblas aparte de la del Albujón y a través del acuífero en cantidades mucho mayores.

El desastre será monumental para la economía de las PYMES y autónomos de los municipios. ¿Alguien se va a preocupar de calcular, lo que supone cuantitativamente el cierre de negocios, las perdidas en ventas, el cierre y puesta en venta de viviendas que son la ilusión de toda una vida de trabajo para muchas personas? No, porque quienes tendrían que hacerlo harán otra vez un gran negocio del desastre. El dinero de la CE se gasta en más obras, como tanques de tormenta, resucitamos Puerto Mayor, la pasarela del acceso norte a la Manga, echamos taxis al agua y nos regalamos trenes aéreos; legalizaremos regadíos ilegales dándole derecho al agua a nuevas zonas con las recogidas de la Rambla del Albujón que depuraremos con el cánon de saneamiento que ya paga cada hijo de vecino y luego regalaremos a nuevas sociedades agrarias. (Una estafa en toda regla).

Es su plan. Extraer hasta la bilis, para aumentar cuentas bancarias, que pagarán sus campañas electorales con las que ganar elecciones y aprobar planes de regenación como filtros verdes y lo que nos pidan, siempre que tengamos una empresa amiga a la que dar la concesión de la actuación.

Pues se pongan como se pongan no hay más solución que poner límite a la raíz del problema; que hoy por hoy es el desarrollo intensivo de regadíos, el uso ilimitado de agroquímicos, la sobre explotación de acuíferos, los Novo Carthagos, los Puerto Mayor, etc.

Porque la cuestión no es seguir manteniendo el secuestro del bien general que el gobierno regional ha perpetrado a favor de las élites económicas. El asunto está en cambiar el concepto de aguas aptas para el baño, por el de calidad óptima de las aguas para el desarrollo de un turismo sostenible de calidad y sin temporalidad. Y tiempo, no hay mucho.

 

 

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