Lunes, Mayo 29, 2017
   
Texto

Luis Angosto Lapizburú o la Cofradía de San Ginés de la Jara

Tras los pasos de un centenario: 1917-2017

“Cuando ya en la senectud –arqueado sobre su bastón, barba venerable- subiera a la Catedral Antigua en sus visitas diarias, sería saludado cariñosamente por todos los pobres con quienes él había sido generoso, pero sobre todo por los niños, que se discutirían con amor las trémulas manos del anciano. Y él sonreiría. Pero les silenciaría que estaba profundamente contento, porque, gracias a Dios, había llegado a ser tan pobre como ellos…” (Isidoro Valverde. 1965)

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Indudablemete el dios Chronos no podría entenderse en Cartagena sin esa otra intrahistoria que durante siglos ha ido escribiendo durante generaciones las gentes de este rincón mediterráneo. Infravalorado dicho género durante tiempo y lejos de oficialismos, al día de hoy éste adquiere una gran relevancia al profundizar sus investigaciones en aspectos muchos de ellos desconocidos, enriqueciendo nuestro pasado y lo más importante, dejando patente ese legado histórico que de otra manera -como en tantas ocasiones- desaparecería en el universo de la nada.

Es aquí donde surge a nivel institucional el redescubrimiento de esa otras historias nacidas de manos del pueblo como es el caso de nuestras Cofradías, y más concretamente la Cofradía de San Ginés de la Jara. Ésta en los últimos tiempos ha abogado por la recuperación de una memoria histórica que caminando de la mano del santo patrón de Cartagena -reconocido por el Concejo en 1677- se adentra en el siglo XVI, centuria coetánea a su canonización en 1541 por el Papa Pablo III, hace ya 475 años.

Más allá del universo apasionante que engloba la figura de San Ginés y la historia e  ignominia de su monasterio nos encontramos con la cronología de una cofradía cartagenera donde en un mundo de luces, sombras y resurgimientos encontramos nombres propios escritos con mayúsculas cómo es el caso de Luis Angosto Lapizburú (1849-1922), auténtico valedor e impulsor de la refundación en la Catedral Antigua de dicha institución en 1917 y de quién sería su primer Hermano Mayor a la par que presidía la del Santísimo Cristo del Socorro y la de los Cuatro Santos.

Hablar de Luis Angosto es hablar ante todo de una de las más respetadas personalidades de la burguesía y sociedad cartagenera de su época. Hombre de fuertes convicciones religiosas, marino, político, valedor de los más necesitados…, su curriculum polifacético alcanza en ocasiones aspectos inimaginables, hechos que ensalzan aún más la vida de este cartagenero nacido el 16 de mayo de 1849 en la calle Jara, número 5.

Por el cronista Federico Casal (1930) nos consta que ingresó en la Armada en 1861, adquiriendo el grado de Guardia Marina en 1864. Su biografía militar no deja indiferente a nadie, incluyendo doce años de navegación por todo el globo, donde su primera línea en hechos de armas y desembarcos le hicieron valedor de distintas distinciones por sus acciones, alcanzando el empleo de comandante de Infantería en 1876. Coleccionista de armas y hombre de gran sensibilidad artística reunió durante sus viajes una interesante colección de telas, cuadros, porcelanas y distintas piezas arqueológicas, dejando en su legado igualmente la impresión de unos estudios sobre la navegación por las costas de Mindanao, Yobo, Zamboanza y otras islas del Archipiélago filipino. Igualmente no podemos dejar de plasmar dentro de su periplo militar su faceta -siempre que se le ofrecía la oportunidad- de la compra y liberación de esclavos, a los que más adelante cristianizaba.

A nivel local desempeñó en Cartagena el cargo de profesor de la Escuela de Torpedos, retirándose de la Armada en 1878, para más adelante abordar la carrera política, siendo miembro igualmente de la Comisión en la Jura de la Reina María Cristina tras fallecer el Rey Alfonso XII. Durante dicha trayectoria tomó posesión en 1884 del escaño de diputado por Santa Cruz de Tenerife (tierra natal de su cuñado el almirante Conde de Santa Pola D. Juan de Antequera), en 1891 designado senador por Orense y en 1896 por la provincia de Murcia. Finalmente, en 1899, nuevamente ostentaría el cargo de diputado, esta vez por Cartagena, siendo en esos momentos Jefe del Partido Conservador, cargo que cedió al general D. Joaquín Togores.

Incombustible como nadie, perteneció a la Junta Provincial de la Liga Marítima, siendo también impulsor de la construcción del ferrocarril costero-estratégico a la par de mostrar su sensibilidad por la mejora del Puerto de Cartagena y el problema del abastecimiento de aguas potables a la ciudad. Sin embargo el Luis Angosto que más caló hondo en el pueblo fue el hombre humano de gran excelencia caritativa y religiosidad. En la última etapa de su vida, ya retirado, dedicó su patrimonio a la ayuda a los más necesitados. Por ello no era raro verlo diariamente con su inconfundible barba blanca, o con su galera, recogiendo niños desarraigados por las calles. Si estaban descalzos les compraba calzado en la primera alpargatería que veía, y si hambrientos paraba en cualquier confitería, o en su caso en la bodega de la calle de la Caridad, número 11. Alguien escribiría alguna vez que por las noches su casa de la calle del Duque -que una vez llevó su nombre- era invadida por esos mismos niños a los que daba de cenar, enseñaba a leer y explicaba la doctrina cristiana. Y es que así era el Hermano Mayor de la Cofradía de San Ginés de la Jara... Es por ello cómo fue uno de los pilares fundamentales en la fundación de la Casa del Niño y miembro de la Junta de Protección de la Infancia y Represión de la Mendicidad.

Don Luis Angosto Lapizburú falleció el día 13 de junio de 1922, hecho que llenó de luto a Cartagena porque los grandes hombres siempre dejan huella. Por esta razón la Cofradía de San Ginés de Cartagena, a las puertas de la celebración del centenario de la refundación labrada por su antiguo Hermano Mayor -el mismo que recuperó la Romería al Monasterio del Mar Menor- no olvida, ni quiere olvidar. Es por esto que mirando a 1917 hacemos extensivo con estas líneas la recuperación de su memoria, la de un hombre bueno, Luis Angosto, “el padre de los pobres”...

 

 

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