Viernes, Noviembre 24, 2017
   
Texto

¿Rigor histórico o machismo?

Soy festera desde mi infancia, desde que mis padres y tíos se unieron a la Legión Magistrados de Roma allá por el año 1994. Hace cuatro, entré a formar parte de la Legio Vernácula. Durante todos estos años, he trabajado montando y decorando el Campamento Festero con mi familia, amigos y compañeros de legión, he desfilado, he batallado, he figurado en actos y he colaborado en las convivencias. Como yo, todas las mujeres festeras se vuelcan en que estas fiestas tan singulares sean un evento apropiado para todos los públicos. Nos costó sudor y lágrimas que se nos permitiese hacernos trajes de guerreras y que se nos “dejara” participar en la batalla, llevar una gladius, una falcata o un arco, pintarnos la cara al más puro estilo Brave Heart, deshacernos de aquellos trajes romanos de los noventa en los que cuatro metros de tela no eran suficientes para hacer una toga, conseguir puestos de representación y hacer que la mujer tuviera su espacio en estas fiestas. Por fin lo conseguimos. Tenemos reinas, caudillas, diosas, sacerdotisas, guerreras, milites, guardianas, civiles y vestales. Personajes históricos y mitológicos se hacen realidad a través de nosotras, las festeras. Conseguimos también puestos de presidencia en las tropas y legiones, Consejo Cartaginés y Senado Romano, nos encargamos de vestuario, acondicionamiento, decoración, organización y montaje de buena parte del campamento. Tenemos actrices improvisadas que lucen como profesionales encima de los escenarios, costureras y diseñadoras que nada envidian a Victorio & Lucchino, madres que se dejan el invierno trabajando los trajes de sus hijos, jóvenes estudiantes que ahorran cada año para estos días, vacaciones que se reservan para estas fechas y viajes eternamente repetidos a la tienda de telas y mucho dinero, esfuerzo y pasión invertidos en estas fiestas tan memorables. Todo sea por nuestra querida Cartagena, que así lo merece.

Pero hay algo que parece que las mujeres festeras aún no merecemos. O no nos quieren hacer merecer. Ayer estuve en la exposición que la Federación de Tropas y Legiones ha inaugurado en el Museo del Teatro Romano, y observando las fotografías varias veces, me pongo a pensar. Conozco a este, mira aquel otro, que chula esta foto, el desembarco, la batalla, la contratación, las bodas… ¡Coño! No hay tías. No veo tías y empiezo a frustrarme. Voy a contar, no te vuelvas loca tan pronto, nena, que luego te llaman feminazi...

De 29 fotos en total, sólo en 2 aparecen mujeres. En la primera foto veo a Himilce en su acto de casamiento, ladeada, y de frente Aníbal, el verdadero protagonista del acto, pero como es una boda, ¡habrá de haber una señora! En segunda foto no hay rostros de mujer, son cinco chicas bailando de espaldas al fotógrafo. ¿Será casualidad? Pues seguramente muchos aludáis a eso, casualidad, sin más maldad que la que puede parecer a simple vista.

“No se ha hecho adrede”, “eres una exagerada”, “ves cosas donde no las hay” y “estamos intentando mostrar el rigor histórico, las mujeres no luchaban en el Siglo III a.C.” serán algunas de las excusas que otros tantos pondrán.

Pero esto tiene más trasfondo del que pueda parecer. Esta exposición muestra el ninguneo con el que se nos trata a las festeras, a nuestras personajes, a las representantes del género femenino que en consecuencia son la mitad (o más) de los festeros y que hacemos lo mismo que los hombres de las fotos.

Si atendemos al rigor histórico, podemos, directamente, coger un tenedor y sacarnos un ojo, pues si así fueran las fiestas, las mujeres nos vestiríamos de pies a cabeza y nos pasaríamos los diez días yendo con un cántaro a la fuente y sin pisar la calle, sin tomar ni una cerveza o rezando en algún templo creado para el efecto. Si atendemos a la casualidad, por favor, rectifíquese, porque por estas supuestas casualidades, por ejemplo, Planeta de Agostini ha tenido que cambiar su colección de personajes históricos del mundo y pedir disculpas a más de la mitad de la humanidad: a nosotras, las mujeres.

Los carteles que todos los años publicitan las fiestas también tienen ese “toque sin querer” (porque todo es sin querer, oiga, sin maldad) donde no aparece ni una puñetera referencia a que las mujeres también existimos en las fiestas.

Y es que siento que estamos ya muy hartas del ninguneo al que se nos “acostumbra”.

A desfilar detrás, a que el personaje importante sea él; ella es la que se casa, que para eso nació, ¿O es que no sabes de Historia? A que nuestras reinas, como la amazona, y caudillas, como la lobetana, princesas como nuestras queridas Himilce y Emilia Paula (siempre perfectas, siempre correctas, el protocolo al dedillo, no te quedes afónica cantando de noche, que no se te corra el rimmel, que no te vean con dos copas de más) sean sometidas a ese protocolo tan estricto al que alude el “rigor histórico”, que resulta que sólo es aplicado a ‘ellas’. Las nenas, las nenicas, las muchachas, las zagalicas. Así que os planteo así, a bote pronto, ¿Qué coño hacemos que no nos ponemos en pie de Segunda Guerra Púnica ya?


 

 

Prohibida la publicación de fotografías de este diario digital con la marca 'CYA' en cualquier publicación o en Internet sin autorización.

 

Login Form

Este sitio utiliza cookies de Google y otros buscadores para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y analizar las visitas en la web. Google recibe información sobre tus visitas a esta página. Si visitas esta web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies. Para mas informacion visite nuestra politica de privacidad.

Comprendo las condiciones.

EU Cookie Directive Module Information