Sábado, Agosto 18, 2018
   
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‘Ante la impotencia, investigación’

Desde la impotencia al comprobar el resultado de cinco años de esfuerzos dedicados a salvaguardar el patrimonio cultural, inmaterial, natural y la necesidad de poner en valor cuanto de positivo contiene el cerro de San Ginés de la Jara, la asociación cultural Monte Miral está impulsando la convocatoria de un premio de investigación que atraiga hacia esta zona el interés de la comunidad científica, en la esperanza que ella sea mucho más eficaz que nosotros y nuestras instituciones.

El proyecto, llamado Premio Miral San Ginés de la Jara, se presentó en la IV Semana Cultural de la Universidad de Mayores el pasado jueves. En la conferencia intervino, entre otros invitados, la directora del Museo del Teatro Romano de Cartagena, Elena Ruiz Valderas y, aunque no lo expresó textualmente, dejó claro que la posibilidad de convertir el cabezo en una especie de museo del tiempo es en este momento inviable, pero propuso y explicó “una metodología de intervención” que requeriría tiempo realizar y por supuesto capital para finalmente ejecutarse.

El premio nace con vocación de continuidad y prestigio, cuidará especialmente la selección de los miembros del jurado para garantizar objetividad y rigor científico, y estamos seguros que los trabajos presentados incorporarán datos al análisis previo, orientarán la propuesta de intervención y planificación, contribuirán a la difusión e interpretación del Sitio Histórico y ayudarán a la gestión cultural del mismo.

Creemos que la convocatoria del premio de investigación facilitaría parte de cuanto se precisa para actuar sobre el paraje, sea cual sea el uso que pudiera dársele,  porque será fruto del trabajo en equipo realizado por el comité organizador compuesto por: universidades, ayuntamientos, organismos y entidades diversas y premiará investigaciones sobre cualquier aspecto relacionado con las comarcas del Mar Menor y Cartagena, hoy integradas por los municipios: San Pedro del Pinatar, San Javier, Los Alcázares, Torre Pacheco, Fuente Álamo, Mazarrón, Cartagena y La Unión. Análisis desarrollados desde cualquier disciplina académica, desde cualquier rama del saber.

Es incomprensible que conociendo la valía cultural, natural y el potencial del monte Miral, también llamado cabezo o cerro de San Ginés de la Jara, las ermitas se encuentren en ruinas y los hongos estén borrando las pinturas monocromáticas de la ermita de Los Ángeles, en las que “todavía podía reconocerse la figura del santo en 2003”, según dijo en la conferencia el arqueólogo y profesor de la Universidad de Murcia Alejandro Egea, autor del único estudio realizado sobre la totalidad del eremitorio. Estas modestas construcciones son visibles desde la vía rápida que conecta con Cabo de Palos y La Manga. Situadas en la superficie del monte que desde hace un millón de años ha sido testigo mudo de nuestra historia, son tarjeta paisajística de visita para los cientos de miles de turistas que recorren esta parte de la costa.

La Administración lo sabe. De lo contrario, la Dirección General de Bienes Culturales no hubiera incoado el expediente de declaración de Sitio Histórico en enero de 2017, ni en los últimos años el Ayuntamiento de Cartagena hubiera promovido visitas guiadas a Cueva Victoria, una de las más importantes de Europa por los hallazgos paleontológicos encontrados y la aparición de restos que, en 2011, sorprendieron a la comunidad científica internacional al reforzar que las primeras migraciones humanas hacia el continente europeo probablemente entraran por el Estrecho de Gibraltar y no por el Este, como sostiene la teoría comúnmente aceptada. Lugar, también, en el que aseguran algunos especialistas que en sus estratos puede estudiarse la climatología de esta parte del sureste peninsular pese a la gran transformación causada desde la antigüedad por la explotación minera, especialmente en su última etapa, la que concluyó a mediados del siglo XX.

Además, el monte Miral queda protegido dentro de la Red Natura y ahora está de moda, la jara fue elegida Planta del Año.

A todo lo anterior hay que añadir la incógnita del agua en toda la amplitud del término. Sin ir más lejos el Mar Menor, que hace meses ingresó en Urgencias. Estudios de toponimia y hallazgos arqueológicos subrayan la estrecha relación entre el agua y el pasado de la zona. Cabe preguntarse, como afirmó en la presentación el cronista oficial de Cartagena Luis Miguel Pérez Adán, “si hubo y todavía queda agua termal en el monasterio o en sus inmediaciones”. Algunos documentos la mencionan y puede que fuera la causa real de parte de las sanaciones que las leyendas atribuyen al santo en cualquiera de sus versiones, todas coinciden en destacar su fama de milagrero.

Los expertos, a día de hoy, reconocen que es imposible desligar el monte del monasterio medieval y que este último se fundó a consecuencia del original asentamiento de eremitas en el cerro.

¡Madre mía! Parece que sabemos mucho, pero ¿de qué ha servido hasta ahora? El monte Miral tiene propietario, como no sea a él a quien haya servido de algo…

Creemos que a la Administración le falta imaginación y a la ciudadanía nos falta responsabilidad para velar por bienes de interés común. Consideramos necesario cambiar “el chip” y desde la realidad presente, mejorar el futuro. Casi finalizando la segunda década del siglo XXI, es imprescindible partir de datos verdaderos. Es hora no solo de averiguar lo que ignoramos sino de examinar aquello que hasta ahora creemos conocer.

 

 

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