Domingo, Diciembre 16, 2018
   
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El patriotismo de los pobres

Estamos en el primer aniversario del 1 de octubre, un día en que, quizás ser conscientes de ello, nos ha marcado la agenda política en todo un año.

Posiblemente habrá algún interés en ello (interés que no será compartido por la gran mayoría de la ciudadanía, pero que ahí está). Después de una semana intensa de noticias, y por desgracia, poco agradables, no puedo evitar compartir la sensación de cabreo monumental con la clase política en general y con el Gobierno en particular.

Una semana donde se han producido 5 asesinatos machistas, dos de ellos de niñas. Asesinatos que se podrían haber evitado, con recursos por una parte, y con formación para las personas que deben atender a las mujeres que piden ayuda, por otra.

Si hubiese habido 5 muertos por un atentado estarían los informativos abriendo sus noticieros con la “primicia informativa” y estaríamos al tanto de la investigación, casi en directo. Minuto y resultado, casi un especial de Gran Hermano... Pero seguimos con las víctimas de primera y las víctimas de segunda.
Esto es terrorismo machista, sí o sí.

Y otro terrorismo, el social.
Nos encogió el corazón la noticia también de esta semana de dos ancianos que habían pasado dos noches durmiendo en un  parque. Se habían ido de su casa, los desahuciaban y antes de que los echaran, se fueron ellos. Sin decir nada, sin comunicarlo a su gente más cercana. Estaban avergonzados, en estado de shock por una deuda de alquiler de 500 euros que los echaba de su casa. Y sin conocimientos para pedir ayuda.

Quienes tienen que tener vergüenza somos todos los demás, no estos ancianos. Por permitir que esto esté pasando. Porque mientras ocurran casos así, falla toda la sociedad.

Pero nos entretienen muy bien. Hemos estado viendo cómo se desenvuelven los casos de másteres, los casos de grabaciones a políticos, las casas de unos y de otros. Que si son actuaciones legales, pero no éticas. Que si son casos prescritos y se archivan. Que si un Tribunal ve indicios de delito y otro no.

Lo que quieran ustedes, hay opiniones para todos los gustos. Pero esta semana cambiamos el tema de las conversaciones. Ahora toca marcar en la agenda política la unidad de España, estoy segura que toca recordatorios de las cargas policiales, de las votaciones en Cataluña; tendremos comunicados o declaraciones de todos los políticos, cada uno tirando para lo que le interese y que le pueda dar votos también (por supuesto).

No quiero decir que no sea importante, sólo incido en que a la gente que vive en precariedad le preocupan otras cosas que deberían estar en la agenda de un Gobierno que se dice progresista. Es inaceptable, tanto que se asesinen a mujeres por el terrorismo machista como que se desahucien a personas vulnerables sin alternativa habitacional: esto también es terrorismo.

Y sin olvidar que la pobreza sigue aumentando, según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), el 21% de la población en España está en situación de pobreza severa; y uno de cada tres niños son pobres. Esto es un 40% más que hace diez años, cuando comenzó la crisis.

Tampoco se debe olvidar a los pensionistas, que con su lucha están consiguiendo que los políticos hagan su trabajo y les protejan su pensión. Defienden sus derechos, y muchos hogares sobreviven gracias a la pensión de los abuelos.

Estos son los ejemplos de patriotas que yo quiero seguir. Recuerden quién mueve el país con sus movilizaciones para conquistar derechos para toda la ciudadanía cuando nos abran los informativos de esta semana, cada uno envuelto en su bandera.

Las mujeres que se concentran cada vez que un terrorista asesina a una hermana; el pensionista que se manifiesta por su derecho a una pensión digna con la que ayuda a su hijo en paro para que no le falte de nada a su nieto; las compañeras de la PAH que evitan desahucios o que acompañan y brindan su ayuda a quien lo necesita; estos son los patriotas verdaderos. Que nos os confundan con las banderas.

La gente normal seguiremos conquistando derechos porque somos nosotras quienes tenemos que caminar juntas.

¡Si nos movemos se cambia todo!

 

 

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