Martes, Agosto 14, 2018
   
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¡Guau, qué playa!

Un acierto que Cartagena ya tenga una playa en la que las personas puedan bañarse con sus perros. Es cuestión de comprensión y respeto. Unos disfrutan de sus, para muchos, 'mejores amigos', mientras que para otros es una tranquilidad no compartir arena y agua con animales, ya sea por salud pública o por, simplemente, porque no están cómodos en esa situación. Ya no es cuestión de que unos convenzan a los otros de su postura en este asunto, sino de delimitar, pues con fronteras también se evitan roces y que acabe amargándose un buen baño. En este mundo habemos de todo y la cuestión es que todos tengamos nuestros espacios sin invadir a los otros. Quizás Cartagena tendría que tener playas de canes desde hace tiempo y quizás una es poco, pero la cuestión es que ya hay una. Así no habrá problemas, aunque lo mismo resulta que todo estaba 'ferpecto'. Por lo que he visto, no era sí.

 

De la espera a la desespera

Será el sistema, serán los profesionales... Qué será, será. El caso es que lo de acudir al médico es para tomarlo con calma, pero sucede que, al margen de que unos pacientes sean más pacientes que otros, también están los casos de quienes no pueden privar a sus trabajos de un tiempo, en ocasiones, excesivo. Los habrá que no tienen problemas porque gozan de todo el tiempo del mundo, pero los hay que sufren porque para ellos el tiempo es oro, como, por ejemplo, son los (siempre maltratados) autónomos.

Y con este panorama llega el verano, la fecha en la que es habitual tomarse unas merecidas vacaciones. Sin embargo, resulta que esos puestos en las consultas no son reemplazados y te encuentras que un galeno lleva dos o tres consultas. El resultado a esa ecuación es obvio: tiempo, tiempo y tiempo. Tampoco se libran consultas de especialistas. Un servidor, que por mor de los años que va cumpliendo cada vez tiene más achaques, ha sido testigo este verano en una consulta del Rosell de cómo se quejaban personas que llevaban hasta dos horas de demora sin escuchar sus nombres. Uno exponía su incredulidad de cómo podía existir tanto retraso cuando resulta que la hora la ponen los propios sanitarios. No le sirvió de nada.

En estos casos, por lo que nos comentan unos y observa uno, las quejas están mal dirigidas. Habitualmente la ira se dirige hacia la persona que está en ventanilla, quien muchas veces no tiene poder en este asunto. Lo mejor es pedir hojas de reclamaciones. Está obligados a facilitarla y es lo que más fuerza hace. La segunda opción es el servicio de atención al paciente. Lo que es papel mojado es quejarse y luego no dar el paso apropiado. Estadísticamente ante el Servicio Murciano de Salud no existirán tantos problemas, pues nadie se queja por la vía reglamentaria. Lo demás es blamar en el desierto.

Eso sí, al margen de esos papelicos, no estaría de más que nuestras autoridades sanitarias cubriesen el capítulo de personal cuando hay vacaciones o bajas y adjudicar citas que se puedan cumplir. No estaría de más. Como siempre, digo esto suponiendo que todo es mejorable, pues lo mismo resulta que todo está 'ferpecto'.

 

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