Martes, Mayo 21, 2019
   
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¿Quién es mi vecino?

El asunto del asesinato de Laura Luelmo ha abierto varios debates, entre los que figura el derecho o no de los ciudadanos de conocer los antecedentes de las personas que residen en su entorno y con los que se cruza a diario.

Un servidor siempre se ha posicionado en que los buenos ciudadanos deberían tener derecho a conocer si un vecino ha sido condenado por asesinato, por abusos sexuales, por pedrastia, por narcotráfico o por atracos, por poner algunos ejemplos, siempre dentro de un nivel de delitos relevantes. Lo mismo pienso sobre el 'terrorismo machista' cuando se trata de condenas de relevancia o de reiteración de pequeños castigos judiciales, pues soy de los que le gustaría saber si la pareja de su hija tiene antecedentes o no. No me refiero a un hecho aislado, sino cuando se trata de reincidentes, recalco. Esta opinión me ha sido muy criticada por algunos jueces y abogados, quienes exponen que cuando se ha cumplido la condena ya se ha pagado. Es decir, borrón y cuenta nueva.

Este asunto de la joven profesora asesinada activa el debate. ¿Hubiese escogido esa vivienda para residir Laura si supiese que cerca vivía una persona condenada por asesinato?

Ahora todo el tema está efervescente y luego le tocará, como es tradicional, enfriarse. Sin embargo, mientras tanto cada uno tenemos nuestra particular opinión y es algo que bien debería analizar los que marcan las pautas de la justicia en nuestro país mediante leyes y para aquellos que luego se encargan de aplicarlas optando por mayor o menor severidad dentro de unos parámetros.

Ahora, lo mismo tengo una visión equivocada y resulta que todo está 'ferpecto'.

 

El movimiento se demuestran andando

Una manifestación, concentración o marcha popular tiene como finalidad mostrar al resto de la sociedad que una parte significativa de la población está a favor o en contra de algo. Realmente, salvo casos tan escasos como puntuales, la gran mayoría de convocatorias no se corresponde con esa definición y en ocasiones hay casi más colectivos convocantes que personas alzando la voz en la calle.

Nuestros políticos se fijan mucho en eso, pues ahí ven realmente lo que realmente importa al ciudadano por encima del jaleo que monten unos cuantos. Luego cada uno podrá poner excusas de por qué no ha acudido. Unas serán ciertas, pero otras muchas quedan en eso, en excusas, pues, por poner unos ejemplos, sí existen movilizaciones masivas cuando se trata de fútbol, cine o rebajas, incluso pagando. Cuando algo realmente importa es cuando uno cambia sus hábitos y se moviliza. Lo demás teóricamente importa, pero parece que no tanto. Y matizo que no basta con darle al ‘me gusta’ en redes sociales o compartir noticias relacionadas. No es lo mismo el inmovilismo detrás de una pantalla que tener un argumento que nos haga mover el cuerpo. 

Este comentario viene en relación al 25N, el día mundial contra el terrorismo machista, que este año ha acabado con 44 vidas en España (casi a una por semana) y que a lo largo de la historia acumula muchas más víctimas que firmó ETA. Las cifras en Murcia, Cartagena y en varios municipios son más bien escasas (en cada caso proporcionales a su población). Es triste, pues da la sensación de que es un problema sólo para la persona lo que sufre y su entorno más cercano, cuando realmente es una amenaza que sigue latente y sin resultados contundentes que permitan ver un horizonte próximo para su erradicación. 

Son importantes las políticas de prevención con los niños y jóvenes, pero también con los que ya acumulan algunas décadas. Por eso, lo primero es mentalizarse uno de que este problema también es cosa suya y a partir de ahí tratar de contagiar a su entorno, ya sean vecinos, compañeros de trabajo o amistades.

Las manifestaciones convocadas este 25N tienen mucho sentido, pero poca participación, lo que supone una escasa presión para políticos, jueces y cuerpos de seguridad. Las palabras de lo políticamente correcto no siempre tapan la cruda realidad y al final queda en algo más simbólico que popular. Una pena.

Sin embargo, lo mismo resulta que estoy equivocado en mi particular análisis y todo está ‘ferpecto’.

 

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