Sábado, Abril 21, 2018
   
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Suena alegre el carnaval

La gran fiesta de los disfraces echa el telón con una buena nota que le hace avanzar hacia su objetivo de lograr el Interés Nacional con una edición que ha tenido muchas más luces que sombras.

Es la tercera gran fiesta de Cartagena, pero quizás la que más crece en participación en los últimos años y la que más moviliza a los vecinos de barrios y diputaciones. El gran tesoro del Carnaval está en su gente y en su espíritu, pues sólo así se entiende tantos meses de preparativos de vestuarios y de ensayos de bailes. Sólo con esas ganas se entiende el esfuerzo, el tiempo empleado e imágenes como las que se contemplan año tras año con las movidas que tienen muchos grupos para desplazarse desde las afuerzas al centro urbano en comitivas de coches particulares, pues la economía de la mayoría de los grupos no permite contratar autocares o furgonetas para transportar tanta gente y tanto material voluminoso.

La calidad ofrecida en el desfile fue muy alta, al igual que las chirigotas ofrecieron, posiblemente, el mayor nivel global con los cinco finalistas de este año. El certamen de coreografías, por su parte, sigue siendo uno de los focos más populares y ahí los grupos locales han evolucionado mucho en pocos años, siendo ahora firmes apuestas por la victoria final.

En realidad, todo lo que se ha desarrollado bajo techo ha sido exitoso. Fuera, a cielo abierto, el enemigo principal ha sido el clima adverso, pero sigo echando en falta más ambiente carnavalero en las calles. Algo hay que hacer en este terreno. También en la gala de la reina. Más de cuatro horas son muchas, por muy vistosas que sean las candidatas. ¿Se puede plantear para otros años trasladar la gala a la pista central del Palacio de Deportes?, dejo ahí el planteamiento. Este año el pasar la elección de la corona infantil a otra jornada creo que ha sido bueno y se pueden seguir estudiando innovaciones.

Lo que no me gustó (casi) nada fue el pregonero. No entro en si era una buena elección previa la del televisivo Kiko Hernández, me refiero a la oratorio que ofreció. Muy floja. Dicen que vino dentro de la campaña para conseguir la Declaración de Interés Turístico Nacional, pero que ha costado su presencia unos nueve mil euros, dinero que bien se podría emplear en otras cuestiones, como vestir más la ciudad de carnaval. En el Carnaval de Tenerife no hay pregonero y en otros esa labor la desarrollan personas destacadas del propio carnaval, aquellos que lo han mamado y saben propagar sus excelencias. Los candidatos de fuera siempre deben documentarse los días previos y no siempre saben conectar con los miles de carnavaleros.

Ha mejorado la fiesta del cierre y aplaudo la introducción de singularidades como ‘las pelotas de don Carnal y las tetillas de doña Cuaresma’. Todo lo que sea señas de identidad es positivo. Echo de menos más protagonismo de ambos personajes principales y también que la ciudadanía se disfrace para dar colorido a la calle.

Son impresiones particulares de una edición que bien merece avanzar hacia su objetivo de repercusión nacional, pues, en general, a muy pocos tiene que envidiar.  Todo ha estado ‘ferpecto’.

 

Esperando a la mediación

‘Parece que vamos pero no vamos’. Es la sensación con que llega por estas tierras el ‘Día europeo de la mediación’, que se celebra este domingo.

Desde hace años se vienen repitiendo el mismo discurso sobre las excelencias de la mediación, pero no termina de implantarse. La teoría de que en muchos conflictos las partes pueden acordar un acuerdo sin entrar en la vía judicial es muy buena, pero esta opción no ha calado o no se ha sabido vender bien. Es cierto que tiene muchas ventajas, pues hay temas que cuando llevan años en los tribunales su resolución no convence ni a una ni a otra parte, mientras que con la presencia de mediadores se pueden encontrar un punto de consenso cediendo ambas partes sin esperar a que la lenta justicia actúe. ‘Más vale pájaro en mano que cien volando por los juzgados’.

¿Qué ocurre entonces? La mediación no crece como debiera y la estadística sí refleja que los tribunales siguen amontonando causas pendientes. Es evidente que la mentalización entre los profesionales jurídicos y la ciudadanía todavía no existe. ‘Lo que no se conoce no existe’, es el lema de la empresa que dirige este periódico y esa frase se puede extrapolar a este asunto. No se ha difundido bien las ventajas de la mediación ni datos que reflejen que cada vez es un recurso más utilizado (si no se ve que otras personas hacen uso de ella, no se popularizará). Sólo se escucha que es ‘muy bueno’ y ya está. Algunos dicen que también influye que la mediación mueve menos dinero que un proceso judicial. Es decir, que tiene menos gastos para el ciudadano y, por tanto, menos costas para instituciones y menos ingresos para los profesionales. Son hipótesis.

Mi sensación es que la mediación está pero no como debiera estar, pero, como digo, es mi sensación, pues quizás esté equivocado y todo está ‘ferpecto’.

 

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