Sábado, Noviembre 18, 2017
   
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La Mar de Músicas, de la brillantez a los despropósitos

La del jueves fue una noche para vivir con plenitud el espíritu de La Mar de Músicas, pero también para sufrir situaciones que no se corresponden con un gran festival. Un gran ambiente y un gran UB40, pero con falta de recursos líquidos en las barras y el sorprendente cierre de la puerta de la calle Concepción que hizo a muchos tener que rodear todo el monte. La fuerza frente al lado oscuro. Vayamos por partes.

La cita con UB40 en el Parque de Torres ha sido, posiblemente, de lo mejor de esta edición por su calidad sonora (se escuchaba perfectamente tanto en las primeras filas como en las más elevadas) y por ese ritmo que inyectaron con el público, principalmente de ‘reggae’, pero también con paréntesis de rap y algún que otro estilo. Gradas y pasillos del auditorio del ‘Castillo de los patos’ estaban a tope. Por lo que calculé, entre dos o tres mil personas, muchas de ellas bailando. Ambientazo. Es la esencia de La Mar de Músicas. Disfrutar con el sonido de los artistas y con la panorámica nocturna que ofrece este balcón cartagenero.

Como cada uno tiene sus gustos, nos aventuramos a preguntar a algunos espectadores sus sensaciones con este concierto. La mayoría no escatimaba elogios hacia el sonido (“espectacular”), el lugar (“los conciertos lucen y suenan mejor aquí que en El Batel”) y el ritmo (“magnífico”) de este grupete anglosajón. Hubo quien se quejó de que les faltó “tocar algún tema más, pues fueron a más al final con sus canciones más conocidos y nos quedamos con ganas de un poco más”. Una crítica que también podría valer como elogio. También hubo que casi ni fu ni fa. “Vengo por el ambiente de La Mar de Músicas, pues UB40 no me dice nada, pero tampoco me ha desagradado”. Para gustos, los colores.

… y tuvo que ser mala suerte, seguro. Anoche fue la primera vez que este año un servidor asistía a La Mar de Músicas. Con la tranquilidad de que otros compañeros le dan cobertura y que hay que acudir a informar a otros focos de la animada vida social del verano entre playas y fiestas populares. Cartagena en julio no sólo es La Mar de Músicas, en absoluto. Pues bien, para una noche que voy y todo lo que me pasa, pero de momento no caigo si fue causado esa escalera por la que pasé por debajo, por el gato negro que se cruzó, por el espejo que se vino abajo al verme o por esa maldición gitana que me dijeron con nada de cariño, pero algo tuvo que ser. Vayamos al tema.

Para empezar, mientras estamos preguntando por UB40 comenzamos a recibir ‘reprimendas’ por el concierto del Franco Battiato. Esa noche, por decisión de este diario, sólo estuvo el fotógrafo y el texto de la crónica fue típico, tópico y descafeinado para acompañar las imágenes. Pues bien, por suerte (que no por desgracia), Cartagena de Hoy tiene muchos lectores y son muchas las personas que nos conocen. Algunas se dirigieron a nosotros y otras aprovecharon nuestro cuestionario sobre UB40 para quejarse de nuestro artículo. “¿Cómo pusisteis lo que pusisteis?”, nos preguntaba un ‘amable’ lector. Los comentarios eran de que fue un concierto soporífero en el que el italiano estuvo leyendo las letras de sus canciones (“pues vaya un cantautor”, dijo otro) y hasta perdió el hilo de la última, la más conocida. Lo sentimos, pero suponemos que también hubo bastante gente a la que le gustó Franco Battiato, pero como siempre ocurre en éste y otros países, los periodistas somos focos de quejas.

Seguimos, pero ahora fuera de la música. ¡Se agotaron las cervezas!. Es muy fuerte tener que decir ésto en España, pero también se nos quejó una persona con un tique de seis euros por un mini de cerveza en la mano y cuando indagamos resulta que los barriles de las cañas estaban vacíos. También faltó tónica. Mala previsión.

El remate fue al irnos. Tras el concierto de UB40 ascendimos hasta el castillo, donde nos encontramos a unos ‘supermanes’ (cantantes vestidos de traje de héroe) con unos temas que, la verdad, no nos gustaron y no gustaban a la mayoría, por lo que se podía deducir por los escasos aplausos. Decidimos marcharnos por donde habíamos venido. Qué fácil es lanzar esta frase y qué complicado resulta, a veces, llevarla a cabo. La concejalía de Cultura anuncio dos días antes de comenzar La Mar de Músicas 2017 (pinchar aquí) que se habilitaba un acceso por la calle Concepción para los que fueran al festival, lo que aplaudimos pues amplía las opciones de aparcar el turismo por la zona urbana. Sin embargo, sobre la una y media de la madrugada, cuando nos dirigimos hacia el mismo camino por el que habíamos accedido, nos sale al paso un vigilante de seguridad para decirnos que la puerta estaba cerrada. Le decimos (casi con súplica) que no hemos visto cartel alguno que refleje esa hora de cierre (tampoco en la información municipal ponía esa circunstancia) y que tenemos el vehículo en la zona urbana y que si no podemos acceder por esa vía, tendremos que rodear todo el monte. Le insistimos, pero el buen hombre recalca que recibe órdenes (por supuestos no dijo de dónde venían las mismas) y que no hay nada que hacer. Es decir, se nos queda cara de ‘tontos’ y echamos a andar. Veintiún minutos de paseo extra en la madrugada. Bueno, por lo menos hicimos piernas hasta llegar al vehículo. Instantes después aparecen dos matrimonios que había sufrido lo mismo y van ‘echando pestes’. “Que no me esperen más en La Mar de Músicas”, escuchamos y en un alarde de investigación mental deducimos que no les han sentado nada bien. ¿Por qué será?

Como se suele decir, son hechos aislados que no deben empañar un gran festival que es ventana de Cartagena hacia el exterior, pero pienso que no cuesta excesivo trabajo cuidarlos, pues tanto se gasta en publicidad para captar espectadores y luego se van perdiendo por otro lado, aunque parezcan pocos en principio. A la larga restan.

 

Un recuerdo ‘olvidado’

La imagen muestra en qué estado se encuentra la cruz dedicada en Cabo de Palos a las víctimas del hundimiento del vapor italiano Sirio en Cabo de Palos, la mayor tragedia de la navegación civil en aguas españolas y que tuvo lugar el 4 de agosto de 1906. La sensación de abandono es evidente, al igual que el gran deterioro de la placa con la imagen de Vicente Buigues ('el gran héroe de Cartagena en el siglo XX') que se instaló a escasos metros del faro, representando la heroicidad de los pescadores en el rescate de los tripulantes del transatlántico.

Un servidor estuvo el día en que se inauguró esta cruz, en un acto organizado por la Asociación de Vecinos, con humildad y escaso presupuesto, pero con gran ilusión por mantener latente el recuerdo de un capítulo histórico que se produjo al colisionar el Sirio contra los bajos de las Islas Hormigas. Hubo centenares de víctimas, pero también uno de los mayores capítulos heroícos de la historia de Cartagena, que, de haberse llevado al cine, hubiese superado a historias como la del Titanic. Fue la mayor operación de rescate llevada a cabo por civiles de la historia de España y resultó que la protagonizaron los pescadores de Cabo de Palos.

El principal símbolo humano de ese rescate fue Vicente Buigues, quien recibió la medalla de oro de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos y también fue condecorado por el gobierno de Italia con la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Rojo, además de ser recibido en el Palacio Real por rey español Alfonso XIII, con el que surgió una amistad personal que perduró en el tiempo. Agustín Antolino y José Salas recibieron la medalla de plata, mientras que Bautista Buigues, José Valero, Pedro Llorca, Manuel Puga, José Ruso y Ramón Parodis fueron destinatarios de la distinción de bronce. Hubo otra 'recompensa', pero ésta fue negativa, pues las ventas de pescado bajaron en las semanas siguientes ya que muchos ciudadanos no querían adquirir peces capturados en aguas donde habían fallecido tantas personas. Por fortuna, tiempo después se normalizó esa situación. Cartagena acogió a muchos supervivientes y el pueblo se volcó en su ayuda, con escenas tan emotivas como cuando los espectadores de una corrida de toros comenzaron a lanzar monedas a la arena para destinarlas a ayudar a estas personas.

Un servidor estuvo hace once años presente en aquel homenaje, que también incluyó la colocación de una placa en la proa del barco hundico a cargo de buzos del Centro de Investigación Murciano de Actividades Subacuáticas (CIMAS). Desde entonces se han llevado a cabo diversas iniciativas dedicadas al Sirio, desde sonoras (canción popular italiana dedicada a esta tragedia que rescató la coral Cartagonova) como la magnífica exposición que acogió el Archivo Municipal hace un año.

Sin embargo, el lugar del suceso no merece el abandono que sufre. Incluso, si fuera posible, merecía un monumento conmemorativo más llamativo. Tantos monumentos ‘absurdos’ se instalan, éste sí tendría realmente sentido. Cartagena tiene mucha historia, que va mucho más allá de la época cartaginesa, romana o cantonal. Han pasado 111 años y pasarán otros muchos más, pero lo sucedido entonces y lo que hicieron los pescadores de esta tierra y estas aguas merece ‘algo’ mucho relevante. Lo pienso y lo escribo.

  • Enlaces relacionados:

Sirio: Aniversario de una tragedia y de unos héroes

Vicente Buigues y los héroes de agosto de Cartagena

La tragedia del Sirio cumple 109 años

“Ése es mi abuelo”

 

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