Viernes, Septiembre 22, 2017
   
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La jubilación de 'El Sémola'

Para festejar los setenta cumpleaños y la jubilación del entrañable, Lázaro Sánchez Romera, conocido en diferentes gremios, ambientes y saraos, como “El Sémola”, nos reunimos con él un grupo de amigos liderados por el eminente financiero, Paco Sastre, entre los que se encontraban Ángel Santos y su Mariquita de toda la vida; Enrique Jiménez, su Dolores y su hija Teresa. Entre los sueltos andaba la radiante y lozana, Ana Azofra que acudió al sarao ataviada de fina pedrería y vestida discretamente en un tono pastel, Miguel Ángel Romero, Pedro Jorquera, el maestro barbero de la calle San Francisco, Miguel Ángel, mi Félix Vivancos, que es como el perejil que en todas las salsas se encuentra, Carlos Gómez de Salazar, el inefable Víctor Manuel “El Balibrea”, Paco Inglés, antiguo dueño del Bar Sol y un servidor de ustedes que da fe pública del evento.

Justificó su ausencia, entre otras muchas celebridades, la Baronesa Von Bismarck, quien envió un fax muy cariñoso al homenajeado, y le recordó su último encuentro en Cartagena, curiosamente, en la Cuesta de la Baronesa.

En fin, después de barajar diferentes restaurantes de prestigio, como el “Bulli” de Ferrán Adrián, “Zalacaín” o “Jockey”, consideramos que el escenario adecuado era el Bar Sol de la Plaza San Ginés, en donde “El Sémola” ha consumido, acodado en su esmerada barra, toda su dilatada vida laboral. Eso si, el recuelo lo dedicó desinteresadamente a su segunda ocupación como Jefe de Relaciones Exteriores en la Botica de Gerardo Santos, a cuyo trabajo acudía embutido en una bata blanca guateada, que pese a ser diseño exclusivo de Ágata Ruiz de la Prada, la sisa siempre le constriñó ferozmente el alerón por la parte de la bocamanga y también por el canesú produciéndole un sospechoso pinzamiento en el escote. Sus pobladas cejas y esbelta figura la remataba una larga y mimada cabellera tipo “Llongueras”, que nos recordaba al inefable Profesor Franz de Copenhagen.

El ágil y hábil Carmelo, actual director gerente-financiero del Bar Sol, nos sorprendió con sus innovaciones culinarias, a base de unos jugosos calamares laminados a la romana rehogados con zumo de limón; textura de magra de cerdo murciano, al baño de jugo de tomate y perejil asilvestrado; crema de ensaladilla rusa con carpaccio de atún y nutrientes vegetales, en fin, todo un festín culinario que, como dice el sabio, “el rico come y el pobre se alimenta”

Nuestro agasajado, con más hambre que los leones del desaparecido Ángel Cristo, se comió él solito un plato de “sardinas de bota” maceradas al perfume de las finas hierbas, cuya rápida ingesta le produjo una salvaje y prolongada tronada en todo su paquete intestinal y parte del esófago medio.

Durante el acto le fueron entregados a nuestro “Sémola”, unos finos y delicados regalos, como un kilo de sémola envasada al vacío, traída expresamente para él desde los Santos Lugares. Pero lo que más le emocionó fue una placa de alpaca recordando tan emotivo acto y un cuadro de plata meneses con un retrato de nuestra Patrona la Virgen de la Caridad. Henchido e hinchado de tanto jalar “El “sémola”, arrancó, inesperadamente, a lloriquear y con voz entre quebrada nos confesó que él hubiera preferido algo más sustancioso y con más trazas, como un viaje de ida y vuelta, un suponer, al Cancún ese.

A veces el calificativo de buena persona se utiliza para enmascarar la falta de otras cualidades en un individuo. No es este el caso de Lázaro, que es una persona cariñosa, honesta, amable y extraordinariamente servicial y generosa.

Y es que Lázaro Sánchez Romera es una de esas personas a las que todo el mundo quiere y aprecia, un grande entre los grandes. Socarrón por naturaleza, pero no hiriente; persona popular, pero no populachera; divertido, pero responsable y consecuente; vulnerable, pero de profundas y arraigadas convicciones; ponderado y sacrificado ante las dificultades que tuvo que afrontar por la muerte de su primera esposa. Creo, honradamente, que Lázaro ha sabido gestionar su vida con suma inteligencia y como prueba evidente de ello ahí está su biografía vivida.

¡Lázaro, somos muchedumbre los que te apreciamos y queremos! Suerte y larga y próspera vida para ti y todos los tuyos. ¡Bienaventurados los que se ríen de si mismo, porque nunca se les acabará el humor!

 

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