Sábado, Noviembre 18, 2017
   
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A Pencho Rosique Navarro

Pencho nació en la bucólica pedanía de Los Roses de Cartagena un 30 de octubre de 1915, día de San Marcelo de León y recién destetado, con sólo 19 años, ingresó en Hacienda, de cuyo acontecimiento histórico se hizo eco el periódico local, Cartagena Nueva: “Con magnifica puntuación han aprobado el último ejercicio de las rápidas oposiciones que se están celebrando en Madrid, para Auxiliares del Cuerpo General de Administración de la Hacienda Pública, los jóvenes estudiantes don Fulgencio Rosique Navarro y Don Francisco Martínez Guillen. Nuestra enhorabuena a los futuros funcionarios, la que hacemos extensiva a sus profesores, queridos y amigos nuestros, don José y don Antonio Lorente Redondo” Una curiosidad de la época: los hermanos Lorente Redondo, solían anunciarse en Cartagena Nueva como “competentes preparadores de oposiciones a Hacienda” y en su oferta aparecía, como peculiaridad progresista, lo de “Se admiten señoritas

La toma de posesión de Pencho como funcionario público fue un clamoroso y sonoro evento local recogido por El Noticiero del 20 de enero de 1935, en sus Notas de Sociedad: Con todos los trámites reglamentarios, en el día de ayer, tomó posesión de su cargo el Auxiliar del Cuerpo General Administrativo de Hacienda, encargándose de los Negociados de Derechos Reales y Timbre, en la intervención de esta Subdelegación de Hacienda, nuestro querido amigo, Fulgencio Rosique Navarro, al que deseamos una ininterrumpida serie de aciertos y éxitos en su carrera. Acertó el cronista porque Pencho moró en Hacienda hasta que, por imperativo legal, se jubiló a los setenta años con cincuenta de servicios y por cuyo motivo le concedieron la Medalla al Mérito en el Trabajo en el año 1985. Cuantas veces le he dicho: “Pencho, el día que realmente te jubiles vas a crear veinte puestos de trabajo”. Aún sigue siendo un irredento hiperactivo fecundo y eficaz.

También Pencho pasó por la política y concurrió, por primera vez, a las elecciones a concejales del Ayuntamiento de Cartagena. El 14 de noviembre de 1966, El Noticiero publicaba a grandes titulares: “LAS ELECCIONES DE AYER. Consiguieron los primeros puestos: por mayoría, Don Fulgencio Rosique Navarro (13400 votos) y ha continuación, Don Francisco Moya Núñez (11539 votos) y Don Eduardo Cañabate Navarro (11530 votos) De un censo electoral de 38.506, los votos emitidos fueron 22.116… cuya votación se desarrolló con gran sentido cívico y orden”. En las elecciones municipales del año 1971, con Ginés Huertas Celdrán como Alcalde, nombra Primer Teniente de Alcalde a Pencho Rosique Navarro. El Noticiero del 8 de Febrero de 1971, publicaba: “El alcalde en uso de sus atribuciones designó para ocupar las tenencias de alcaldía del Ayuntamiento de Cartagena: Primera Tenencia, Don Fulgencio Rosique Navarro, segunda, Don Luis Amante Duarte” perteneciente al lobby familiar de Pencho por ser consuegros. El Noticiario destacaba como singularidad que “por primera vez formaba parte de la corporación municipal una mujer, Doña Isabel Rosique Conesa”. De aquella hornada de concejales se encontraba Víctor Linares García, empleado del desaparecido Banco Hispano Americano y Presidente del Cartagena, Efesé.

Pencho Rosique también compartió gobierno municipal con su dilecto amigo y colega, Enrique Braquehais García, compañero inseparable de caminatas con quien suele desempolvar recuerdos que se han revalorizado con el paso del tiempo: “mira, Enrique, aquí, en esta esquina, había una tienda (...) éstos tenían un hijo muy listo que entró a la primera en el Cuerpo General y llegó a Capitán de Navío con mando en plaza...

Cuando su amigo Ginés Huertas Celdrán fue nombrado Presidente de la Diputación Provincial en Murcia, a Pencho Rosique le propusieron ser Alcalde de Cartagena y en un gesto de severa humildad cartujana Pencho se refugió en la Iglesia de la Caridad a meditar sobre tal ofrecimiento y allí junto con su Patrona y su Maruja decidieron que lo mejor era renunciar. San Francisco de Borja decía: “Son grandes ante Dios los que se tienen por pequeños

No obstante, después de su andadura política por el Ayuntamiento de Cartagena, Pencho es nominado y elegido Diputado Regional y nombrado Vicepresidente Segundo de la Mesa de la Asamblea Regional de Murcia, como lo informaba su Boletín nº 1 del 3 de junio de 1983.

El Boletín Oficinal de la Asamblea Regional de Murcia nº 35, del 28 de julio de 1989, promulgaba: “Mediante escrito II-5152, de fecha 27 de julio actual, firmado ante la Mesa de la Cámara, conforme a lo que previene el artículo 11 de su Reglamento, Don Fulgencio Rosique Navarro ha expresado su renuncia formal, por motivos personales, al cargo de Diputado Regional de la Asamblea Regional de Murcia” Y aquí concluye la carrera política de una persona que en sus modos públicos y privados siempre se ha conducido sin dogmatismos, con un margen para la duda y, en todo caso, con tolerancia. Mira si es conciliador que, en ocasiones no sabías a qué partido pertenecía. ¡Lo qué yo te diga! Pero como Pencho no podía estar públicamente inactivo, fue durante una larga temporada Presidente de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena, por la que recibió la Espiga de Oro de Torre-Pacheco.

Un 9 de junio de 1990, Día de la Región, en un acto institucional le imponen la Medalla de Oro a Fulgencio Rosique Navarro, al diario La Verdad y a título póstumo a José María Morales Meseguer. En esa misma ceremonia fue nombrado hijo predilecto, al actor aguileño, Francisco Rabal Valera.

Sin que jamás lo haya pretendido, Pencho, llegó a convertirse en una especie de oráculo viviente, pero éste no está localizado en Delfos, sino más cerca, en el paraje de Los Navarros. Allí imparte, para amigos, vecinos, conocidos y medio pensionista, sabios y pragmáticos consejos impregnados de un autóctono senequismo aljorreño y es que Pencho, posee una arrolladora autoridad moral, no sólo en su entorno familiar, sino en el de sus amigos y aledaños. Verbo y gracia: recuerdo a mi desaparecida suegra, Mariquita, su hermana, que cuando había que tomar cualquier decisión, por mínima que esta fuera, siempre advertía en tono intimidatorio ¿Supongo que se lo has dicho al Tito Pencho? Si te atrevías a decir tímidamente que no, ella replicaba tajante y autoritaria, “pues es menester que se lo digas, porque él tiene más cabesa que tu y eso se lleva, un suponer, en la masa de la sangre”.

Es un sabio hasta para los pequeños asuntos domésticos y para muestra hete aquí un botón. Durante los años en que Pencho ejerció como político, primero en el Ayuntamiento de Cartagena y después en la Asamblea Regional, el protocolo al uso, más riguroso que el de ahora, exigía vestir, incluso en plena y sofocante canícula, de americana, camisa de manga larga y corbata. De la chaqueta y corbata no podía zafarse, pero ¿Cómo evitar la camisa de mangas largas? Su esposa, Maruja, que es tan sabia como prudente y discreta, le encontró un funcional alivio, consistente en cortar los puños de una camisa y coserlos discretamente y sin perpuntes por el interior de cada una de las mangas de aquella cazadora que estaba adscrita, exclusivamente, a solemnidades varias. De este modo tan ocurrente y sencillo, Pencho, de una camisa de manga larga únicamente llevaba los puños.

Añoro aquellas emotivas “matanzas” del campo. Las pláticas y foros se organizaban en función del género. Por una parte, las mujeres: tu Maruja, siempre corriendo febrilmente de un lado para otro gestionando con energía el festín; tus hermanas Josefina y Mariquita, las primas, Luisa y María y tus sobrinas Maruja, Serafina y Ana se entretenían comentando eventos locales y cuando éstos se agotaban, ascendían al nivel regio e interpretaban, a su gusto y manera, los dimes y diretes de la Familia Real y aledaños: “Es menester que el Rey le de menos a la patica y no viaje tanto”. Por otro lado, los hombres, Antonio Fernández de Palencia, Martín Cárceles, Eduardo Borgoño, tus consuegros, Antonio Madrid y su Eulalia y Luis Amante y su Encarnita, clamaban al observar la perfección bucólica de la finca: “¡Al jodido Pencho, hasta las ratas le paren conejos! Su razón no les faltaba.

Pencho es un auténtico caso de juventud nonagenaria, con cara de candor de niño de San Idelfonso con tirantes, dotado de un orden mental riguroso y preciso. Sigue viviendo como siempre ha vivido, con sencillez, sin hacer ruido, sin molestar a nadie, dando con su testimonio lecciones magistrales de austeridad y nobleza, porque nunca se ha esforzado en aparentar más de lo que es y pese a sus escarceos como empresario y político, nunca le ha abandonado el clásico diseño de funcionario. Su pudor es incompatible con el brillo, el ruido y las alharacas y si Pencho se extralimita en algo es en sobredosis de sosiego. Ha hecho de la prudencia y la discreción su manera y estilo de vida.

Es obvio, que Pencho es una persona de una fecundidad extraordinaria, pero lo más importante que le ha pasado en su vida fue el día en que conoció a su Maruja, ejemplo de discreción y entrega. Se casaron por todo lo alto un 3 de abril de 1948 en la Iglesia de la Caridad ¡Llevan sesenta y tres años de matrimonio y eso sin contar el tiempo de cortejo, acoso y derribo! Sois una referencia moral para toda la familia y amigos. Os deseo larga vida para que sigáis disfrutando con vuestros hijos, Antonio y Mercedes, Maruchi y Simón y José María y Belén y de los nueve nietos y casi cinco bisnietos ¡Y la tasa de natalidad subiendo!

Cuentan que un recién ordenado sacerdote se acercó a saludar a un cardenal que a la sazón tenía 95 años y en tono laudatorio le dijo: “Eminencia, le deseo de todo corazón que llegue a los 150 años. El cardenal sorprendido y contrariado exclamó en tono altanero: “querido joven, nunca ponga límites a la Providencia Divina” ¡Pencho, Maruja, vosotros como el cardenal!

 

Las Procesiones

Estamos en los años 50; la gente aguarda estoicamente en la calle a que pase la procesión. Los pudientes sentados cómodamente en sillas, los menos permanecen de pie detrás de ellas.

Los carros atiborrados de golosinas circulan lentamente abriéndose paso entre la gente y con voz cansina los vendedores repiten una y otra vez:

-¡A la rica piruleta! ¡A quince céntimos los cartuchos de chufas!

-¡De La Habana el coco, al rico coco de La Habana!

-¡Hay caramelos, de fresa, limón y menta, a quince la cuarta!

Niño: ¡Amaica, cómprame cararamelos!

Madre: ¡Te voy a comprar, una con perdón mierda! A ver si te crees que tu padre es el Rothschild ese. ¡Oye, culico veo, culico me da deseo! Es menester que te dejes de tanto golisme.

Padre: ¡El dios que te menea! Anda nene tate quietecico de una puñetera vez y deja la sillica quieta ¿No ves que estás molestando a esta señora? ¡Ya te diré yo unas cuantas cosas en cuanto lleguemos a la casa!

Señora: No se preocupe…. son zagales y están en la edad. En comparación y sin atrasar a nadie, tengo yo a mi Ginés que también está encerrizao.

Padre: Este zagal parece que tiene azogue, míralo está hecho un lambrijo. Lo mismo tiene lombrices de tanto mierderio que come. ¡Qué gana tengo que pase la procesión! Me duele la nucla de tanto ruido de hace el personal. El año que viene no bajo y me quedo en la casa oyendo el “parte” ¡Qué necesidad tengo yo!

Madre: ¡Qué poca paciencia tienes, Manolo! A ti te daba yo las veinticuatro horas que una servidora se pasa encerraica con ellos.

Padre: ¡Qué guagona eres! Menudos pelechones que me doy en la Bazán con las veladas.

Señora: Este año parece que hay menos gentío que otros años.

Padre: No se crea, me ha dicho mi cuñao que la calle mayor y las Puertas de Murcia están a reventar y no cabe un alfiler. El tiempo acompaña porque aunque el cielo esté nulo no parece que vaya a llover, si acaso hace un poco de helor porque sopla maestral.

Señora: Seguro que el Viernes Santo, con esto del cambio de la luna, cae una rugía. Los marrajos en esto se llevan la palma.

Madre: El año pasado no baje a ver las procesiones y me quedé con una pesaombre que me dije este año, falte para lo que falte, una servidora no se la pierde.

Madre: ¡Callad, un momento! ¿Parece que ya se oyen tambores?

Padre: ¡No puede ser; si acabo oír otro cohete!

Señora: Es que esta procesión es muy larga y la cabeza se junta con la cola.

Padre: Mirad, ya vienen por ahí los guardias.

Madre: Si, si; eso que reluce a lo lejos es el carro bocina…….. ¡Aquí está ya la procesión!

Niño: Amaica, ráscame suavico que estoy cansado.

Madre: ¡Anda, calla y mira, haber si nos dan estampas y caramelos!

 

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