Jueves, Abril 09, 2020
   
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Rincones en abierto

'Procesiones en casa'

En estos días de penitencia voluntaria… y tribulación forzosa, los habitantes de esta CARM (Comunidad Autónoma de la Región de Murcia) vamos a tener el consuelo de poder rememorar la Pasión y la Resurrección de Nuestro Señor a través de la TV 7, la emisora 'de todos nosotros'. A través de ella podremos asistir mediante 30 reproducciones al 'revival' de los desfiles procesionales de Cartagena, Murcia, Lorca, Jumilla, Cieza, Alcantarilla, Yecla , Cehegín y Alhama. Lo más representativo de la Región.

Mediante esta acertada iniciativa de la Tv regional tendremos la oportunidad de emocionarnos de nuevo, ante la Virgen, en la madrugada de Viernes Santo, en la encrucijada de las ”4 esquinas”; y el precioso Resucitad (en Murcia- ciudad, claro) O los insólitos desfiles bíblicos lorquinos, únicos en el mundo ; o la Pasión de Yecla; o el Jesús Prendido de Jumilla…entre otros.

Podremos ver también la entrañable e infantil procesión “de la burrica”, en la que miles de cartageneros “nos” iniciamos en la pasión procesionil, ya para siempre….

En fin, acertada iniciativa que nos va a permitir asistir a través de la Tv de las más señaladas procesiones de nuestra CARM… Bueno, de muchas de ellas, ya que ninguna de las tres más importantes de Cartagena (de ”Interés Turístico Internacional) va a ser emitida. Ni Miércoles Santo, ni Jueves Santo, ni Viernes Santo…

Pero si nos defrauda la ”emisora de todos”, siempre queda la cartagenera.

Y la esperanza.

 

El encierro y el gobierno de la nave

La mayoría de los marinos hemos vivido confinamientos más duros que el que ahora vivimos en España. Largos viajes en el reducido espacio habitable de un buque aislado en el océano. Días y días de sol y moscas que hemos aprovechado para leer y aprender.

La mayoría de los marinos hemos soportado la zozobra de un temporal que amenazaba con echarnos a pique. Escoras que barrían el camarote, pantocazos como pequeños seísmos durante los cuales el buque se estremecía. Largos días oscuros. Así hemos aprendido a respetar la mar y temer al viento que la causa. Y sabemos que las personas revelan su condición en esos momentos difíciles, dramáticos, en los que nos estamos jugando el futuro. Nadie tiene que enseñarnos, por tanto, el valor de la autoridad basada en el conocimiento, la profesionalidad y el temple.

Nadie conoce mejor que nosotros los estragos que provocan los cobardes y los insolidarios que se esconden de su deber. Y nadie más capacitado que nosotros para distinguir a quienes saben, ordenan y aplican la mejor opción para evitar el naufragio y salvar la nave con los menores daños. Por eso no estamos alarmados por el virus ni angustiados por el encierro. Por eso estamos acongojados por el gobierno de la nave, inquietos ante la palabrería de quienes no saben qué hacer. Esos presidentes, ministros y ministras, consejeros y consejeras que exhiben sus galones, pero hablan y actúan como si fueran mozos de cubierta. Los que en su vida no han hecho otra cosa que vivir del cuento comprado con veinte euros de marxismo. Esos irresponsables de aquí y de allá que con el buque en peligro siguen discutiendo sobre la desaparición de un queso el mes pasado. Esos oficiales (funcionarios), agazapados como siempre en la indiferencia del que sólo espera órdenes, pero no duda en evitar que actúen los demás. Eso es lo que nos preocupa. Con buen tiempo y la mar en calma, todos, o casi todos, somos buenos navegantes. Las manías se toleran sin esfuerzo. La nave va, los marineros pican y pintan las cubiertas, los marmitones y cocineros preparan la pitanza, los oficiales atienden sus guardias mientras en la máquina todo funciona como un reloj.

El país progresa. Pero cuando nos alcanza la tempestad, la escora aumenta en cada bandazo y las olas rompientes barren las cubiertas, aparece el miedo egoísta que algunos escondían, los oficiales presentan su saber, el jefe demuestra lo que es y el capitán desvela su auténtico valor. Si no hubiera temporales, todos serían marineros. Lo mismo pasa con los políticos. Aguantamos su vacuidad en época de bonanza. Callamos ante sus disparates y nos reímos de su simpleza. Pero ahora, con la crisis, los vemos desnortados, mentirosos, incapaces. Recitan obviedades infantiles mientras tiemblan ante la realidad. No saben y se han rodeado de ignorantes para ocultar su mal saber. Hay excepciones, claro, muchas afortunadamente en el sector marítimo-portuario, pero estamos alarmados. No por el virus ni por el encierro, sino por el gobierno de la nave. De seguir así, naufragaremos una vez más.

 

'Triaje... ¡Socorro!'

Muchos de nosotros, ante accidentes o dolencias 'no críticas', hemos pasado por los triajes de nuestros hospitales, de nuestras salas de Urgencias. Allí, generalmente, un miembro de Enfermería atendía nuestro caso, comprobaba la gravedad o no de las dolencias y nos remitía  al médico de guardia, o a una cama de observación, o a una de de 'resucitación', o cuidados intensivos, según el caso. Por eso, cuando, tras leve espera, éramos llamados a la unidad de triaje acudíamos a él aliviados, confiados… Ahora, en esta situación de profunda alarma social, de terrible desgaste sanitario, de dramático peligro social, la situación ha cambiado; al menos en lo que se refiere a la pandemia viral que estamos sufriendo.

Con el preocupante diagnóstico (o presunción de él) de la coronaviriasis comienza una clasificación , acción obligada por la patética y materialmente  imprevisible limitación de medios asistenciales. En el caso que la situación sea considerada 'leve' seremos confinados en nuestra casa; pero si no es tan leve ocuparemos una cama 'normal' de un hospital normal, o de uno de los que ha sido necesario habilitar…  o una colchoneta.

La cuestión cambia si nuestra patología se convierte en grave; si tenemos  problemas respiratorios, disnéicos, neumónicos… Porque ellos, en muchos casos, requieren la ”respiración asistida”, la intubación, la sedación (¡la buena, la realizada con el propósito de salvar…!). El problema consiste en que hay una grave desproporción entre los pacientes que requieren  esos medios y los medios existentes, que no pueden ser fácilmente improvisados.  Es el dramático momento en que hay que elegir, en que hay que realizar un 'triaje patético…'.

Como en un naufragio… A un bote de salvamento atestado, en el que solo es posible incluir a un solo náufrago, se aproximan, nadando dificultosamente tres personas: una joven, un niño y un señor 'mayor'. El marinero, apoyado en la borda del bote mira compungido  a los tres, y  eleva a uno de ellos al interior del bote…¿A quien?.

Son tres vidas humanas, en plenitud d sus derechos civiles; en plenitud de su dignidad social, de su valor moral, de su filiación a Dios (para los creyentes). El pobre marinero, en un instante, contempla  la aterrada cara del niño, la suplicante de la joven, la asimismo aterrada y compungida del viejo…. ¿A quien?

Si la motivación fuera económica, habrían pocas dudas: Si la motivación fuera social, prevaleciendo el interés de la sociedad sobre el individuo, también estaría bastante claro… Pero si se valorara al náufrago como individuo social, como ser portador de valores eternos, la cuestión también estaría clara:

El marinero (o el que instala la “respiración asistida”) no puede elegir por motivos de sexo, color, religión, ni edad: Ha de ayudar al primero que se le acerque.

PD: Este dudoso 'triaje' puede recordar al que hacían en los campos de concentración, en  la II Guerra Mundial: “éste a trabajar en las fábricas; éste a la ducha; aquel, directamente a la fábrica de jabón…”

 

   

'Pepe Castelló'

Sí, Pepe Castelló nos ha dejado, tras una vida de entrega a las cosas que amaba: a su Virgen California; a su familia, a su emblemática zapatería, a su Efesé…

Hace unos años, cuando unos desalmados robaron el gallo que figuraba en la esquina de  la calle Duque , algunos temimos que con su desaparición, y con la clausura del establecimiento, también se eclipsara la intensa vida de Pepe Castelló, de Pepe el del Gallo…

Pero, afortunadamente, no fue así, y hemos podido disfrutar de él unos  años plenos de actividad, tanto el su querida Agrupación de la Santísima Virgen California, de la que fue eficaz e inolvidable presidente en difíciles años…Presidencia que, hasta ahora, ha ostentado a título honorífico, gracias a que uno de sus “hijos” procesionales, Paco Ramón le ha mantenido el honor.

Honor y homenaje  que  ¡cuando sea posible! le brindará, sin duda, el efese de su alma, del que era abonado nº1.

La familia, repleta de limpio cartagenerismo y acendrado patriotismo, puede tener la seguridad de  que ha ascendido a los cielos cubierto con el manto de la Virgen y –si se me permite la broma-  acompañado de ángeles blanquinegros…

 

'Diez consejos para ser feliz en casa durante el coronavirus'

"Estamos pasando unos días complicados, donde vemos que la sociedad se ha paralizado mientras nuestras vidas continúan pero a un ritmo distinto. Es posible que nos sintamos desubicados, nerviosos y con ansiedad, ya que es una situación nueva para todos y nos hemos de ir adaptando poco a poco. Estos son algunos consejos para hacer más llevadera la espera en casa.


1. Comer sano: dado que ahora no nos movemos tanto, hemos de ajustar las cantidades de comida y comer adecuadamente para sentirnos bien y con energía.

2. Descansar: respetar las horas de sueño recomendadas para cada franja de edad promoviendo así, la higiene del sueño. Se puede escuchar música para relajarse y conciliar mejor el sueño.

3. Marcar rutinas: especialmente en niños, es importante tener un orden y saber qué hacer en cada momento para no desperdiciar las horas y que los días vayan pasando en vano. Esto puede generar aburrimiento y por consecuente, desesperación y nerviosismo familiar.

4. Hacer ejercicio físico: tanto para el bienestar físico como mental, es necesario realizar pautas de ejercicios. Ya sea andar por el pasillo, saltar a la cuerda, subir y bajar escaleras o bien, seguir algún tutorial de fitness. Cuando se hace ejercicio, se liberan endorfinas, asociadas al sentimiento de euforia, felicidad y bienestar.

5. Explicar a los niños lo que está pasando: se pueden usar juegos visuales para que entiendas que hay un virus peligroso en la calle y aprovechar para trabajar las medidas de higiene recomendadas.

6. Tener la mente calmada pero activa: el día tiene muchas horas y se puede hacer muy largo. Se ha de buscar un equilibrio para encontrar el bienestar interior y proyectarlo así a los familiares.

7. Mantener el sentido del humor: cuando sonreímos, al cabo de pocos segundos se envía un mensaje al cerebro de que estamos contentos, y esto nos hace sentir mejor. Los chistes, las bromas y el humor en general es el mejor antídoto para estas situaciones.

8. Tomar el sol: cuando se toma el sol aumentan los niveles de serotonina, la hormona de la felicidad.  

9. Vivir el día a día: ante la incerteza, es mejor no pensar a largo plazo ya que esto nos puede llevar a anticipar desgracias, como la posibilidad de perder el trabajo. Y esto  sólo nos traerá más preocupación y malestar. Por lo tanto, hay que vivir el día a día y preocuparse de aquello que está en nuestras manos cambiar, no de aquello que no podemos cambiar.

10. Estar en contacto con familiares y amigos: por suerte disponemos de móviles, internet y redes sociales y podemos hacer videoconferencias con nuestros seres queridos. Esto nos hará pasar un buen rato, olvidar lo que está pasando fuera y nos ayudará poder compartir lo que sentimos y saber que todos están bien.

Añadir que para los ciudadanos de La Unión, y pueblos de alrededor, la Semana Santa es una fiesta muy señalada. Recibir la noticia de que las procesiones no van a salir este año, es una noticia muy mala. Hay que pensar que es una situación excepcional y que quedan muchos años por delante para ver desfilar a nuestras cofradías".





   

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