Sábado, Abril 04, 2020
   
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Trastienda

'Museo Regional de Arte Moderno. Un museo para todos'

Continuando con esta somera visión que les vengo ofreciendo sobre los museos de nuestra ciudad, hoy quiero acercarles el Museo Regional de Arte Moderno, y creo que nunca mejor empleado el verbo "acercar", les explicaré el por qué. En primer lugar, su ubicación dentro de la ciudad no es la más idónea, pues se haya algo apartado de los "circuitos turísticos". Además, pese a que  la situación se está revirtiendo en parte, los últimos tiempos han sido de un fuerte deterioro de la zona, en diversos aspectos, que no hacían del barrio un lugar agradable por el cual transitar. Afortunadamente, como digo, conscientes del problema, se están haciendo esfuerzos en solventar la situación que están dando resultados notables.

A este problema geográfico, vamos a llamarlo así, se añade el propio de la idiosincrasia de este museo que, pese a contar con una colección permanente, no tiene una continuidad en su exposición, por tanto, no tiene una pieza insignia, o varias,  que le sirva de gancho y atracción para el visitante como ocurre con muchas instituciones. Pero también esto se está solucionando pues se ha expuesto la colección, en parte, de forma temporal y volverá ha hacerse en el próximo año, a la espera de que una ampliación del museo permita su exposición constante. En definitiva, un museo difícil de llevar, lo cual, sin duda y paradójicamente, le da un valor añadido a sus responsables y trabajadores (menos de los que se quisieran y con menos medios de los que deberían, ¿les suena?) y, por qué no, también le ofrece al visitante una recompensa distinta de la que ofrecen los museos permanentes. Me refiero, aunque sea obvio, a que la visita al MURAM, en cortos periodos de tiempo, son visitas nuevas en las que veremos, sí o sí, algo diferente a la vez anterior.

Este dinamismo requiere una lucha constante desde el primero al último miembro del museo. Me parecieron muy significativas al respecto casi las primeras palabras de don Juan García Sandoval, responsable del museo con el que tuve el placer de entrevistarme para la preparación de este artículo: "Aquí todos hacemos de todo". Por si esto fuera poco, el MURAM se halla inmerso, empeñado y decidido en otro esfuerzo titánico: La accesibilidad y la inclusión de todas las personas en la experiencia museística, pero, y aquí viene la dificultad, sin aislarlos ni separarlos, sin hacerlos "otros", sin que el que se haga algo especial para ellos sea diferenciarlos de los demás, piénsenlo, no es nada fácil. Fruto de esta labor, por ejemplo, ha sido la reciente exposición, "El mundo fluye: Dos miradas sobre una misma realidad", en colaboración con la Fundación ONCE, en la que se pudieron ver una selección de obras de la Bienal de Arte Contemporáneo de dicha fundación, obras de artistas con algún tipo de discapacidad o que usan estas como tema de inspiración. Además, los talleres y visitas adecuadas para determinadas grupos, pero no exclusivas para ellos, son continuas, casi tantas como las exposiciones que se suceden en el museo; ¿otro botón para muestra?, las visitas especiales "El Palacio de Aguirre a la vista de todos" para "cualquier interesado, incluidos invidentes y personas con alguna discapacidad visual",  o las visitas especiales para la tercera edad, "acompañados o no por familiares más jóvenes", talleres infantiles, de cine, de fotografía,  y otras muchas actividades, que como vengo insistiendo , van cambiando, y que por obvios motivos de espacio y paciencia del lector no puedo desarrollar aquí. Bravo por todos los que hacéis posible que el museo sea de todos.

Pero curiosamente, y vuelvo a evocar mi conversación con don Juan García Sandoval, este "todos", tiene que basarse en el "uno", en el ciudadano de Cartagena, en el vecino. "Tenemos que empezar por hacer que la vecina quiera venir al Museo y luego ir expandiendo los círculos. Aunque sea un museo denominado regional, tenemos que empezar por hacerlo local". Para ello, el empeño es "sacar el museo a la calle", hacerse visible en los eventos de la ciudad, gritar, decir: "aquí estamos, vengan a vernos, conózcanos, merece la pena".

Lo dije al hablar del Museo del Teatro Romano, y lo vuelvo a repetir, es triste que toda esta ilusión, ganas, sacrificios y esfuerzos, dependan al final de unos números, pero los números salen: ¡este año ya se ha triplicado con creces el número de visitantes con respecto al año pasado!, ¡enhorabuena!. Y si los números te hunden cuando no salen, cuando salen, creo, hay que mostrarlos y con orgullo, por que son el resultado de muchas cosas que ni se miden, ni se cuentan, ni se pesan.

Este incremento de visitantes, ha sido propiciado, en gran parte, por la afluencia del turismo de los cruceros. Eso había que conseguirlo a base de grandes nombres como Rafael Chillida o Mateo Charris, cuya exposición "Los Cosmolocalistas" sigue presente hasta el 8 de enero de 2017. Igualmente, por supuesto, tienen aquí su casa otros artistas que quizás aún no tengan el renombre de otros de cara al gran público, pero cuya obra, sin duda, merece la pena conocer. Sin ir más atrás en el tiempo, Nicole Palacios, francesa de nacimiento, pero afincada en Cartagena, acaba de inaugurar "Hiroshima Mon Amour", que podrán visitar hasta el día 15 de enero del próximo año.

No quisiera despedirme del Museo Regional de Arte Moderno sin hablar de lo más antiguo de él, el Palacio de Aguirre, pues el Museo se encuentra ubicado en una ampliación moderna del mismo, conformando un mismo conjunto. Adentrarme en la historia y el arte de este inmueble merecería otro artículo aparte, solo quiero picar su curiosidad, espolearle, pincharle, animarle, a día de hoy es el único palacio modernista visitable de la ciudad...¿se lo van a perder?, no deberían.

Como siempre, serán muchas cosas las que me han faltado por decir y, pese a que modestamente lo intente, las palabras se acercan muy poco a las sensaciones. Lo mejor que pueden hacer para solucionar estas carencias es ir al MURAM, visitarlo, verlo, tocarlo, oírlo, sentirlo...¡vivirlo!

A modo de posdata: Mi agradecimiento público a don Juan García Sandoval, como
autor del artículo, por su amabilidad y su paciencia, como amante del arte, por su entusiasta labor en el MURAM.

 

Museos de Cartagena: El Teatro Romano

Según la definición del ICOM (Consejo Internacional de los Museos), un museo es: una institución permanente, sin finalidad lucrativa, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierto al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudio, educación y de deleite, testimonios materiales del hombre y su entorno. Un lugar maravilloso, ¿no les parece?

Pero, a menudo, nos olvidamos de gran parte de esta definición y pensamos que un museo es un lugar aséptico e inerte en el que se almacenan vestigios del pasado sin más pretensión que el que estén ahí y los podamos contemplar como si fueran animales dormidos en las lúgubres jaulas de un zoo. Un museo es, como hemos visto y como veremos, mucho más.  En un museo, créanme, tras los muros de las silenciosas salas se puede estar desarrollando una actividad que, en ocasiones, podríamos calificar de frenética.

La riqueza patrimonial de nuestro país es, sin duda, de las mayores del mundo y, como causa y efecto, poseemos una de las mejores redes museísticas con grandes museos estatales, privados, a cargo de fundaciones o con cualquier otra modalidad de gestión. Tenemos, además, la suerte de que nuestra ciudad, Cartagena, sea uno de los referentes en esta cuestión, pues sus museos destacan no solo en cantidad, sino lo que es más importante, en la calidad de sus colecciones, su administración, la musealización ejemplar en muchos de ellos, sus colecciones y su proyección hacia el exterior.

Por tanto, con tan buenos mimbres, me dispongo a ofrecer en este rincón una serie de artículos en los que usted, querido lector, sea de donde sea, conozca un poquito más de nuestros museos en particular y de la enorme (y con frecuencia callada) labor de los museos en general.

Sin duda una de las marcas distintivas, que no la única, de nuestra ciudad, es su Teatro Romano. Permítanme pues que abra con él este primer artículo de la serie.

La historia comenzó en la nada lejana fecha de 1988, cuando en el solar de la Casa-Palacio de la Condesa de Peralta, destinado a albergar el centro regional de artesanía, se realiza una primera campaña de excavación...El gigante iba a despertarse.

Pronto, la superposición de estructuras y la singularidad de los elementos arquitectónicos que iban aflorando, mostraron que estábamos ante un hallazgo de singular importancia. En sucesivos años y campañas, con la implicación directa de la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de Cartagena y la Fundación Cajamurcia, irían destapándose, como velos de historia pura, las sucesivas capas; el Barrio de Pescadores (siglos XX al XVIII), el Arrabal Viejo (siglos XVII y XVI), la Medina de Qartayanna al Halfa, el barrio bizantino, incluso la reconversión del Teatro en mercado en el siglo V, hasta llegar, por fin, al esplendoroso Teatro que hoy podemos admirar.

Estas "capas" están hoy plasmadas en el llamado "Corredor de la Historia" en el que de una forma didáctica y amena podemos recorrer esa sucesión de hechos y culturas que fueron soterrando el Teatro, mediante la exposición de piezas pertenecientes a las distintas épocas y un detallado panel explicativo, finalizando el recorrido una recreación virtual que nos hace entender de forma clara la desaparición de tan magna obra hasta nuestros días.

El Teatro ya había aparecido, ahora solo restaba demoler las construcciones que lo cubrían, continuar con las excavaciones, hacer aflorar la mayor superficie posible, consolidarlo, restaurarlo, integrarlo en el entorno urbano, buscar la forma adecuada de conservar y exponer las piezas que no paraban de aparecer... nada que no se pueda hacer en unos pocos años. Repito, por que creo que es necesario y casi me parece un pequeño milagro en esta España nuestra que ya sabemos todos como es, ¡en 1988 no había nada!, ¡nada!

Rafael Moneo, sería uno de los grandes responsables intelectuales de este "milagro" al proyectar la adecuación y urbanización del espacio que hoy incluyen el Palacio de Pascual Riquelme, frente al Palacio Consistorial y los restos de la Iglesia de Santa María la Vieja, que además de su valor intrínseco dota al conjunto de su peculiar aspecto.

Capiteles labrados en mármol de Carrara, dinteles grabados, altares cilíndricos con los símbolos de la Triada Capitolina, la escultura de Apolo Citaredo o un exquisito relieve de Rea Silvia, son algunas de las magníficas piezas que pueden contemplarse en el Museo, antes de adentrarnos en el "Corredor Arqueológico" .

Es este un corredor subterráneo, que comunica el Museo y el Teatro, que transcurre bajo la Iglesia de Santa María, en el que podemos observar la evolución de su cimentación desde el siglo XIII al XIX, restos de la muralla islámica, así como los vestigios de una vivienda romana anterior a la construcción del Teatro. Tras este intenso recorrido, casi onírico en el que "siglos de historia nos contemplan", una pasarela metálica nos llevará a una espectacular vista del Teatro que sin duda tardaremos en olvidar.

La visita al Teatro en sí, el paseo por su Cavea, con capacidad para 7000 espectadores, la vista de su impresionante frente escénico, el poder admirar el formidable trabajo que se ha llevado a cabo en esta construcción para que hoy pueda ser disfrutada por todos los que quieran acercarse a ella, es algo que desde aquí les recomiendo que hagan y si lo han hecho ya, lo repitan. Nuestro Teatro Romano es una joya que nunca dejará de sorprendernos con algún rincón, con alguna perspectiva, con alguna vista que todavía no habíamos descubierto. Vayan, por mucho y bien que yo pudiera escribirles y describirles, que tampoco es el caso, no podría acercarles a la sensación de ese peculiar y único viaje en el tiempo.

Pero, como les dije, el Teatro, como casi todos los museos, es mucho más, y para este que les escribe ese "mucho más" es tan o más importante que todo lo que les he relatado y, con frecuencia, una labor poco o nada conocida ni reconocida. Basten las siguientes breves reseñas de algunas de las actividades del Museo del Teatro Romano para que comprendan lo que les quiero decir.

Empecemos por los primordial, por lo básico, por lo imprescindible: las labores continuas de conservación y mantenimiento. Sin ellas, todo lo hecho hasta hoy sería, de nuevo, devorado por el tiempo. Pensemos, por una vez, la necesidad de limpieza y mantenimiento que puede tener cualquier museo o cualquier edificio público. "Solo", la labor de limpieza de un local por el que pueden transitar cientos de personas al día, ya merece una consideración importante, aunque a priori pueda parecer algo banal, nada más lejos de la realidad. Electricidad, fontanería, informática, seguridad, climatización..., cuando hayamos acabados de considerar todo esto, añadamos las labores propias de este especial Museo que, recordemos, tiene su razón de ser, el Teatro, al aire libre y en plena costa con todo lo que eso puede suponer en cuanto a deterioro causado por agentes atmosféricos; tratamientos de las maderas exteriores, aplicación de biocidas y herbicidas a la piedra, etc. Sigamos.

Las tecnologías avanzan y la labor y experiencia cotidiana llevan a la búsqueda de mejores soluciones a los diversos problemas museográficos que se plantean y, por supuesto, a la aparición de nuevos problemas. El museo que se aisle comete un grave error. Lejos de eso, el Museo del Teatro Romano ha participado en el proyecto de investigación Teatros Romanos de Hispania: puesta en común del estado de conservación, criterios de restauración y puesta en valor, coordinada por el Catedrático Francisco Noguera de la universidad de Valencia. Igualmente, en la actualidad se desarrolla un proyecto de colaboración con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el que se han digitalizado las principales piezas, realizando levantamientos fotogramétricos en 3D de las mismas por parte de un equipo dirigido por José María Luzón, director del Museo de la Academia. También se colabora con el Taller de Vaciados y Reproducciones de dicha Academia.

¿Recuerdan la definición que les ofrecí al comienzo del artículo?, "al servicio de la sociedad". No basta con ofrecer al visitante lo que se tiene, que ya es mucho, hay que buscar el interés, la culturización, la curiosidad...hay que "moverse". Tampoco a esto es ajeno el Museo. La organización de Jornadas, Cursos, Conferencias, exposiciones temporales y  colaboración con otras entidades y fiestas de la ciudad es continua. No pretendo hacer un inventario de todas, sería abusar absurdamente de su paciencia, pero permítanme, por el afán que me guía de querer acercarles la vida de los museos, que simplemente les señale las que me han parecido más significativas;  Curso Admiradas, Denostadas, Olvidadas: Mujeres de la Antigua Roma, Colaboración en las XII Jornadas de Cultura Clásica, Taller Militaria: La Vida en un Campamento Romano, Presentaciones de libros, Exposición temporal "Peces" de Pedro Cano, Exposición temporal Piranessi y el descubrimiento de la Roma Antigua, actividades y rutas con Cartagena Puerto de Culturas, actividades didácticas, infantiles...

Así, y solo así, aparecen los resultados. No soy amigo de los números, un servidor es de letras, pero entiendo que en algunos casos sirven para hacer visibles los resultados. De 137.764 visitantes en el 2009, pasamos a 181.225 en el 2015, con un significativo salto de más de 20.000 visitantes en el 2013. Algo se debe estar haciendo bien. Y les aseguro que no soy deudor en nada de este Museo, pero sí de todos, y defenderé el trabajo y la labor de todas las personas que dedican su carrera profesional a ellos. A otros por muchos menos se les alaba mucho más.

¿El futuro?, prometedor, desde proyectos de realidad virtual y aumentada, hasta la más cercana exposición de Enrique Gabriel Navarro, cuya inauguración tendrá lugar el próximo día 28 de Octubre.

Sólo me queda, para acabar, mostrar mi gratitud hacia todos los que de una manera u otra han hecho posible que ese teatro este ahí, que un trozo de la historia se mantenga para el recuerdo, para el aprendizaje, para, ¿por qué no?, la imaginación. Arqueólogos, arquitectos, historiadores, guías, personal de mantenimiento, voluntarios.... Todos sois el Teatro.

También mi agradecimiento a doña Elena Ruiz Valderas, directora del Museo, sin cuya atención y amabilidad este pequeño artículo habría sido aún más aburrido.

Gracias a usted también por su tiempo y les veo, si lo desean, en el próximo Museo.

 

El rastro de Isis

Al abundante patrimonio arqueológico de nuestra ciudad, se ha unido en estos días los restos  del Templo de Isis, aparecido durante los trabajos de excavación y musealización del Foro Romano. Algunos ya han tenido la oportunidad de visitarlos en una reciente jornada de puertas abiertas. Es obvio que son muchos los profesionales que han trabajado in situ; arqueólogos, historiadores, guías turísticos,… para poder recopilar, estructurar y difundir toda la información disponible sobre el recinto y no soy yo quien tenga nada que añadir al respecto.

Pero, quizás, no estaría de más, puesto que hablamos de uno de los grandes mitos de la Antigüedad, ahondar, a modo de información complementaria, en su figura y culto. Sabemos que Isis era una diosa egipcia, pero...¿qué más?

Como todo mito, sus orígenes son inciertos y se difuminan, por el efecto del tiempo, entre lo real y lo legendario. No olvidemos que podemos estar hablando de algunos de los "hechos" sagrados más antiguos de la historia de la humanidad.

La historia parece tener su origen en la ciudad de Heliópolis en el Bajo Egipto. Según su cosmogonía, el dios Atum, que surgió de Nun (el océano primigenio), se creó a sí mismo, y a su vez creó a Shu (el aire) y Tfenis (la humedad). Shu y Tfenis engendraron a Gueb (la tierra) y Nut (el cielo). Estos últimos serán los padres de Osiris, Isis, Set y Neftis.

Cuenta el mito, o una de sus muchas versiones,  que ya en el vientre de su madre Osiris e Isis se amaban y que la maldad de Set quedó patente cuando al nacer desgarró el vientre de su madre. Como primogénito, Osiris tenía todos los derechos de herencia sobre su padre, es decir, el reinado sobre la tierra. Set, celoso de la fortuna de su hermano, decidió acabar con él.

Elaboró, junto con 72  conspiradores, un hermoso arcón  justo con las medidas del hermano y empleando un banquete como señuelo, aprovechó este para anunciar que se lo regalaría a aquel que cupiese exactamente en el. Osiris, ingenuo, mordió el anzuelo y al introducirse en la caja fue encerrado en ella. La caja fue arrojada al mar. El inesperado ataúd de Osiris llegó a Biblos en las costas de fenicia.


Tras una dolorosa búsqueda, Isis lo encontró y lo trajo de vuelta a Egipto, escondiendo su cuerpo entre matorrales de papiro, pero Set halló el cadáver y lo cortó en catorce pedazos que esparció por el Nilo. Ayudada por su hermana, Neftis, Isis se lanzó de nuevo a la búsqueda de los restos de su esposo y hermano y consiguió reunir sus trozos, unirlos y darles vida merced a su poderosa magia. Pero esa resurrección sería breve en lo terrenal y Osirirs fecundó a Isis para que tuviera a Horus que vengaría su muerte.

Naturalmente son muchas las variantes de este mito, pues su difusión primigenia era oral y según los cultos de cada zona, el tipo de mensaje que se quisiera lanzar y muchos otros factores, personajes y hechos concretos sufrían variaciones, al igual que ocurre, por ejemplo, con la mitología griega. En algunas versiones, aparece el pez oxirrinco que devoró el pene de Osiris, razón por la cual este pez era adorado en la localidad homónima pues era considerado sagrado, Anubis, dios de la muerte, fue quien echo una mano a Isis en la búsqueda y resurrección de su hermano, los restos no fueron arrojados al Nilo, sino esparcidos por Egipto, etc.

De cualquier forma, el mito, básicamente, es el relatado y sirve para los fines que fue elaborado, que no es otro que el de usar ejemplos deificados de cuestiones morales y mediante relatos de esta índole educar a  la población y, a veces, dar explicaciones a fenómenos desconocidos.

Pero empezamos esta historia para situar al personaje que nos interesa, Isis. Hablemos de ella. Si hemos visto que su origen es egipcio y tenemos en nuestra ciudad un templo romano dedicado a ella, hay quién asegura que el culto a esta diosa a llegado hasta nuestros días aunque muchos de sus fieles ni siquiera lo sepan.
Como podemos deducir a partir del mito, Isis tuvo diversas advocaciones; diosa de la magia, diosa madre, protectora del faraón, señora del cielo, reina de los dioses... y, sin duda, fue la diosa más venerada de Egipto, ya sea en cuanto a su extensión geográfica, como a la duración de su peculiar civilización.

Su veneración, parece nacer en una localidad del delta del Nilo llamada Behbet el – Hagar, donde se encontraba el Iseo, un templo en su honor. Una de las evidencias que nos hablan de lo arraigado en el tiempo de su culto es el hecho de que la leyenda que hemos leído ya se encontraba reflejada en los Textos de las Pirámides que datan del Imperio Antiguo (2575 – 2134 a.C.)

Su popularidad se extendió como el Nilo extendía la vida en sus crecidas y los templos dedicados a la Diosa se levantaron por todo Egipto. Pero no solo allí, pues su culto llegó a la Europa del dominio romano. El más popular de los levantados en Egipto fue  el templo de Isis en Filas (o File). Cada diez días, Isis era sacada en procesión, salía de su santuario para dirigirse a Abatón, una isla cercana donde se hallaba una de las supuestas tumbas de Osiris. No debió ser casual que este fuera, precisamente, uno de los últimos reductos de la cultura y la religión del antiguo Egipto cuando el emperador Justiniano en su lucha contra el paganismo decretó el cierre del mismo en el año 535.

En cuanto a su iconografía, comencemos con su nombre, pues palabras e imágenes en la cultura egipcia se yuxtaponen, como se plasma en su escritura, y en el nombre de la Diosa se produce un "juego" bastante común, veamos. El nombre en egipcio de Isis (nombre griego), era Aset, que a su vez significa, trono. Por lo que es común ver a la Diosa con su jeroglífico en la cabeza, es decir, con un trono. Esto, obviamente, la relacionaba directamente con los faraones y la monarquía.

Su condición femenina y la de ser una de las diosas primigenias de todo el panteón egipcio, la convirtieron desde los primeros momentos en diosa de la fertilidad y la maternidad, características claves en una mujer en aquellas civilizaciones, y también en protectora de la infancia cuando se la representa con el pequeño Horus sentado en su regazo, ¿les recuerda a algo esa simbología?.

Durante el Imperio Nuevo, comienza a aparecer con el disco solar en la cabeza, al tiempo que su esposo Osiris, está empezando  a ser identificado con el sol. Este sol se insertaba entre los cuernos de vaca, característicos de la diosa Hathor, que significa la morada de Horus (su hijo). Estas apropiaciones de atributos de otras diosas fue creciendo y ya en el Período Ptolemaico podemos encontrar a Isis portando símbolos de cualquier divinidad, siendo algo así como una Diosa de Diosas.

Ya hemos comentado que la devoción por Isis, salto el Mediterráneo y se instauró en el Imperio Romano (lo que ahora queda corroborado con los restos de el Foro). Allí, se la relacionaba con la justicia y la verdad y, al igual que en su tierra, fue adoptando atributos de diferentes diosas. Con la aparición del cristianismo su culto fue prohibido, pero mucha de su simbología perduró, era inevitable y, piénselo, lógico; el niño en el regazo, el trono, madre de Dios... De la misma manera  la triada osiríaca (Osiris, Isis, Horus) es coincidente con la Sagrada Familia o, incluso para algunos autores, con la Trinidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo).

En cualquier caso y sin tejemanejes esotéricos de novela facilona, no cabe duda de que Isis fue una de las primeras diosas de la humanidad y, por ello, muchos de sus rasgos se fueron transmitiendo, con las diferencias y características propias de cada civilización y religión, hasta nuestros días. Ahora tenemos en nuestra ciudad un trocito de su milenario culto y es nuestro deber cuidarlo y respetarlo. No es cuestión de enfadar a los dioses.

   

Cabo de Palos zozobra

Hoy toca hablar de ‘lo demás’, aunque bien pensado el tema que les quiero proponer también debe ser entendido como cultura, y el que no sea así, tal vez sea parte del problema. Dije en el artículo con el que inauguré mi sección en Cartagena de Hoy que me reservaba el derecho al pataleo y así va a ser en esta ocasión, plenamente consciente de que, efectivamente, esto no va a ser más que un pataleo, un desahogo vano, un hablar por hablar pues como dicen que dijo Einstein: "Solo hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana, y del Universo no estoy seguro". Por si alguien leyera mis líneas con recelo, confirmaré públicamente antes que nada que sí, que yo también soy humano.

No les descubro nada al decir que La Manga del Mar Menor es ejemplo de barbarie urbanística, de desprecio al medio ambiente y de explotación salvaje de la naturaleza. No solo es algo sabido en la zona o comentarios cabreados de barra de bar, es ejemplo (mal ejemplo) empleado en multitud de estudios, de universidades, de simposios, de tratados...no el único, también es cierto, pero toca hablar de lo nuestro.

Tampoco les descubro nada si digo, dejando aparte dimes y diretes, versiones politizadas y demás historias y cuentos, que el Mar Menor está tocado, muy tocado. No quiero emplear la expresión de "herido de muerte", pues debo ser consecuente y en justicia he de decir que si no me creo a priori a aquellos que dicen que el baño es estupendo y que allí no ocurre nada, sin ningún elemento de juicio más que el puramente visual, tampoco debería creer a aquellos que dicen que "ya no hay nada que salvar". En cualquier caso, lo que parece obvio es que la hemos liado, que el Mar Menor está bastante grave y que eso ya está afectando a los vecinos y turistas de la zona, pues aunque no se lo crean, al menos algunos, el estar continuamente jod..., jorobando, el medio ambiente tiene consecuencias que sufrimos y sufriremos los que casualmente estamos viviendo y conviviendo con y en él, ¡que cosas!

Por tanto...¡Todos  a Cabo de Palos!, ¡qué bien, qué bien!, a jod... a jorobar lo poquito que nos va quedando. Cabo de Palos este verano ha sido un infierno y, sobre todo, una pena, una lamentable y dolorosa pena. El número de turistas, propios y ajenos ha crecido de forma más que notable y eso ha traído consecuencias que, bien por intereses, bien por dejadez, no se han querido ver. Solo una agradable conversación con cualquier vecino del pueblo ya pone de manifiesto el problema, grave problema, que se cierne sobre la zona, por no decir que tienen ya encima.

Empecemos por ahí, ¡hay que escuchar a los vecinos del pueblo!, pues sepan ustedes, ciudadanos del mundo, que en Cabo de Palos viven, trabajan, aman, ríen y lloran personas ¡todo el año!. El pueblo no es suyo, por mucho coche de alta gama y mucho look hippie-urbanita que usted traiga, incluso no es suyo por mucho dinero que se gaste en él y usted, hipotético y maleducado turista debe tener al menos el mismo respeto por las normas que el que le obligan a tener en sus superciudades a base de multas. Me explico, y es solo un ejemplo, es común ver coches aparcados completamente encima de las aceras, con el consiguiente peligro que ello conlleva para los peatones y para otros conductores al tener los primeros que circular por la carretera. Los atascos, ya que hablamos de coches, han sido monumentales. Recorridos que se hacen andando en quince minutos, se han llegado a convertir en más de una hora de coche a motor encendido y aire acondicionado a toda pastilla, ¡faltaría más con el calor que hace!, y venga humito para la Reserva Natural.

Pero no solo de coches vive el hombre. Les cuento: Junto con una vecina de la zona, de las de toda la vida, ¡toda!, que me ha contagiado su amor y dolor por Cabo de Palos, tuvimos la buena intención una mañana de sábado de darnos un bañito en la zona conocida como La Galera. El espectáculo fue dantesco. Todo tipo de embarcaciones se agolpaban en la mismísima zona de baño; yates, lanchas neumáticas, motos de agua, barcos, barquitos, barquichuelas, y en definitiva cualquier cacharro susceptible de flotar, eso, como saben ustedes y cualquier responsable de medio ambiente, implica contaminación: diésel, humo, desperdicios... Por cierto, a ver si algún aguerrido lobo de mar me explica cuál es la experiencia místico-religiosa que se siente al entrar y salir de la bocana del puerto a todo lo que da el cacharro flotante de turno.

El mar, ¡ah, el mar!, lugar de grandes, ¡qué digo grandes!, ¡grandísimas!, aventuras submarinas que comienzan en la pequeñísima cala de La Barra. Un lugar familiar y agradable, lugar habitual de baño de personas mayores y niños, pues su escasa profundidad hacen de este un sitio seguro y tranquilo. Pero no, ya no, ya tampoco. El lugar se ha convertido en la piscina privada de clubes de buceo que toman como suya la zona para adiestrar a los intrépidos submarinistas. Personas sin experiencia dispuestas a arrollar a cualquier bañista con la falta de reflejos y movilidad que da todo el equipo y los nervios propios de la ocasión. Sé de lo que hablo. Aunque en este caso la culpa es de los instructores (vamos a suponer que lo son y que como tales están acreditados), algunos de ellos bastante maleducados, con una chulería y prepotencia propia de los faltos de sesera. No hablo por hablar, presencié una fuerte discusión entre uno de estos señores y algunos vecinos de la zona que protestaban por la situación de atropello que se sufre en la zona día si y día también, algunos de estos vecinos, por cierto, con esa edad en que lo mínimo que hay que tener con ellos es respeto. Y les cuento esta particularidad por que el susodicho energúmeno en un momento de la discusión dio, a mi entender, con la clave de todo el asunto; "a mi me subvenciona la Región, protéstele a ellos".

¡Sorpresa!, he ahí el problema: Dinero. Los clubes de buceo hacen su agosto, nunca mejor dicho, con el turismo, pero a su vez con permisos, seguros, alquileres, etc. sueltan una pasta que, en parte, vaya a usted a saber donde irá a parar. Las embarcaciones pagan sus amarres, gastos de carburante, agua, etc., los coches llevan personas que comen, compran, gastan, gastan, gastan... no vamos a matar a la gallina de los huevos de oro. Muy bien, lo admito, mucha gente y parte, solo parte, que quede claro, de los vecinos de Cabo de Palos ganan un buen dinero con el turismo. Pero, ojo, y no soy experto en nada, vaya por delante, solo presumo de tener un poco de sentido común, la gallina está enferma, muy enferma.

Desde hace décadas diversas asociaciones, conscientes del problema, luchan por salvar este pequeño rincón de naturaleza de nuestro país, de nuestra Región, de nuestra ciudad, situado entre dos entidades naturales protegidas; la Reserva Marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas y el Parque Natural de Calblanque. El cabo ha sido y es víctima de una urbanización extrema, máxime teniendo en cuenta que por su naturaleza geográfica no tiene posibilidad de desarrollar infraestructuras hasta el infinito, eso, cualquier técnico de medio ambiente, también lo sabe. El resultado de su lucha, cual Quijotes contra molinos, ya se pueden ustedes imaginar cual es.

Resumiendo, la película que por desgracia ya conocemos, el hombre ha convertido un lugar entrañable, valiosísimo a nivel ecológico y humano, en un lugar camino del desastre. ¿Soluciones?: "bueno, ya existen", "se están tomando", "somos conscientes del problema", "los datos dicen que el impacto es mínimo", "tenemos programado hacer"... No nos alarmemos, seguro que son exageraciones de este que les escribe por un mal fin de semana. Ojalá el final de la película no sea el que también todos conocemos.

 

‘Apuntes sobre San Ginés’

Como si de un guion preconcebido se tratase, esta historia, rodeada por las brumas del tiempo y la leyenda, comienza en las mágicas y hermosas tierras gallegas.

Santiago de Compostela. Finales del siglo XII
En primer lugar, pues, se ha de visitar en Arlés por los que se dirigen a Santiago... En su venerable y magnífica iglesia descansa el cuerpo de San Ginés, mártir muy preclaro. Pues hay un arrabal junto a Arlés, entre los dos brazos del Ródano, que se llama Trinquetaille, en donde existe detrás de la iglesia una columna de magnífico mármol, muy alta y elevada sobre la tierra, a la que según se cuenta, ataron a San Ginés y lo degolló la plebe infiel; y ahún hoy aparece enrojecida por su rosada sangre. El mismo santo apenas hubo sido degollado cogió su cabeza con sus propias manos y la arrojo al Ródano, y llevó su cuerpo por medio del río hasta la iglesia de San Honorato, en donde honrosamente yace. Su cabeza, en cambio, corriendo por el Ródano y por el mar llegó, guiada por los ángeles, hasta la ciudad española de Cartagena, en donde ahora descansa espléndidamente y obra muchos milagros. Su festividad se celebra el 25 de agosto.
(Códice Calixtino. Libro V. Capítulo VIII)

Arlés (Francia). Comienzos del siglo IV dC
Al parecer, con una innata facilidad para la escritura, un joven entra al servicio de Roma como "notarius", destacando rápidamente en su oficio, pero el destino quiere que la que iba a ser una brillante carrera que probablemente podría haberle llevado a Roma junto al emperador, se trunque de manera definitiva. En este punto son dos las versiones de los hechos, y estos a su vez, contradicen en algunos datos a lo escrito en el Codex Calixtinus.

Las Actas, textos narrativos de la muerte de los mártires también llamadas Acta Martyrium, más antiguas que hacen referencia a San Ginés de Arlés, nos hablan de una huida cuando se decreta la persecución de los cristianos, al no poder ya ocultar su religiosidad, pues habría solicitado con anterioridad su bautismo al obispo. Descubierto, fue ejecutado junto al río Ródano

Posteriormente, sería San Paulino de Nola, ordenado sacerdote en Barcelona, quien matizaría un tanto la historia, dotándola de un aire de heroicidad. Aquí, San Ginés no se limita a huir, sino que al tener que copiar el decreto de persecución como parte de su trabajo, se niega y arroja las tablillas a los pies del magistrado. Evidentemente, el final fue el mismo.

Existen otras versiones completamente distintas, incluso en su datación, que nos habla de la llegada de San Ginés a las costas de nuestra región tras haberse salvado milagrosamente de un naufragio en torno al año 800. El lugar de su desembarco, o quizás el de la aparición de sus restos, será el que se conozca como Rincón de San Ginés.

Roma. Siglo XVI
El italiano Alejandro Farnesio asume el papado bajo el nombre de Pablo III. Será uno de los pontífices más destacados por, entre otras cosas, convocar el Concilio de Trento que daría un giro a la historia de la Iglesia y por extensión en aquella época a la historia universal. Rafael Sanzio o Tiziano, lo inmortalizarían con sus pinceles.

En 1541 reconocerá la santidad de San Ginés y establecerá los oficios religiosos en la festividad de San Ginés de la Jara el 25 de agosto.

Cartagena. 1677
De nuevo una terrible epidemia está asolando la ciudad. En esta ocasión, además, ataca con especial virulencia a los niños. La situación es angustiosa y cualquier ayuda es válida y por encima de todas, la de la fe. Cuenta la tradición que los gobernantes deciden apelar a la clemencia del patrón de la ciudad, pero por extraño que pueda parecer hoy en día, nadie tiene razón de él. Se busca en los archivos, se indaga... Cartagena no tiene patrón. Se introducen en una cántara los nombres de diversos santos y se le pide a uno de los niños enfermos que sea él quien saque uno. San Ginés de la Jara surge como patrón de la ciudad y su primer milagro será sanar a aquel niño.

Cartagena. 27 de agosto. 2016
Comienza la romería en honor de San Ginés como desde hace siglos. La religiosidad, la fe, el amor por las tradiciones y las ganas de pasarlo bien, por supuesto, se aúnan en esta festividad popular. Quizás algunos no conozcan la historia del santo, es probable, no importa, son leyendas, mitos, tal vez no, no es cuestión de ciencia sino de fe. Se dirigen hacia el monasterio de San Ginés de la Jara...bueno, a lo que queda de él. Se le pide por la familia, por los amigos, algún enfermo, algunos que se fueron...Incluso algún soñador imagina que al llegar al monasterio este se presentará tal y como fue, tal y como debería ser, sin la lacra de la ruina y la dejadez que lo ha ido devorando con el paso del tiempo.

   

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