Sábado, Abril 04, 2020
   
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Trastienda

¡Qué divertido es beber! ¿o no?

"Atienden a 221 ¡menores! en los hospitales murcianos por intoxicación etílica en un año" (La Opinión de Murcia)

"Emergencias realiza 240 asistencias en el Bando de la Huerta, 93 de ellas por intoxicación etílica" (La Vanguardia)

Suma y sigue, solo tienen que consultar internet, pero si me conceden el beneficio de fiarse de un servidor, les ahorro el trabajo:


Feria de Abril (Sevilla): 23 atendidos, en un día, claro.


Carnavales (Cádiz): Sábado, 95 atendidos.


San Fermín (Pamplona): 60 atendidos, en un día.


Fallas (Valencia): ¡864! atendidos, en total.


¿Seguimos?, ¿seguimos ignorando el problema?, venga, sigamos:


El 78% de los adolescentes han bebido antes de los 18 años.


Un 32,2% de jóvenes entre 14 y 18 años se ha emborrachado en el último mes.


El 43,1% de los muertos en accidente de tráfico dieron positivo en alcohol y/o drogas.


Las muertes por alcohol superan a las generadas por el VIH.

Usted disculpe, paciente lector, ya sé que sabe todo esto, ya sé que todos lo sabemos. No pasa nada, si lo de beber no es malo, lo que ocurre es que a los chavales a veces se les va la mano y se ponen "folloneros", ¿verdad?.


Miren ustedes, no soy de la liga antialcohólica, ni pretendo que se instaure la Ley Seca, pero sí me gustaría entender por qué nadie intenta poner solución a un problema tan serio, tan patente y tan trágico. ¡Sí, trágico!. Ya sé que para una grandísima parte de nuestra sociedad el que alguien se tome unas cuantas copas y se ponga "gracioso" (no sé cual es la puñetera de gracia de un borracho y nunca me ha hecho gracia ninguno), está incluso bien visto y es la mar de divertido. Pues bien, como saben, por que el problema es que lo saben, el alcohol está directamente relacionada con temas tan "graciosos" como la violencia (de género o de la que sea), el maltrato de mobiliario urbano (que luego pagamos entre todos), los accidentes de tráfico (todavía hay descerebrados que se ponen delante de un volante estando borrachos por que "van bien"), etc, etc, etc.


No les voy a hablar de los problemas de salud, no les voy a hablar de los problemas relacionados con el rendimiento escolar o laboral, no les voy a hablar de como quedan las calles después de una "divertida noche", no les voy a hablar de lo que supone para los padres ver llegar a sus hijos adolescentes a casa dando tumbos y vomitando, ni les cuento si es al revés. Tampoco les voy a hablar de la patética perdida de dignidad que sufre una persona cuando llega a ciertos límites de alcoholización, haciendo sus necesidades en la calle como si de un orangután en la selva se tratará, (que me disculpen tan hermosos primates, pues hasta ellos se apartan de la manada para hacer según que cosas), haciendo estupideces varias que nadie haría en su sano juicio, poniendo en peligro su vida (me viene a la mente la entretenida moda del "balconing") y, en desgraciadamente muchos casos, completamente incapaces de resistirse a cualquier tipo de agresión sexual por parte de cualquier hijo de mala madre que probablemente también va borracho.
Los cuerpos de seguridad del Estado se dejan la piel, literalmente, luchando contra el mundo de la droga. Nuestros legisladores tratan de establecer leyes adecuadas para que esa lucha sea eficaz y contundente. No les digo nada si la lucha es contra el "terribilísimo" problema del tabaco. No es que piense que el tabaco es sano, pero si la contundencia (extraña) que se ha tenido contra él, se tuviera contra el alcohol... Solo piensen si los efectos de uno y otro son los mismos, por mucho que uno se fume diecisiete cartones. Pues bien, ¿por qué nadie pone remedio al desmedido consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes?, ¿por qué además de enseñar a los niños de 13, 14 o 15 años cómo se pone un condón no les enseñan los terribles efectos del alcohol?, ¿por qué se vende impunemente alcohol en todas sitios, a todas horas y a todo el mundo? (ya sé que en algunos sitio, tampoco en todos, hay un contundente y disuasorio cartelito que indica que esta prohibida la venta de alcohol a menores de 18 años, ¡JA!), ¿por qué si existe una ley antibotellón, no solo nos la saltamos a la torera sino que habilitamos zonas especialmente para ello?, ¿alguien vería bien que se habilitara una zona para jugar a la ruleta rusa, para prácticas de conductores suicidas, para venta de drogas...?, preguntas y más preguntas a las que tampoco aspiro a que nadie me de respuesta.


Esta misma Semana Santa un responsable municipal, da igual quién y de dónde porque realmente da igual y es moneda común, comentó a mi vera que "se había habilitado una zona apartada del centro urbano para que si los jóvenes querían divertirse no interfirieran con las procesiones". ¡Ahí está el problema!, no señor mío, no, el consumo de alcohol al nivel habitual en que se hace en esos "botellódromos" (hasta la palabra es horrible) no es ninguna diversión, es un problema de salud pública, y muy serio.


Nuestras fiestas, todas, se han visto reducidas a un inmenso botellón. Discúlpenme todos aquellos que piensan que nuestras tradiciones son mucho más que eso, todos aquellos que trabajan de forma altruista para mantener viva esta o aquella celebración, aquellos que de verdad creen que esas fiestas, las que sean, son parte de nuestra cultura, son parte de nosotros mismos, me descubro ante ellos y esta vez lo digo sin la más mínima ironía. Pero el problema es que el consumo desaforado de alcohol está inserto en la propia tradición, clavado, soldado, fijado, me atrevería a decir a nuestro ADN. Todo en una fiesta gira en torno al alcohol, da igual lo que se celebre; bautizos, bodas, comuniones, graduaciones, ascensos, victorias, cumpleaños, jubilaciones, divorcios, compras, comienzos, finales..., si se celebra algo, la borrachera llegará. La cerveza, el vino, el otro vino, los chupitos, el champán,  las copas, una, otra, otra, otra.... y nuestros jóvenes lo ven en sus mayores y lo normalizan y sociabilizan como algo normal, habitual y casi necesario.
Se lo dije más arriba, no pretendo que  se imponga la Ley Seca, me parece estupendo salir con los amigos y tomarse una cerveza fresquita y un "pescaito", me parece casi un rito degustar un buen vino con su jamón o su queso y saber de ellos y apreciarlos como parte de nuestra cultura que son, incluso me parece bien lo de tomarse una copa mientras pasamos un rato de asueto con los amigos. Lo que me parece mal es lo otro, todo lo que les he contado, todo lo que ya saben, esa estúpida creencia de que el alcohol divierte más, o lo hace todo más gracioso, o me hace más mayor, o me hace más interesante, o más machote...

Como simple anécdota, que muchos habrán vivido, en alguna ocasión he tenido que aguantar que algún imbécil cavernícola me espetara un "estás amariconao" por pedir una tónica cuando todos estaban tomándose sus varoniles cubatas. No es que no bebiera alcohol por creencias, ni por, obviamente, razones acerca de la sexualidad, como mi sesudo conocido dedujo, lo hacía por la sencilla, simple y pura razón de que no me apetecía, pero amigo, si no te gusta el alcohol (ni el fútbol, ni la política), eres un tipo altamente sospechoso, no sé de qué, pero sospechoso.


Sé que son buenos entendedores y ya llevo demasiadas palabras, de modo que gracias por su atención y disculpen el pataleo.

 

‘Donde habita el olvido’

Dijo una grandísima fotógrafa, de cuyo nombre no puedo olvidarme, cuando alguien le comentó que hoy todo el mundo hacía fotos, que no, que se capturaban imágenes, pero que hacer fotos era otra cosa. No puedo estar más de acuerdo, y lo siento por los "grandes fotógrafos" de móvil y red social. Hoy les voy a hablar de fotografía de verdad: arte, trabajo, expresión, tiempo...

Hoy, a las 19:30, se inaugura la exposición, Donde Habita el Olvido, del fotógrafo Juan Cerón, en la Sala Municipal de Exposiciones Muralla Bizantina (detrás del Teatro Romano).  Con motivo de dicha inauguración, tuve la oportunidad de charlar un rato con el autor  en pleno montaje de su exposición, taladros incluidos, por lo que desde estas líneas le agradezco su atención. Salta de inmediato a la vista, y al oído, que Juan Cerón está orgulloso de su obra, no es para menos.

‘Donde habita el olvido’ es un proyecto de dieciséis fotografías en las que el artista nos muestra distintas localizaciones de la Región de Murcia donde la ruina y el abandono han hecho mella. Como el propio autor comenta, y el visitante pronto percibirá, me permito añadir, en ellas sigue latente una fuerza y una belleza que están  patentes en el discurso estético que Juan Cerón ha sabido elaborar de forma magistral. La maleza invadiendo zonas que antes le eran ajenas, maderas que antes conformaban puertas, ventanas, o incluso el mecanismo de un molino y que ahora, irremisiblemente están perdiendo la guerra frente a la podredumbre, mobiliario que ya nunca más lo será de nada, ni de nadie...son plasmados, quién sabe si por última vez, en imágenes llenas de belleza, melancolía y dignidad.

Pero como buena imagen que se precie de serlo, ya sea pictórica o fotográfica, las imágenes de esta exposición tienen varias lecturas y estas imágenes tienen una ‘cara B’. Las fotos de Juan Cerón recogen un patrimonio histórico y arquitectónico que se nos va, que se hunde, que desaparece, unos trozos de "nuestro humilde, pero infinito patrimonio" que probablemente a la hora en que usted vea esta exposición, ya será un poco menos infinito. Por tanto, no solo es este un proyecto artístico, refiriéndonos a lo meramente estético, este proyecto tiene mucho de documento visual y de denuncia, sin ruido y sin estridencias, pero denuncia.

En cuanto a los aspectos técnicos, según me comenta el propio fotógrafo, todas las imágenes han sido elaboradas con la técnica  HDR, con la que se consigue representar una horquilla de diferentes exposiciones. No es este el lugar para tratar los aspectos formales de dicha técnica, pero les aseguro que requiere de tiempo y de "buen ojo", y aún así, "no siempre se ve plasmado el resultado apetecido". No se preocupen, les dije que hoy estábamos hablando de fotografía de verdad y de un buen fotógrafo, y Juan Cerón, no les va a ocultar nada. Las cartelas de las fotos expuestas contarán con la información técnica básica, así como con la localización del lugar.

Nuestra charla continúo con vallas que en ocasiones tuvieron que saltarse para hacer las fotos, lugares en los que no fue muy bien recibido (ya sabemos que un tipo con una cámara, en según que sitios y circunstancias, puede ser considerado altamente peligroso) y lugares en los que sí lo fue. Por cierto, Donde Habita el Olvido ya ha estado en Molina de Segura, Murcia, Lorca, Alguazas y Madrid. Esta, la de Cartagena, será la última vez que la colección esté expuesta, de momento. Juan Cerón tenía muy claro que tratándose de un testimonio patrimonial de la Región de Murcia, en Cartagena "tenía que estar", y afortunadamente así es.
De verdad, no se la pierdan.

"Cuando sólo vemos la belleza en aquello que nos deslumbra, en la perfección, en lo ostentoso, ignoramos la bondad y serenidad de las pequeñas cosas. Proponemos aquí un ejercicio de búsqueda de la belleza en lo simple, en aquello donde nunca detenemos la mirada, en lo desapercibido. Proponemos llamar a la puerta Donde habita el olvido“ (De su página web, www.juanceronphoto.com)

 

Recital de poesía

Señor presidente de la Junta de Cofradías, Hermanos Mayores, Delegado Regional de la UNEE, señoras y señores:

 

La Unión de Escritores tiene el placer, y la responsabilidad, de participar en el Recital de Poesía Mística y Religiosa que desde hace tres años se viene celebrando en este incomparable marco de la Real Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, lugar de recogimiento y fe en el que los cartageneros veneran a su querida patrona.

 

Hoy, como en infinidad de ocasiones tantos y tantos fieles habrán hecho, alzaremos nuestra oración en forma de versos, propios y ajenos. Porque si la oración es un diálogo íntimo del alma con su creador, nada hay más íntimo para el poeta que su poesía, y si la poesía es la expresión de los sentimientos en forma de palabras, nada nos hace sentir más profundamente que la oración si esta es sincera.

 

Oración y poesía nacen de un mismo manantial. A veces discurren por cauces distintos, a veces se arremolinan, a veces se remansan... pero siempre son una fuente para la vida y para la esperanza. Es poesía el Cantar de los Cantares, los Salmos, el Padrenuestro, el Avemaría, la Salve es poesía.

 

Esto, a buen seguro, pronto lo sintieron así Juan de Yepes o Teresa de Cepeda y Ahumada entre otros. Lo que no sabían es que ellos, unos pocos elegidos, alcanzarían la más alta y profunda inspiración con la que jamás pudiera soñar un poeta, el amor, el amor con mayúsculas, el amor puro y sublime que solo puede nacer de la unión del alma con Dios, la llamada vía unitiva que surgía tras la vía purgativa y la iluminativa. Se llegaba así al éxtasis, que tan magistralmente supo expresar en mármol Bernini, un éxtasis que anulaba los sentidos y traspasaba el corazón como una ardiente flecha.

 

Sin embargo, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León...solo pudieron encontrar una forma de expresar tan singulares vivencias, ¡con la poesía!. De esta forma, allá por el siglo XVI, surgió la poesía mística española que tan gloriosos versos dejó en nuestra literatura, de los que hoy tendremos la fortuna de disfrutar algunos.

 

Pero no es necesaria la unión íntima con Dios para que el poeta ruegue, agradezca, alabe,...rece, porque la poesía religiosa también es oración. Y lo hará a su patrón, al de su pueblo o al de su oficio, sea este el que fuere, a la advocación mariana a la que le enseñaron a rezar sus mayores o a la que un día le hizo sentir algo que nunca supo lo que fue, a los santos y santas que siente cercanos en su vida, y seguro que estos, sabiendo de donde nacen esos versos, le escucharán y agradecerán, de formas que solo ellos conocen, sus palabras, sin importarles ni calidad ni cantidad, sino tan solo el amor que el poeta puso en ellos.

 

Dejemos que recen los versos.

   

“El Cantón fue en Cartagena más una revolución burguesa que popular”

Con motivo de la próxima presentación este viernes del libro ‘Cantón y Libertad’, hemos tenido la oportunidad de charlar un rato con su autor, Francisco José Franco Fernández, uno de los cuatro cronistas de nuestra ciudad.

Pocas personas conocen tan a fondo la historia contemporánea de Cartagena, y muy pocas la cuentan con tanta pasión como él. Oírle hablar de historia es, parafraseando a Sabina, un lujo para el alma y el oído.
En su tercera novela el autor nos lleva a la Cartagena de 1873, en plena sublevación cantonal, a través de un joven, Leandro Rolandi, redactor del Cantón Murciano, que se convertirá en el eje central de una historia repleta de intrigas, misterios y  enredos amorosos.

- Javier Sánchez: ¿Leandro Rolandi existió?, ¿Se trata de un personaje real?
- Francisco José Franco: Él no, pero viene acompañado de un personaje que sí es histórico, el doctor Cárceles. Aunque  Leandro aparecerá como sobrino de Sebastian Rolandi, antepasado del autor de la gran investigación del Cantón y autor del prólogo, Manolo Rolandi.

- J.S.: Háblanos del interesante marco histórico de la novela.
- F.J.F.: La historia se desarrolla en los primero días del Cantón, cuando un chaval de diecinueve años, el doctor Cárceles, viene y subleva la ciudad

- J.S.: Así, ¿sin más?, ¿con diecinueve años?.
- F.J.F.: En la Segunda República vino aquí a dar una conferencia y él mismo decía que en aquellos años estaba de vacaciones y los intransigentes del partido lo mandaron a sublevar la plaza. Se tomó el Castillo de Galeras, el Ayuntamiento, se hicieron con los barcos...

- J.S.: Se habla del Cantón de Cartagena, pero fue un movimiento a nivel nacional, hubo varios cantones, ¿no fue así?
- F.J.F.: Sí, pero en Cartagena, como estaba la escuadra y la plaza militar era muy importante, fue donde se hicieron fuertes. Además había una guerra en Cuba al mismo tiempo, la guerra Carlista, un poder que acababa de llegar. En realidad los sublevados se adelantaron a la labor de las Cortes que estaban haciendo una Constitución.

- J.S.: ¿Se trató más de una revolución burguesa que popular?
- F.J.F.: En Cartagena sí, aunque hay quien también lo asocia con el movimiento obrero porque tres años antes había sido la Comuna de París y los alemanes que vienen aquí después de haber luchado contra ellos, asocian el pendón rojo de los cantonalistas con el de los comuneros, con el peligro rojo. Pero aquí no hay movimiento obrero, como tal.

- J.S.: Hay quien relaciona, supongo que por desconocimiento, el Cantón de Cartagena a alguna suerte de movimiento independentista.
- F.J.F.: No, no, en absoluto. Aquí hubo un gobierno federal y Cartagena fue capital de España, en los documentos aparecía ‘gobierno de España’, se hizo moneda, leyes, había diputados, ministros...fue un gobierno con toda la infraestructura. De hecho el Estado le estaba dando la razón, porque la Constitución federal se estaba votando.

- J.S.: Entonces, ¿qué ocurrió?
- F.J.F.: Entró Pavía en las Cortes y se acabó la historia, y la caída del Cantón fue cuestión de días.

- J.S.: ¿Cuánto tiempo duró el Cantón?
- F.J.F.: Seis meses.

- J.S.: En cuanto al libro en sí, ¿qué te ha motivado a escribirlo?
- F.J.F.: Llevábamos tiempo con la investigación del Cantón, van a salir tres volúmenes de la sublevación cantonal y pensé que no estaría mal sacar una novelita de esos primeros días.

- J.S.: ¿Se puede entender la novela sin tener demasiados conocimientos históricos de la época?
- F.J.F.: Sin duda. Para eso tenemos el prólogo del historiador Manuel Rolandi que introduce el marco histórico.

- J.S.: ¿Y alguien que no sea de Cartagena, entendería la historia?
- F.J.F.: Sí, de hecho el primer capítulo, ‘Sangre de Hispania fecunda’, es en Madrid y se habla de cómo se ‘cuece’ a nivel nacional toda la historia.

- J.S.: Aunque supongo que el cartagenero, o el que conozca la ciudad, la podrá disfrutar más sabiendo exactamente de los lugares que se hablan.
- F.J.F.: Sí, porque además se ha sido muy estricto en ese aspecto. Sobre un plano que me dio Luis Miguel, construí toda la historia, la Cartagena de 1873 está rigurosamente construida, los lugares, la atmósfera, lo que había, y con los personajes, igual, hablan como gente del XIX, hay coplillas de aquel tiempo...

- J.S.: La bibliografía sobre el Cantón es muy amplia, ¿qué se aporta de nuevo con esta novela y con esos próximos volúmenes sobre los que nos has hablado?
- F.J.F.: Ángel Márquez sostenía que los libros que se habían escrito sobre la sublevación cantonal no eran rigurosos, porque o bien habían sido escritos por los vencedores, o bien escritos con las fuentes del Cantón Murciano que son fuentes de los que estaban dentro de la plaza. Entonces él, que era piloto de líneas aéreas, aprovechó sus viajes para acudir a los archivos consulares de los países que intervinieron aquí; fuentes militares, informes de almirantes, de los cónsules... esas, pensó que eran las fuentes más fidedignas para contar lo que había pasado aquí. Ese fue su trabajo durante años, hay miles y miles de documentos y es lo que hemos volcado en esos libros.

- J.S.: Tengo entendido que, además, el libro tiene un carácter benéfico.
- F.J.F.: Efectivamente. El libro está editado por el Rotary Club de Cartagena y  tendrá un carácter benéfico, se venderá para las obras sociales que ellos tienen; colaboran con ASIDO, tiene becas para estudiantes de escasos recursos, hospitales...

- J.S.: Profesor de Instituto, tutor de la UNED, cronista de Cartagena...¿el tiempo, exactamente, dónde lo fabricas?
- F.J.F.: (Risas) En los veranos vamos tirando.

Me quedo con las ganas de saber el secreto del tiempo y, sobre todo, con las ganas de "sublevarme" con Leandro Rolandi por las calles de Cartagena. Para lo primero, me temo, no hay solución. Para lo segundo, afortunadamente, solo tengo que esperar al viernes 27 en el centro cultural Alonso Luzzy, a las ocho de la tarde. ¡Allí nos veremos!

 

 

Les ruego que me disculpen

Dicen que dijo Felipe II: "Yo no mandé mis naves a luchar contra los elementos".

 

Como saben los pacientes lectores que tienen a bien seguirme, me hallaba enfrascado en la elaboración de una serie sobre los museos de la ciudad. No pretendía hacer un "copia y pega" de las diversas páginas web que tratan sobre ellos. Si escribo es porque me gusta, me divierte y, sobre todo, porque creo que puedo aportar algo. Esa era mi intención,  aportar algo diferente a lo que cualquier lector puede acceder a golpe de 'click' desde cualquier ordenador. Quería escuchar, y que se escuchará, la voz de los respectivos responsables, que nos contaran los problemas, los proyectos, las innovaciones, las decepciones, que protestaran también si creían que debían hacerlo... pero no ha podido ser.

 

Tras haber llamado a las puertas que me faltaban, nadie ha respondido y decía mi abuelo, con esa sabiduría que solo dan los años, que el undécimo mandamiento era no molestar. ¿Las razones?, ni puedo, ni quiero, ni debo analizarlas. Tampoco culpo a nadie de nada, que conste, juzgar es fácil pero, a menudo, también es equivocado. Por tanto, punto y aparte, que no final, a mi serie de los museos.

 

Esto más que un artículo es una escueta nota con la que me disculpo ante mis hipotéticos lectores por mi tardanza en aparecer por estos lares. Soy de esos que todavía creen que los compromisos hay que cumplirlos. Pero no sería justo acabar estas palabras sin darle al Cesar lo que es del Cesar y reiterar una vez más, y las que haga falta, mi agradecimiento a las personas que sí me abrieron de par en par sus puertas; Elena Ruiz Valderas y Juan García Sandoval, gracias a ellos disfruté, aprendí y pude contarles a ustedes matices de sus respectivos museos, el del Teatro Romano y el MURAM, que espero fueran de su interés. Solo por eso, ha merecido la pena.

Nos leemos pronto.

   

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