'Este tren de Auschwitz'

Escrito por Carlos León Roch. Médico colegiado. 3 de abril de 2020, viernes.

Fueron muchos los trenes que llegaron a Auschwitz durante aquel aciago 1943, pero el último –según nos cuenta la famosa película- era solo de judíos. Antes los había habido de comunistas, gitanos, contrarios políticos…

Sí, aquellos eran 'solo' judíos. Hombres, mujeres y niños, vinculados por esa condición étnica o religiosa. No todos fueron  asesinados: solo los que no resultaban útiles para el trabajo forzado: las mujeres, los niños, los depauperados… o los viejos.

Ahora ya no existe ese atroz genocidio racial. Ahora, en nuestra sociedad occidental consideramos la dignidad del hombre como “persona”, como individuo-social, con plenitud de sus derechos sociales y políticos, sin consideración de su sexo, ni condición social, ni color de su piel, ni  creencias, ni  inclinación sexual, ni su edad …

Bueno, todo eso era 'hasta ayer'. Porque desde 'ayer', aunque continúa sin considerarse raza, sexo (con sus variantes), creencias, etc., sí se valora otra característica humana: la edad, en orden a priorizar la asistencia médico-hospitalaria en el ámbito de la tremenda pandemia que estamos sufriendo, y que en España tiene una de las peores consecuencias.

Ya es prácticamente oficial la 'recomendación' a las unidades  médicas de UC, de los hospitales  de 'priorizar' la atención en virtud a la 'esperanza de vida de los pacientes'.

Cuando aquellos patéticos trenes arribaban a su trágico destino final veíamos (en la película) cómo se formaban varios grupos, según el destino predeterminado: Unos a los campos de trabajo; otros a mal morir en aquellos siniestros barracones… Los viejos, enfermos o depauperados directamente 'a la ducha' .

En nuestros magníficos hospitales, de los que estamos legítimamente orgullosos desde hace muchos años, no tenemos  ni campos de trabajo, ni 'siniestros' barracones , ni mucho menos  duchas de gases venenosos .

Las mujeres (hasta los 65 años), los niños, los pobres (hasta los 65 años), los ricos ( bueno, esos no se yo…); los rojos y los azules (hasta 65 años); los creyentes, los agnósticos, los ateos (hasta los 65 años); los de la LGTBI (hasta los 65 años);los de cualquier raza (hasta los 65 años), etcétera. Todos ellos tienen asegurada la mejor asistencia posible.

¡Más, ay de los han cumplido los 65 años de edad! Ellos, enfermos en número superior a las posibilidades de las abarrotadas UCIs van a entrar en una evaluación bastante empírica en la que le asignarán un número (parecido, por cierto, a la estrella amarilla que aquellos desgraciados de Auschvichtz llevaban en la camisa) donde podrán '2 años, o 5 años y 6meses, o 15 años…'. Y ese número les va a señalar su 'futuro asistencial', vamos, el equivalente  a la alternativa entre los campos de trabajo, el camastro en el barracón… o, directamente, la ducha.

No es lícito señalar el futuro -como veíamos-, las posibilidades de un paciente por el sexo, la condición social, económica, sexual, religiosa, racial… ni cronológica.

Solo el médico, 'ese médico' enfrentado a una terrible decisión, puede asignar un tratamiento u otro: Ante su responsabilidad… y sus juramentos. Sin 'instrucciones' superiores, sin '”protocolos', sin 'sugerencias'… 

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